Filmadrid 1

Estimado Sergio,

Todavía me dura la resaca de Filmadrid. Hablo desde la visión del primerizo, de quien no sólo ha debutado en este festival sino que ha participado en pocos más. Me alegra sentir esa pasión en tus palabras, pues confirma que mis sensaciones no son fruto de la inexperiencia, sino de un trabajo bien hecho, el de los programadores, que han venido a solventar la cuestión que planteas. Como madrileño de adopción que soy, desde que llegué a esta ciudad siempre me había preguntado cómo era posible que la capital de España no tuviera un certamen propio. Un Festival de Madrid como podría ser el de Berlín o el de Venecia, que no estuviera ligado a temáticas de ningún tipo.

Una vez solventada esta carencia, y tras mi ausencia en la primera edición, faltaba descubrir las verdaderas intenciones de la organización. Me alegra poder decir que coincido contigo en que no estamos ante un certamen menor por necesidad, de esos que se ven obligados a programar sólo lo que pueden y no lo que quieren. La ideología de Filmadrid es radical, sabe lo que quiere y proyecta en función de sus intereses. Superado todo lugar común de las citas cinematográficas, y alejado de toda complacencia hacia sí mismo y hacia los autores a los que invita, el resultado es un abanico de posibilidades, de auténticas oportunidades para descubrir a creadores consagrados dentro del verdadero circuito de autor o primerizos en esto de liarse la cámara a la cabeza. El festival todavía es pequeño, pero le auguro una larga vida y una proyección que apunta a las estrellas.

Sayonara

Sayônara (Koji Fukada, 2015)

La única pena es que la omnipresencia todavía no sea una realidad. Mi rol de cronista me pedía darle prioridad a la Competición Oficial, a la vez que me apetecía hablar con rigor acerca de los posibles premiados a lo largo de los días de festival y especialmente polemizar en caso de disentir con el palmarés. Y así ha sido. La otra pega que le puedo poner a esta magnífica segunda edición ha sido el relativo consenso a la hora de premiar a una de las películas que a mí menos me ha estimulado, lo que traducido al cine que vemos semana tras semana en la cartelera sería algo así como “la película de la semana que no debes perderte”. Y es que, si bien John From presenta valores indiscutibles, he encontrado tanta calidad cinematográfica en esta sección que el premio me sabe a poco. También podría hablar sobre la decepción absoluta del festival, que ha sido el curso de Jonathan Rosenbaum –responsabilidad de quien imparte y no de quien organiza–, pero creo que la red ya ha ardido lo suficiente.

Tras estos intensos nueve días de dormir poco y ver mucho, los últimos coletazos de satisfacción todavía inundan mis tripas. De mi subconsciente ya no se irán. El tiempo suspendido de El movimiento, el clímax de 20 minutos de Sayônara, la brillante idea visual y la manera de jugar con la puesta en escena de Le park… Un sinfín de momentos colosales que, como bien señalas, estimulan la cinefilia y abren puertas a nuevas ideas cinematográficas, estas que juegan a hacer cine como si este nunca antes se hubiera hecho. ¿Tendría que haber hecho como tú y combinar Competición Oficial con Vanguardias y noches de performance? En los posos de mi mente quedará esta duda. En lo que no titubeo es en afirmar que mereció la pena asistir a este festival, que si sigue trabajando a este nivel está condenado a trascender, a crecer y a, quién sabe, convertirse en una de las citas cinematográficas del año. Ojalá dentro de unos años tengamos que hacer cola para acceder a la sala, o pelearnos por encontrar sitio. Lo más justo sería que este festival de cine internacional se convierta en un verdadero festival internacional de cine. Y espero que estemos ahí para compartirlo.

 

Un abrazo cinéfilo,
Yago Paris