Johnny Ortiz en Soy Nero (Rafi Pitts, 2016)

Johnny Ortiz en Soy Nero (Rafi Pitts, 2016)

Cruzando ya el ecuador del festival en esta sexta jornada se comenzó con la proyección de Soy Nero (Rafi Pitts, 2016). Estados Unidos, el país de las libertades y la oportunidad. El destino de muchos inmigrantes mexicanos que ven al otro lado de la frontera la posibilidad de un progreso que en el suyo está muy condicionado. En el caso de Nero, inspirado por la consecución del objetivo de su hermano mayor cruza la frontera con una fe ciega. A pesar de sus buenas intenciones en la exploración del racismo, la xenofobia y la marginación de la mayor potencia del planeta hacia cualquiera que no sea blanco y de origen pobre, Soy Nero se pierde al intentar abarcar todos los aspectos posibles del discurso planteado hasta llegar al verdadero origen de la existencia de la película sin satisfacer las exigencias temáticas de ninguno de ellos. Las tensiones con las fuerzas de seguridad, la fricción con la población americana más conservadora y el trucar los caminos por alcanzar una aparente posición dentro de una sociedad que les rechaza son algunas de esas digresiones en las que entra y no desarrolla más que de forma simple.

En los años veinte el editor que descubrió al mundo a Hemingway y Scott Fitzgerald topa con un inmenso manuscrito de un tal Thomas Wolfe. Genius (Michael Grandage, 2016) usa la relación entre este icónico escritor con Max Perkins para hablar de la simbiótica relación que se crea en el proceso creativo de la publicación de una novela entre el autor y quien le ayuda a transformar su obra en un libro que vender al público. Relación no carente de conflictos entre la propia concepción de Wolfe de una incontenible verborrea y la necesidad de Perkins de recortar, condensar y precisar sus ideas en el menor espacio posible. Una propuesta humilde y de tono ligero que resulta lo suficientemente divertida y conmovedora en el homenaje a esa colaboración de naturaleza indudablemente artística que se crea entre un escritor y su editor (interpretados por unos espléndidos Jude Law y Colin Firth), las dinámicas que se generan entre ellos cambiando también su manera de percibir cómo debe ser no sólo la literatura sino también su concepción del mundo y la conexión tanto intelectual como personal que acaba emergiendo.

Colin Firth y Jude Law en Genius (Michael Grandage, 2016)

Colin Firth y Jude Law en Genius (Michael Grandage, 2016)

La proyección más gamberra y ecléctica del día fue Chi-Raq (Spike Lee, 2015), adaptación musical de la obra Lisístrata de Aristófanes ambientada en el Chicago actual con el trasfondo de la violencia de las bandas callejeras y la cultura del hip-hop. La muerte de una niña por un disparo de pistola desata la furia de la comunidad y las mujeres deciden comenzar una huelga sexual hasta que no se consiga el final de la violencia. “No peace, no pussy” es el desafiante lema que afectará radicalmente a los responsables en todos los ámbitos de esas cientos de muertes que se producen al año en la ciudad por disparos de armas, desde instituciones a criminales, pasando por políticos o propietarios de clubs de striptease. La influencia musical está presente casi todo el tiempo, pero no sólo como canciones a modo de banda sonora extradiegética o también cantadas por el reparto, sino en la escritura de gran parte de unos diálogos creados con la musicalidad y rima como objetivo. Spike Lee confiere de una gran energía a la narración durante todo su metraje, en un audaz ejercicio de sátira certera y muy divertida desde el empoderamiento de la mujer, que no se compromete nunca y se declara abiertamente activista desde el primer momento. En el proceso no sólo toca el ciclo de la violencia dentro de la comunidad afroamericana, sino también en el racismo en las instituciones y en un legado cultural todavía sin superar.

Teyonah Parris en Chi-Raq (Spike Lee, 2015)

Teyonah Parris en Chi-Raq (Spike Lee, 2015)

El sentimiento de desorientación de la juventud actual es la idea que se percibe casi todo el tiempo en Baden Baden (Rachel Lang, 2016). La protagonista Ana pierde su empleo y decide volver a casa de su abuela en Estrasburgo, ciudad en la que se encontrará con los lazos familiares, amistosos y sentimentales del pasado. Dentro de la continua búsqueda de un sitio en el mundo, de aspiraciones profesionales y personales y de si misma, Lang demuestra en el retrato de lo cotidiano una extraordinaria habilidad para capturar esos momentos sutilmente ridículos que están presentes en todo tipo de situaciones. Esa fina capa de humor lo impregna todo y ayuda a rebajar la gravedad de la situación de una joven que se involucra en vínculos y proyectos sin futuro con tal de llenar una existencia a la que no es capaz de darle sentido como adulta. La misma reforma del baño de su abuela toma dimensiones de obra faraónica y en ese espacio reducido se expresa muy bien el sentido visual, el manejo del tono y la dirección de actores a lo largo de la ópera prima de una directora que habrá que seguir de cerca en futuras hipotéticas incursiones de su filmografía.

Salomé Richard en Baden Baden (Rachel Lang, 2016)

Salomé Richard en Baden Baden (Rachel Lang, 2016)

Y para acabar el día, una cinta de terror psicológico que inevitablemente evoca a Polanski (Rosemary’s Baby, 1968) en su premisa de utilizar el embarazo como la base de los miedos de sus protagonistas y elemento narrativo para sugerir el horror en el espectador. En Shelley (Ali Abbasi, 2016) la empleada del hogar de una pareja danesa retirada en el campo acepta ser la madre subrogada del bebé de sus empleadores. Lo opresivo del entorno, las extrañas costumbres de sus jefes y la situación de aislamiento causan en ella una reacción exagerada durante su gestación y de la que no conoce su naturaleza. Un desastroso uso arbitrario del punto de vista y la inconsistencia en el desarrollo del relato, unidos a la utilización de recursos efectistas como transiciones de planos con efectos de sonido exagerados y la amplificación el volumen de la música para forzar una respuesta inquietante en el espectador sin ninguna justificación dramática son algunos de los principales defectos de un film alienante en su conjunto.

Cosmina Stratan en Shelley (Ali Abbasi, 2016)

Cosmina Stratan en Shelley (Ali Abbasi, 2016)