Magdalena Cielecka, Marta Nieradkiewicz y Julia Kijowska en United States of Love (Tomasz Wasilewski, 2016)

Magdalena Cielecka, Marta Nieradkiewicz y Julia Kijowska en United States of Love (Tomasz Wasilewski, 2016)

La novena jornada y la última con nuevas producciones en competición comenzó con United States of Love (Tomasz Wasilewski, 2016). Ambientada a comienzo de los años noventa tras la caída del comunismo en Polonia, utiliza las historias de cuatro mujeres de una pequeña ciudad para presentar la transición que experimenta la sociedad polaca a partir de sus deseos reprimidos y frustraciones. Con una fotografía de colores desaturados, aprovecha los entornos abiertos como los cerrados en los que transcurre la mayor parte de la acción y captura en ellos de forma cruda los anhelos de libertad, sexo y amor en un contexto de gran influencia de la Iglesia Católica. Todo con una narración visual que se toma distancias, observando sin juzgar a sus personajes centrales y manejando de forma excelente la representación de los cuerpos femeninos según las circunstancias y durante la toma de control de su sexualidad en una cinta que tiene mucho de denuncia de la opresión concreta que sufre la mujer aún cómo supuestas ciudadanas libres de una nueva democracia.

Podría parecer que ciertos modelos de masculinidad tienen tendencia a desaparecer en nuestros días, pero de alguna manera Saint Amour (Gustave Kervern & Benoît Delépine, 2016) parece reivindicar la figura del macho rural. Un macho para el que las mujeres están o deben estar a su disposición como si de unos sementales de raza se trataran, para no perder la especie y satisfacer sus ansias de todo tipo. Aquí un padre orgulloso granjero y un hijo desencantado hacen un viaje en carretera recorriendo los viñedos de varias regiones con el objetivo de reafirmar su modo de vida. Su humor, bruto y directo, resulta pronto repetitivo y rancio. En conjunto se percibe como una serie de gags inconexos, diseñados para avanzar en el viaje mientras suceden todo tipo de situaciones imprevistas e improbables que tienen en común mayoritariamente la explotación de la mujer como objeto sexual y la exhibición de su necesidad imponderable de los hombres. Así nos encontramos ante una propuesta que parece sacada de otra época y no en el buen sentido precisamente.

Gérard Depardieu y Benoît Poelvoorde en Saint Amour (Gustave Kervern & Benoît Delépine, 2016)

Gérard Depardieu y Benoît Poelvoorde en Saint Amour (Gustave Kervern & Benoît Delépine, 2016)

En A Dragon Arrives! (Mani Haghighi, 2016) su director mezcla los extraños símbolos y escritos del asesino del primer ministro iraní en 1965 con los temblores que ocurren siempre que se entierra a alguien en un cementerio y crea una nueva versión de la realidad ficcionada envolviéndolo con elementos de formato documental. Sin embargo, las distintas capas del relato parecen no llegar a conectar en ningún momento, en un ejercicio de metaficción o metarealidad que prioriza la forma sobre lo que está contando, con una estructura que desde luego no ayuda a alguien ajeno a entender el sentido de la presencia de las partes por separado. La historia ficcionada muestra influencias del film noir y el envoltorio documental más que aportar verosimilitud provoca una artificiosidad de disimulada obviedad que no mantiene la consistencia de su forzado ejercicio de estilo.

Amir Jadidi y Nader Fallah en A Dragon Arrives! (Mani Haghighi, 2016)

Amir Jadidi y Nader Fallah en A Dragon Arrives! (Mani Haghighi, 2016)

Y el noveno día acabó con la proyección del ganador del Premio Teddy Especial del Jurado Nunca vas a estar solo (Alex Anwandter, 2016). Un adolescente recibe una paliza que lo deja al borde la muerte y su padre quedará conmocionado al perseguir la condena de los responsables y asumir los gastos médicos elevadísimos mientras su negocio atraviesa momentos difíciles. Una producción sencilla que encuentra en su protagonista (Sergio Hernández) casi toda su razón de ser, al poseer a su alcance pocos elementos con los que poder elaborar su discurso más allá del sufrimiento que provoca el odio y la violencia derivados de la homofobia que está infiltrada en todos los ámbitos de la sociedad. La progresión de la frustración del padre se resuelve de forma atropellada y aprovechando recursos de guión que, dentro de los límites de la realidad que referencia, parecen sacados de otros géneros más cercanos al thriller. Algo que hace tambalear el gran trabajo de definición creíble del tono emocional y resta credibilidad a su desarrollo de personajes.

Andrew Bargsted y Gabriela Hernández en Nunca vas a estar solo (Alex Anwandter, 2016)

Andrew Bargsted y Gabriela Hernández en Nunca vas a estar solo (Alex Anwandter, 2016)