Julieta

Julieta

En una de las primeras imágenes de Julieta vemos una foto de familia rota en varios pedazos. Nada sabemos de los motivos que llevaron a su protagonista a destrozar así ese recuerdo, nada tampoco de quienes son las dos mujeres que, intuimos, se abrazan en él. Precisamente el camino de Julieta, de la película y del personaje, será reconstruir esa imagen quebrada, uniendo todos los fragmentos que la componen, poniendo en su lugar cada pieza del puzzle. Volver a rehacer la fotografía será, para nuestra heroína, como rehacerse a sí misma y, quizás, sólo quizás, conseguir hacer lo mismo con una relación perdida.

Julieta, digámoslo ya, nos parece uno de los dramas más contenidos y austeros del director manchego, el menos barroco. ¿Quién es su protagonista? Sería difícil de decir: quizás la muerte. Sí, la muerte es un personaje en nuestra competidora por la Palma de Oro, la muerte que separa personajes pero que también los une, la muerte como único elemento constante de la vida. “Hablo de la muerte porque tengo mucho miedo a morir” nos acaba de decir Almodóvar en una entrevista que podréis leer en breve en esta misma revista. No lo dudamos pero resulta alentador observar que, en su cine, siempre hay una reacción ante esto: superar el miedo creando, superar el miedo follando, acción y reacción.

O quizás no sea la muerte la protagonista, quizás lo sea el silencio, ese primer título que Almodóvar escogió para su película. El silencio de las cosas que nunca nos decimos, que nunca nos diremos. Sí, creemos que bajo la aparente sencillez de la superficie de Julieta pasan muchas cosas, quizás suficientes para conseguir una Palma de Oro, quizás no… pero lo que sí tenemos claro es que Almodóvar ha vuelto, tal vez nunca se había ido.

Martín Cuesta

Personal Shopper

Personal Shopper

Los fantasmas existen. Al igual que Crimson Peak (Guillermo del Toro, 2015), esta es la idea con la que Personal Shopper (Olivier Assayas, 2016) comienza, con el personaje de Kristen Stewart esperando una señal de su hermano muerto desde el más allá. Maureen es una personal shopper, encargada de realizar elecciones y compras de vestuario según los gustos y necesidades de sus clientes. Su vida transcurre así entre su incapacidad para superar la muerte de su mellizo y una profesión en la que su único objetivo es satisfacer las necesidades de los demás. A partir de estas dos facetas se desarrolla una historia de terror con elementos sobrenaturales desde un realismo posmoderno que deriva de los sutil a lo más explícito, mientras mantiene siempre el misterio de la naturaleza de las presencias que capta su personaje central. Todo con una estructura que provoca cierta falta aparente de cohesión global en una producción que deconstruye los fundamentos de nuestra necesidad de comunicarnos y los impedimentos que encontramos tanto en el mundo actual como en nosotros mismos.

Assayas exhibe en la película todo tipo de formas de comunicación usadas entre los personajes, desde la escritura a los mensajes de texto, pasando por el Skype, los golpes o las llamadas telefónicas. Pero también la pintura, el mismo cine o la moda como formas de expresión igual de válidas. Ingredientes que configuran un relato gótico en el que se muestra la alienación del individuo en nuestra sociedad en oposición a la capacidad infinita de comunicación de la que disponemos. Una alienación que provoca que muchas de nuestras relaciones sociales se basen en interacciones virtuales, en la distancia, de forma asíncrona, mantenidas por canales de comunicación que podrían pertenecer a otra realidad sin darnos cuenta. Con la deducción implícita de que a partir de esa no presencia hacia los demás y viceversa uno mismo puede convertirse en un espectro, un individuo que parece no pertenecer a ninguna vida.

Cierto componente metanarrativo contagia además su propuesta, al realizar una clara analogía entre las avanzadas técnicas que usaban los espiritistas para tratar de comunicarse con el más allá, con los cambios que el mismo cine ha experimentado a través del tiempo incorporando nuevas tecnologías como recursos narrativos o visuales. Por ejemplo, la presencia clave durante largas secuencias de la pantalla de un teléfono móvil con mensajes que interactúan con la protagonistas o los videos de internet que visualiza para documentarse sobre su obsesión sobrenatural, que alcanzan en algunos momentos el mismo marco narrativo en el que están integrados, formando parte del metraje de la cinta. Una sugerencia de que quizá todos los espectadores son ya seres espectrales con los que para comunicarse es necesario utilizar innovadoras estrategias e imágenes que capturen su atención y con las que hacer llegar su propósito.

Por Ramón Rey

Hell or High Water

Hell or High Water

Uno de los elementos fundamentales del western es el escenario en el que transcurren sus historias. La emblemática frontera como símbolo de la lucha del hombre civilizado contra los elementos y los salvajes mientras intenta asentarse en un terreno desconocido en el que muchos no dudan en explotar a los más débiles en su beneficio. Hell or High Water (David Mackenzie, 2016) traslada estas ideas al contexto actual de unos Estados Unidos que intenta sobreponerse a la crisis financiera. Un padre divorciado y su hermano exconvicto deciden realizar una serie de robos a bancos para recuperar la granja familiar y garantizar un futuro a sus descendientes. Todo por una cláusula contractual que básicamente obliga a hacer pagos aunque no se tenga recursos para ello, dando a los bancos la responsabilidad de hacerse responsable de ellos con la misma propiedad como garantía.

Es evidente que la ambientación de este film no es caprichosa y la premisa responde a uno de los arquetipos clásicos del género, la del colono que tiene que hacer cualquier cosa para mantener su tierra. Aquí no es un malvado y reconocible villano vestido de negro que mastica tabaco y utiliza la fuerza para coaccionar ayudado por sus secuaces. No, simplemente una empresa privada que explota las injusticias del sistema para sacar beneficio de cualquier situación posible, al margen de las consecuencias para sus propios clientes. Tanner y Toby emprenden esta venganza de marcado carácter irónico, robando dinero al mismo banco al que van a pagarle. Lo llevan a cabo mientras los sarcásticos diálogos dejan entrever un trasfondo amplísimo de encuentros y desencuentros entre ellos y sus esfuerzos anteriores por salir adelante luchando contra los desequilibrios ineludibles para las clases menos privilegiadas. Una dinámica que compone la base de la película, mientras se siguen sus atracos y huida de las autoridades.

Mackenzie insufla a la cinta de una energía extraordinaria, con una narración frenética pero bien calculada que combina acción, momentos reflexivos y humor sin perder nunca el sentido extremadamente lúdico de su propuesta, que asimila recursos del thriller y el cine policiaco. Además de adaptar el western a un relato contemporáneo que retrata personajes creíbles de nuestro tiempo, con motivaciones con las que es fácil empatizar sin justificar del todo sus acciones. Una ambigüedad moral que le otorga legitimidad a un discurso bien desarrollado dentro de los parámetros definidos y potencia su faceta dramática tan basada en sus personajes protagonistas y el destino trágico que les acecha en cualquier esquina o giro en la carretera. Carreteras que transitan un paisaje extraño, que es ahora el de una civilización en decadencia en la que el saqueo y la destrucción responden a los intereses de unos conquistadores invisibles que ya lo poseen todo.

Por Ramón Rey.