Aquarius

Aquarius

I.

En la mitología griega se cuenta la historia de Circe, una hechicera e hija de dioses que habitaba la isla de Eea, en las costas del Mar Mediterráneo. Allí, a su isla, llegó el viajero Ulises, en su largo camino de vuelta a Ítaca, tras conquistar Troya y sufrir la ira de los dioses. Nuestro Odiseo encontró tal acomodo en el seno de Circe que acabó pasando un año junto a ella, sin ser consciente del tiempo transcurrido, olvidándose (o casi) de la fiel Penélope y del regreso a su hogar.

II.

Ayer asistimos, ya superada la mitad del Festival, a la proyección de Aquarius, la segunda película del director brasileño Kleber Mendonça Filho, una nueva muestra de lo que podríamos llamar cine social en este, paradójicamente, poco proletario festival. He dicho una nueva muestra y quizás el término no sea el más adecuado, podría dar la impresión que Aquarius no se diferencia en nada de lo que nos han ofrecido Ken Loach o los hermanos Dardenne en sus respectivas propuestas y sí, se diferencia, en realidad se diferencia mucho.

III.

Aquarius presenta, tras un breve prólogo situado en 1980 y que nos ayuda a conocer el pasado de los personajes que la protagonizan, la lucha de una mujer, libre y valiente, por mantener el hogar familiar frente a las presiones de una empresa constructora con un modus operandi escasamente legal. Pero Mendonça no se queda en la denuncia aislada y maniquea, también juega con las formas de los edificios (actores principales del drama), retrata espacios con unos vigorosos zooms in y out, asimila el retrato de lo pequeño y lo extrapola para describir a una sociedad brasileña en plena mutación de valores y objetivos.

IV.

Pero todo queda parado, todo se detiene, cuando Sonia Braga aparece en pantalla. La brasileña conmueve y divierte con un gesto, con una mirada, con la enorme fuerza de su interior. Circe vive en Brasil, en las playas de Recife, Sonia Braga es Circe.

Martín Cuesta.

<em><strong>Ma' Rosa</strong></em>

Ma’ Rosa

El thriller como género se asocia casi automáticamente a unos determinados patrones narrativos establecidos, alejados en mayor o menor medida de la intención de otorgar realismo a sus historias. Por lo tanto, puede verse como una contradicción que en Ma‘ Rosa (Brillante Mendoza, 2016) el director filipino haya decidido utilizar su habitual trasfondo de drama social con el añadido de elementos clásicos del suspense, adaptados a la realidad de su país. Rosa, madre de cuatro hijos y responsable de una tienda de un barrio pobre de la ciudad de Manila, se dedica a trapichear con droga. Una actividad delictiva que la lleva, junto a su marido, a ser detenida por la policía. Esto sirve de arranque a una carrera contrarreloj para conseguir el dinero suficiente para liberarse de las corruptas fuerzas del orden.

Cada uno de los cuatro hijos de Rosa intenta ayudar a obtener los fondos necesarios para liberarla proponiendo distintas opciones: vender su casa, un televisor, pedir dinero prestado a familiares o ayuda de la comunidad. Todas con distintas ramificaciones morales que ayudan a describir el tipo de mundo en el que viven sus protagonistas. Es la suerte de estar en círculos sociales en los que todavía se entiende el sentido de la solidaridad por la simple empatía a pesar de las diferencias, por entender que mañana ellos pueden ser los siguientes, lo que puede hacer que su búsqueda sea exitosa. Con una aproximación visual directa que sumerge al espectador en los ambientes de las calles y las conversaciones de los personajes que se encuentran, Ma’ Rosa logra distanciarse del melodrama elevándose sobre los tics obligatorios en lo formal y narrativo de su autor. Siguen presentes los innecesarios y contradictorios subrayados musicales o los primeros planos buscando conmover en situaciones ya de por si desbordantes de emotividad y la carencia de matices de sus personajes, presentados desde una simpleza y condescendencia extremos.

La sutileza parece no formar parte del vocabulario de Mendoza, pero en este caso la confrontación directa de unos ciudadanos capaces de cualquier cosa para sobrevivir con los agentes de la ley crea un escenario perfecto para deslizar su discurso sin que resulte excesivamente estridente. ¿Qué clase de futuro puede tener la población mas desfavorecida cuando las actividades ilegales parecen ser la única forma de progresar? La falta de honestidad en la aplicación de las normas hace que sea fácil desprenderse de cualquier confianza en las instituciones y sus representantes, dejando un horizonte desesperanzador. En este contexto en el que únicamente se vislumbra miseria, aprovecharse de los demás se convierte en una forma de vida y manifestación de la opresión que recibe el mismo pueblo desde las esferas de poder.

Por Ramón Rey.

<em><strong>La fille inconnue</strong></em>

La fille inconnue

Hasta hace poco tiempo resultaría una provocación poner en duda el principio de solidaridad de la sociedad europea occidental en la que vivimos. Sim embargo, la realidad y la política suelen ayudar a estropear fácilmente cualquier visión idealista que poseamos con anterioridad. En una Europa que ha corrompido todas las bases humanistas sobre las que se cimentaba en la teoría, La fille inconnue (Jean-Pierre & Luc Dardenne, 2016) se atreve a proponer un estudio sobre la responsabilidad del individuo a través de la joven doctora Jenny, cuya inacción tiene indirectamente como efecto la muerte de una joven desconocida de origen africano, al no contestar su llamada en la consulta pasadas las horas de atención establecidas. La obsesión por la culpa del personaje de Adèle Haenel le llevará a cuestionarse la perspectiva de su profesión y su vida mientras busca la identidad de la víctima.

¿Cuáles son los límites de la relación profesional y personal de un médico con sus pacientes? ¿Hasta qué punto está obligada Jenny moralmente a poner como prioridad la vida de los demás por delante de la suya propia? Estas son algunas de las cuestiones que la cinta explora durante su metraje usando como hilo conductor una trama de tintes detectivescos en un contexto de crítica social que sirve para elaborar un complejo relato sobre las fronteras del compromiso del ciudadano frente al prójimo dentro de los confines de la comunidad a la que pertenecemos. También establece unos puntos de referencia sobre la necesidad de un acceso público a la sanidad y la discordancia entre la medicina como vocación frente a su aspecto como carrera profesional en la que actuar exclusivamente por intereses egoístas para progresar en ella.

La habitual concepción naturalista de sus directores en su aspecto formal permite darle al conjunto una autenticidad que coloca esta ficción como una fiel reproducción de la realidad de nuestros días, mientras su puesta en escena refuerza en todo momento el enfrentamiento ético de quienes aparecen en cada plano. Quizá se echa en falta en La fille inconnue la fuerza y visceralidad de su predecesora en la filmografía de los Dardenne, Deux jours, une nuit (2014). Sin embargo, Adéle Haenel desarrolla muy bien las sutilezas de un personaje contenido al que desde su naturaleza interpretativa y presencia en pantalla aporta una extraña serenidad, incómoda por momentos, que ayuda a destacar las emociones del resto del reparto cuando interactúan con ella. Los remordimientos, los intereses personales, la desafección, … muchos motivos para no ayudar se representan usando como contraste la actitud de Jenny y su visión del mundo. La visión de una heroína, que lo es simplemente por atender al mínimo de empatía y conciencia al que deberíamos aspirar para consideramos a nosotros mismos seres humanos decentes.

Por Ramón Rey.