Zero Days (Alex Gibney, 2016)

Zero Days (Alex Gibney, 2016)

Entrando ya en le tramo final de la Berlinale, la séptima jornada comenzó con el segundo documental en competición, Zero Days (Alex Gibney, 2016). Del infame ataque masivo que tuvo lugar en internet en junio de 2010 por parte del malware denominado Stuxnet se supone responsable el gobierno de Estados Unidos junto con el de Israel en su escalada contra la proliferación nuclear iraní. Años después los gobiernos siguen negando cualquier responsabilidad y Gibney utiliza multitud de entrevistas a miembros de los servicios de inteligencia, responsables de empresas de seguridad, periodistas y expertos para mirar en retrospectiva tanto la política exterior estadounidense respecto a Irán como las conclusiones técnicas del estudio del software malicioso, creando así una perspectiva global y minuciosa pero siempre didáctica que se aproxima a todas las ramificaciones de esa desmostración obscena de poder en la era de la guerra digital que ha inaugurado. Con un montaje ágil que equilibra su contenido denso, creando diálogos entre los propios sujetos entrevistados o contrastes de sus declaraciones, material de archivo y las reflexiones profundamente documentadas del director, la refinada estructura del film va de lo aparente y obvio a lo más sutil y tétrico de un mundo que no estaba preparado para estar conectado.

Los valores y normas sociales tradicionales se tienen por un lastre para la libertad individual y en The Commune (Thomas Vinterberg, 2016) se cuenta cómo una familia forma una comuna en los años setenta como resultado del aburrimiento existencial y la falta de progresión del matrimonio. Lo que parece una aventura loca y divertida saca a la luz las hipocresías y los intereses personales de sus miembros. Una huida de los convencionalismos que se quiere reivindicar como inconformismo, pero esconde una insatisfacción y falta de comprensión y amor por parte de los demás y no tanto intenciones de revelarse. Con un brillante aporte de humor negro sostenido desde el subtexto y desarrollada a partir de la subversión del cliché del amor libre en un triángulo amoroso, The Commune analiza el condicionamiento de la gente corriente y su falta de disposición real para deshacerse de los lazos y los límites inculcados por la sociedad. Unos límites que permiten vivir cómodamente y perpetuar comportamientos egoístas, además de tener presentes unas directrices generales con las que saber qué esperar de los demás y orientarse en la reacción que se espera de uno mismo.

The Commune (Thomas Vinterberg, 2016)

The Commune (Thomas Vinterberg, 2016)

News from Planet Mars (Dominik Moll, 2016) no es “la comedia francesa del año” (sic) y no porque no lo intente, sino más bien porque lo intenta demasiado. Un padre divorciado, obrero silencioso que no mueve un dedo por miedo al cambio y las consecuencias de ser responsable de sus actos se ve envuelto en una espiral de caos que surge a su alrededor a través de un peculiar compañero del trabajo y el despertar sexual y la rebelión intelectual de sus hijos. No es problema de la falta de un desarrollo estimulante, ni de que su humor sea repetitivo o sus personajes irritantes, además de subrayar hasta la extenuación su mensaje de que es necesario arriesgarse para dar la cara por lo que a uno le importa a través de diálogos expositivos, símbolos y gags. Más bien es una cuestión de que todo esto ocurre a la vez y de manera constante, configurando una película en la que los personajes llevados al extremo toman decisiones narrativamente inconexas en pos del chascarrillo y minimizando así el posible efecto dramático del aspecto más emocional y el trasfondo reflexivo del que intenta dotar al conjunto.

François Damiens y Veerle Baetens en News from Planet Mars (Dominik Moll, 2016)

François Damiens y Veerle Baetens en News from Planet Mars (Dominik Moll, 2016)

La percepción subjetiva del arte y cualquier valor que contenga una obra es un concepto que para muchos resulta difícil de comprender. En el documental The Audition (Till Harms, 2016) las pruebas de admisión de la escuela de arte dramático de Hannover sirven para abordar esa idea siguiendo el punto de vista de los profesores durante el proceso de selección de los únicos diez afortunados en cumplir sus criterios cada año para recibir formación. El talento innato de los aspirantes, sus virtudes y defectos son expuestos en varias fases en las que se les hace interactuar en el escenario con objetos y otros actores, mientas reciben instrucciones para desafiar su capacidad de improvisación. ¿Son aceptados de la mayor talento, los que tienen más potencial, aquellos con la aptitud necesaria para absorber las enseñanzas o una mezcla diversa de todo lo anterior? La mirada de la cámara se fija en quienes deciden su futuro, extrayendo de ellos mucha más información sobre su personalidad y gustos de lo que podría esperarse simplemente por los rasgos, matices y recursos que destacan en los futuros estudiantes y las discusiones que mantienen entre ellos para llegar a una decisión de consenso que parece imposible e injusta sea cual sea el resultado.

The Audition (Till Harms, 2016)

The Audition (Till Harms, 2016)

Durante la presentación de la proyección de la última película del día, el director de Aquí no ha pasado nada (Alejandro Fernández Almendras, 2016) decía que el cine para él es proponer preguntas de las que no sabe las respuestas y que esperaba que algunas se las dieran quizá los espectadores tras su visionado. A partir de un caso real sucedido en Chile, su cinta cuenta como un joven es acusado de atropellar a un hombre que resultó muerto durante una noche de fiesta. Jugando con la corrupción del sistema judicial y los privilegios de las familias de estratos altos para manipular a su antojo, plantea un estudio moral sobre la responsabilidad mientras desenvuelve el misterio de la investigación judicial. Y se queda en eso. Ni aprovecha la falsa acusación para enfrentar al personaje a ningún tipo de ambigüedad sobre su papel en la muerte de la víctima ni tampoco elabora un discurso sobre el uso de la influencia para plegar las reglas del estado a los deseos de los poderosos. Plantear preguntas entra dentro de la naturaleza del arte y el cine, pero para hacerlas es necesario dar contexto, confrontar posiciones que muevan un discurso aunque sea ambiguo y que los personajes sean más que marionetas sin ningún tipo de caracterización. Elementos todos ellos ausentes. Aquí no ha pasado nada.

Agustín Silva y Luis Gnecco en Aquí no ha pasado nada (Alejandro Fernández Almendras, 2016)

Agustín Silva y Luis Gnecco en Aquí no ha pasado nada (Alejandro Fernández Almendras, 2016)