A Lullaby to the Sorrowful Mystery (Lav Diaz, 2016)

A Lullaby to the Sorrowful Mystery (Lav Diaz, 2016)

Muchas expectación existía ante la proyección del comienzo del octavo día de A Lullaby to the Sorrowful Mystery (Lav Diaz, 2016) tanto por su director y también por la significativa duración de este ubermetraje de ocho horas. Situada en el contexto histórico de la revolución filipina contra la ocupación colonial española, Diaz explora el mito de uno de sus principales precursores (Andrés Bonifacio y de Castro) a través de distintos personajes con relaciones distintas respecto al estado de opresión de Filipinas, el significado de la revuelta, las consecuencias de la violencia sobre el pueblo y la responsabilidad de cada uno en el proceso. Así el film funciona en planteamiento a todos los niveles posibles, añadiendo además personajes y situaciones simbólicas que aparecen durante largas conversaciones rodadas en extensos planos fijos. A partir del uso de gran contraste en la fotografía en blanco y negro, el empleo de la luz con influencias expresionistas da como resultado planos de gran fuerza estética. Algo que desde el punto de vista cinematográfico es lo más destacable de su puesta en escena.

Pero lo que comienza de forma prometedora durante sus primeras dos horas, acaba desarrollándose de manera reiterativa y dispersa, recorriendo en círculos una y otra vez los mismos argumentos. Mención aparte merecen los dos únicos actores españoles con diálogo de la cinta, cuyos personajes parece salidos de finales del siglo XX y llevan a cabo las peores interpretaciones que se han podido ver este año en Berlín. Con todo, reconocimiento que algunas secuencias y momentos y su tramo inicial contienen elementos de gran interés visual, narrativo y dramático, en conjunto sufre de un importante síndrome de digresión, de una falta de concreción que asumiendo ser parte del estilo de su autor no por ella deja menos patente la necesidad de concisión a través del montaje y la reordenación de sus componentes internos en favor de una mayor elocuencia. A veces menos es más.

Clémence Poésy en The Ones Below (David Farr, 2015)

Clémence Poésy en The Ones Below (David Farr, 2015)

El otro pase de este escueto pero largo día recupera el concepto de thriller psicológico de vecinos con malas intenciones. A modo de family invasion, The Ones Below (David Farr, 2015) pone a un joven matrimonio que espera un hijo en contacto con los habitantes del piso de abajo de la casa a la que se han mudado. Pronto descubren que ellos también tienen a un bebé en camino y en su relación comienzan las fricciones. Las distintas aproximaciones de afrontar la vida y la maternidad combinados con el miedo a perder el control se verán expuestos cuando ocurre un terrible accidente que define la dinámica entre ellos decisivamente. Las sospechas de motivos ocultos, el temor a la venganza, la obsesión con la maternidad y la universal desconfianza en el otro de las ciudades modernas moldean la base de una ópera prima con importantes problemas de tono. Problemas que destruyen las posibilidades de considerar en serio el relato y, junto a la mala dirección de actores, lo siembra de réplicas sobredimensionadas e instantes grotescos, que eliminan la credibilidad de cualquier sorpresa y derrumban el suspense. Un suspense que su director y guionista cree elaborado de manera astuta, pero acaba resolviéndose con recursos obvios y torpes.