Aleksandar Seksan e Izudin Bajrović en Death in Sarajevo (Danis Tanović, 2016)

Aleksandar Seksan e Izudin Bajrović en Death in Sarajevo (Danis Tanović, 2016)

En la quinta jornada de la Berlinale 2016, ya parece obvio que hay una temática recurrente en un puñado de producciones: la crisis de identidad europea y el fracaso del proyecto en común creado desde las esferas políticas más altas. En Death in Sarajevo (Danis Tanović, 2016) la conmemoración en el Hotel Europa del centenario del asesinato del Archiduque Francisco Fernando parece su salvación financiera por la reunión de una importante delegación diplomática. El seguimiento a los empleados y su director, como a todo lo que ocurre en el edificio revela una verdad incómoda como la falta de clientes y los problemas laborales que pueden llevar a su cierre. La organización coral se beneficia de un montaje alternando las tramas de distintos personajes con largos planos secuencia con steadicam que potencian la inmersión en la dinámica del hotel y la construcción de espacios sociales y conflictos que se engendran dentro y entre ellos. Su ambición de representar el gran rompecabezas global europeo desde comienzos del siglo XX y cómo los mismos errores se han repetido hasta nuestros días se compensa por la contención y un sentido didáctico bien entendido. La misma historia que fuera de la pantalla se idealiza o interpreta según las creencias e intenciones de cada uno y que en el hotel va acumulando elementos que independientemente no tienen ninguna consecuencia, pero que en su acumulación pueden provocar la tragedia.

Parece que exista una tendencia a rememorar hechos históricos relevantes con una conciencia de que su misma narración es importante por si misma sin atender a las formas. Alone in Berlin (Vincent Perez, 2016) es un nuevo ejemplo de drama de época que reivindica a personas reales cuyos actos se consideran muy inspiradores. El matrimonio alemán Anna y Otto Quangel decide pasar a la acción subversiva contra el régimen nazi tras perder a su hijo en la guerra abandonando dispersas en lugares de Berlin cartas con ataques directos a Hitler y su propaganda. Lo que podría ser un relato contundente sobre ciudadanos alemanes desengañados que encuentran la forma de expresarse de forma fascinante en un sistema totalitario, se convierte en un recalcitrante regodeo emocional carente de un mínimo desarrollo o caracterización de sus personajes principales en la que todo se supedita a justificar el avance de la trama sin tener en cuenta las motivaciones o la coherencia a nivel dramático. Mención aparte merece la arbitraria dirección de Vincente Perez y su irreflexivo uso de la cámara, que es capaz de darle cariz cómico a hechos graves y contundentes o alcanzar el sentido absolutamente contradictorio con lo mostrado y su perspectiva de la puesta en escena.

Daniel Brühl y Brendan Gleeson en Alone in Berlin (Vincent Perez, 2016)

Daniel Brühl y Brendan Gleeson en Alone in Berlin (Vincent Perez, 2016)

Los grandes cambios que están transformando China y llevándola a una nueva era a pasos agigantados son el principio de una crisis que impregna todos los aspectos de una sociedad en cambio constante. En Crosscurrent (Yang Chao, 2016) se aborda desde el recorrido por el río Yangtze de un carguero cuyo joven capitán se obsesiona por la búsqueda de un gran amor y con los poemas encontrados de un autor desconocido. A partir del imparable movimiento al que arrastra perpetuamente el río, una serie de imágenes de escalofriante belleza van abriendo paso al tiempo como causa y efecto de la metamorfosis del paisaje, de la destrucción del pasado para crear lo nuevo, del sacrificio de generaciones anteriores por un futuro mejor para las nuevas, de una fricción constante entre el legado y el progreso chinos. En el fondo se trata de propaganda, pero de una cargada de espiritualidad y transmitida desde lo poético para intentar abarcar el milagro de un país respondiendo a las necesidades de la planificación para cumplir el destino de grandeza impuesto por sus gobernantes.

Qin Hao en Crosscurrent (Yang Chao, 2016)

Qin Hao en Crosscurrent (Yang Chao, 2016)

La frontera que separa la ficción del cine documental es una imposible de delimitar. Precisamente esto es lo que aprovecha Kate Plays Christine (Robert Greene, 2016) para analizar el proceso de la actriz Kate Lyn Sheil al estudiar el personaje que debe interpretar en su próxima película: Christine Chubbuck, la joven presentadora de noticias que en 1974 decidió suicidarse en directo en una televisión local de Estados Unidos. Así comienza un juego de realidad y ficción que envuelve al espectador en una minuciosa investigación de carácter, motivaciones y pasado. La cada vez mayor mimetización de Kate con su personaje mientras interactúa con la gente de Sarasota, visita los lugares y conoce a algunos de los compañeros de trabajo en la emisora se manifiesta casi como una cortina de humo, una excusa para hablar de los efectos y las causas de la depresión, de qué lleva a alguien a querer suicidarse, de la visión morbosa de la realidad que se transmite en los medios de comunicación y el ansia inhumana por parte de todos de acceder a ella. Las dramatizaciones mostradas actúan además a modo de recreaciones que, a falta de imágenes de archivo y documentación más exhaustiva de la época, sirven para materializar ante el espectador una versión irreal pero auténtica de una mujer olvidada por la historia y los habitantes de su ciudad.

Kate Lyn Sheil en Kate Plays Christine (Robert Greene, 2016)

Kate Lyn Sheil en Kate Plays Christine (Robert Greene, 2016)

Y para terminar este quinto día, la proyección de Inertia (Idan Haguel, 2015). Con la llamativa premisa de una mujer que al despertar se encuentra con la desaparición de su marido, el director israelí plantea un misterio inicial que actúa como catalizador de la obsesión de la esposa por encontrarle sin cuestionarse siquiera sus verdaderos deseos. Unos deseos que se funden con la realidad que la rodea y lo onírico, en un intento de llevar el relato a la mezcla de comentario social y el drama romántico con la violencia doméstica y la opresión de la mujer dentro del matrimonio. Sin embargo, la torpe concepción de la intriga como engaño y la ocultación caprichosa de información al espectador resultan un tanto vergonzosas y hacen imposible aceptar la falta de reglas claramente definidas y la desganada resolución de un film que en su empeño de exhibir cierto nivel de ingenio, acaba demostrando más bien una obvia ineptitud.

Ilanit Ben Yaakov y Mohammad Bakri en Inertia (Idan Haguel, 2015)

Ilanit Ben Yaakov y Mohammad Bakri en Inertia (Idan Haguel, 2015)