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Enrique VIla-Matas. Foto de J.P. Conde

Enrique Vila-Matas modifica los recuerdos a gusto del lector y también del oyente. Él es literatura. El concepto de “las letras” aplicado a su persona no se limita a las más de 40 obras que ha publicado. Atisba material narrativo en todo lo que le rodea. Él no miente, él inventa. Es la mejor forma de escapar, y hacernos escapar, de la vulgar realidad. Desde su primera novela, Mujer en el espejo contemplando el paisaje, ha ido buscando y perfeccionando su estilo, un rasgo que, en su opinión, es lo verdaderamente importante a la hora de valorar a un literato. Se inició en la escritura con el periodismo y la crítica cinematográfica e incluso dirigió dos cortometrajes. Acaba de recibir en Guadalajara (México) el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, conocido como “El Cervantes americano”. Vila-Matas nunca va al cine. O sí.

Me había citado en la librería +Bernat en Barcelona. Una de las estanterías contenía varios libros suyos y, junto a ellos, una noticia enmarcada sobre el reciente recibimiento del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances. En negrita se leía “¡Enhorabuena, Enrique Vila-Matas!”. Era sencillo intuir que es un cliente habitual. Nos sentamos en la mesa y me aclaró que ya no veía tanto cine como antes, que no estaba muy al día de las novedades. Empezó su relato. Cualquier aparte o pregunta de las que realicé durante la hora y media que compartirmos solo ensuciaría su historia. Déjense llevar. Enrique Vila-Matas comparte rasgos de personalidad con Ed Bloom, el personaje de Albert Finney en Big Fish. Uno nunca sabe si es del todo cierto lo que está relatando, pero qué más da. El tiempo pasa rápido a su lado y los recuerdos se amontonan entre el café y la grabadora.

(Presentación de la entrevista a Enrique Vila-Matas que podrán leer en el Nº1 de V.O.S. Revista)