(Fotografía: Domenico Cali)

Estimado Yago,

Ya podemos hablar en pasado de la segunda edición de Filmadrid y creo que enviarte esta carta es la manera más honesta de poner orden en mis sensaciones. Siempre he dicho que los festivales que más disfruto tienden a ser aquellos en los que la experiencia del cine traspasa la sala oscura para pasar a formar parte del paisaje urbano, pero normalmente esa cercanía va ligada a lugares más reducidos, en los que la celebración de un evento implica cierta relevancia local. Por eso vivir nueve días como los que acabo de vivir en los cines y calles de mi ciudad natal, la misma que ha alumbrado toda mi cinefilia, ha sido realmente especial.

¿No te parece llamativo que Madrid, una capital con una oferta cultural tan variopinta, haya tardado tanto en acoger un certamen de estas características? Aquí siempre han existido festivales y muestras de géneros o nacionalidades concretas, algunos de ellos ya con bastante arraigo, pero nunca había conocido uno que demuestre una inquietud tan marcada por la difusión de un cine novedoso, sin guiarse por su procedencia o tendencia artística. Filmadrid está incluyendo en su programación a algunos autores internacionales consagrados, además de apostar con firmeza por nuevos talentos a los que siempre hay que dar voz, pero es desconcertante pararse a pensar que de no ser por su existencia casi ninguno de ellos podría estrenar entre nosotros. Algunos estamos más o menos acostumbrados a viajar por festivales, o como mínimo a informarnos de lo que se cuece en otras latitudes, y el abanico de películas estimulantes que tenemos a nuestro alcance en las salas, incluso contando con el enorme privilegio cinéfilo que es tener acceso a la cartelera de una gran ciudad, acaba por antojarse estrecho.

De Millennium Mambo (Hou Hsiao-Hsien, 2001) a The Thoughts That Once We Had (Thom Andersen, 2015).

De Millennium Mambo (Hou Hsiao-Hsien, 2001) a The Thoughts That Once We Had (Thom Andersen, 2015).

Creo que otra de las claves de que este festival sea merecedor de nuestro impulso está en su ausencia de jerarquías marcadas y apoyo oficial. A veces me resulta descorazonador ver que la atención de la cinefilia mediática se concentra tanto en lo establecido, en aquello que precisamente necesita menos de esa sobreexposición para salir adelante. Es evidente que cuando uno ha visto nacer algo de este calibre, cuando conoce el esfuerzo y la pasión de su equipo por cada uno de los trabajos que han programado, la afección pasa a ser mucho mayor. Pero no por ello es menos importante que, al sentir de cerca la reacción entusiasta del público ante películas tan opuestas como John From o The Thoughts That Once We Had, se cuestionen las razones que llevan a ese cine a no tener más hueco posible que en un festival de línea heterogénea hasta el extremo. ¿Sabes?, el documental de Thom Andersen me tocó la fibra precisamente por causas muy similares, porque traza una historia de este arte desprendiéndose de algunas de esas etiquetas y conceptos pegajosos que en ocasiones generan tanto atraso. Ninguna película tendría que ser considerada de menor categoría aduciendo motivos tan arbitrarios como su origen o duración.

Aunque por razones obvias me ha sido imposible abarcar todas las secciones que proponía el festival, sí he podido sentir que cada detalle de la programación respondía a una implicación cinéfila y no a una necesidad de rellenar espacio o solventar compromisos. Algo tan simple, tan bello y por desgracia a veces tan difícil de ver es motivo suficiente para desear que el año que viene, por estas fechas, tenga ocasión de volver a escribirte. Para contarte que he visto nuevas películas que han saciado nuestra hambre de cine, que hemos vuelto a compartirlas en comunidad multiplicando todas esas experiencias… y, ¿por qué no?, que el alcance de ese prometedor festival que vi nacer con Pedro Costa en el Doré sigue creciendo y consolidándose como lo que merece ser ya, un tótem destacadísimo en la agenda de toda la cinefilia madrileña.

Un abrazo,
Sergio de Benito