Sverrir Gudnason y Karin Franz Körlof en <em>A Serious Game</em> (Pernilla August, 2016)

Sverrir Gudnason y Karin Franz Körlof en A Serious Game (Pernilla August, 2016)

Para poner final a las crónicas de esta 66ª edición del Festival Internacional de Cine de Berlín, la última jornada comenzó con A Serious Game (Pernilla August, 2016). Ambientada a comienzos del siglo XX en Estocolmo, cuenta cómo se conocen la hija de un pintor y un joven periodista, entre los que surge una atracción instantánea. Con una sobria puesta en escena y un uso de la cámara que tiende a lo naturalista, A Serious Game se configura como una gran historia de amor en la que las convenciones sociales impiden constantemente a la pareja estar juntos definitivamente. Matrimonios, infidelidades, relaciones interesadas, todo ocurre con el paso del tiempo marcado por el uso de elipsis que otorga a gran parte de su metraje una ligereza que compensa el tono grave de sus acontecimientos. Lástima que potenciando cada vez más su lado folletinesco, la película acaba por perderse en una sucesión de giros efectistas y deja de lado la opresión de las normas de una sociedad que no concibe el matrimonio como una expresión romántica, sino como una transacción.

Las ficciones de paso a la madurez y pérdida de la inocencia son siempre la base de evocadores relatos con los que conectar de forma universal. En Mellow Mud (Renārs Vimba, 2016) se aborda el tema a partir de la joven Raya y la muerte imprevista de su abuela. Sola con su hermano intenta que pase desapercibido el hecho de que están viviendo sin la supervisión de un adulto y pronto las cosas van complicándose. Lo cierto es que aparte de una protagonista con una personalidad magnética en pantalla, interpretada por Elina Vaska, poco hay de novedoso o interesante en su desarrollo, una sucesión de clichés que dejan poco espacio a una perspectiva estimulante construida sobre su premisa. La turbulenta relación con un profesor, la difícil dinámica que se genera con su hermano, la madre ausente, las triquiñuelas para que nadie sepa su actual situación, dejan una sucesión de momentos con algún destello de autenticidad y una bella fotografía que no son suficientes.

Elina Vaska en <em>Mellow Mud</em> (Renārs Vimba, 2016)

Elina Vaska en Mellow Mud (Renārs Vimba, 2016)

Imágenes de edificios abandonados en los que la naturaleza reivindica su presencia con el paso del tiempo, apropiándose de nuevo de espacios arrebatados a su voluntad. Construcciones desoladas, dejadas a los efectos del clima y sin rastro humano. La mirada de Homo Sapiens (Nikolaus Geyrhalter, 2016) se fija en lugares en los que nuestra presencia ya no es bienvenida, carentes ya de toda habitabilidad. Sus sonidos son los del viento y los animales que vuelven a ocuparlos en nuestro lugar. Sonidos que convierten Homo Sapiens en una corriente de conciencia que conecta imágenes y paisajes inhóspitos. No sin dejar de lado la magnificencia en su horrible lirismo de lo representado visualmente. Toda una experiencia sensorial que sirve a modo de estudio y demostración de la insignificancia de nuestros logros como civilización y que pone de relieve el aspecto intrascendente de nuestra huella en el mundo.

<em>Homo Sapiens</em> (Nikolaus Geyrhalter, 2016)

Homo Sapiens (Nikolaus Geyrhalter, 2016)

Los preparativos para el cambio de soberanía de Hong Kong en 1997 son el escenario en el que Triviṣa (Vicky Wong & Jevons Au & Frank Hui, 2016) transcurre, siguiendo a tres gánsters y su obligada adaptación a los nuevos tiempos en los que traficar con aparatos electrónicos es mucho más rentable y menos peligroso que los delitos tradicionales del crimen organizado. La compleja situación política se traslada argumentalmente a una serie de intrigas, motivaciones ocultas y juego de lealtades que desatarán caóticas e imprevistas consecuencias. Sin embargo, de poco le sirve esta recargada narrativa, que afecta muy negativamente a su conjunto, en una progresión de violencia aleatoria en la que poco importa que muera nadie. Además, la carencia de justificación de los actos de los personajes en demasiados ocasiones y su exasperante energía acaban por alienar al espectador más que sorprender, afectando muy negativamente a la tensión dramática de la acción.

Jordan Chan y Vincent Wan Yeung Ming en <em>Triviṣa</em> (Vicky Wong & Jevons Au & Frank Hui, 2016)

Jordan Chan y Vincent Wan Yeung Ming en Triviṣa (Vicky Wong & Jevons Au & Frank Hui, 2016)

Y para terminar esta Berlinale 2016, el documental sobre las corrientes migratorias africanas Those Who Jump (Abou Bakar Sidibé & Estephan Wagner & Moritz Siebert, 2016) y más específicamente sobre aquellos que intentan cruzar las tres vallas que separan Marruecos de España para llegar a Europa y arañar la más mínima posibilidad de progreso que esto les pueda ofrecer. Lo más destacable de esta producción es que está realizada grabándose desde el punto de vista de uno de ellos, retratando así sus vicisitudes para alcanzar su objetivo, las amistades y enemistades que se forman entre ellos desde lo más cercano posible y las condiciones infrahumanas de su viaje. Aunque en verdad esto le otorga cierto valor, no deja de ser un mero videodiario que en ningún momento va más allá para explorar en profundidad las ramificaciones de la situación y que se estanca, quizá de forma lógica, en la obsesión de la llegada y la maquinación de planes para saltar un obstáculo que puede acabar con sus vidas.

<em>Those Who Jump</em> (Abou Bakar Sidibé & Estephan Wagner & Moritz Siebert, 2016)

Those Who Jump (Abou Bakar Sidibé & Estephan Wagner & Moritz Siebert, 2016)