João Nicolau - 1

(Fotografía: Novos Cinemas)

De Madrid a Pontevedra, de la segunda edición de Filmadrid a la primera de Novos Cinemas. Dos festivales muy jóvenes que apuestan por los realizadores emergentes, dos citas casi consecutivas en las que estuvimos presentes. La casualidad quiso que en ese mismo camino a través de la península nos acompañara João Nicolau (1975), triunfador absoluto en el palmarés de ambos certámenes por obra de John From, película híbrida y contagiosa que parte como la mundana aventura veraniega de dos adolescentes en Telheiras, el barrio de Lisboa en cuyas calles creció el realizador, para terminar mutando en júbilo gracias al contacto con una realidad cultural muy distinta, la de las exóticas tribus del Pacífico que una de ellas asocia a su amado. El portugués, autor de la que ya se ha confirmado como una de las sensaciones de la temporada en el circuito nacional de festivales, habló con nosotros en Galicia de asuntos como su uso del celuloide para el rodaje o la relación que le une a la amalgama de referencias dispares que cruza su universo cinematográfico.

 

V.O.S.- John From es tu segundo largometraje –tras A espada e a rosa (2010)– después de haber hecho también varios cortos, que tienen en común indagar en esa línea que parte de lo más real hacia la fantasía desbocada. ¿De qué manera está relacionada con el resto de tu cine?

João Nicolau.- John From está más ligada a mi anterior corto, Gambozinos (2013), cuyo título hace referencia a unos seres míticos que habitan en el bosque y los niños van a buscar. En todas mis películas hablo de personajes que se tienen que inventar sus propias reglas para vivir, pero en estas dos últimas, sobre todo en John From, me interesa más mostrar la transformación de esas reglas, mientras las anteriores comenzaban ya con ellas cambiadas, con lo que el escenario era muy distinto. Creo que intentar mostrar ese cambio es lo que ha permitido que por primera vez en mi cine pueda haber un momento de puro realismo, como ocurre en el comienzo de John From.

V.O.S.- De lo más terrenal y mundano, un cálido verano adolescente en un barrio, tu película termina contagiada de una ensoñación lejana y exótica, que precisamente permite que aflore el amor que hasta entonces era imposible…

J.N.- El cine es una herramienta muy potente para tratar cosas de muy distintos órdenes, cosas que la gente siente como propias y únicas, aunque exista una realidad que todos aceptamos llamar común. Si tú miras un árbol cualquiera, ves una cosa, mientras que si yo lo miro puedo ver otra. El tema de John From es el enamoramiento, un estado muy propicio para que universos muy distintos confluyan en uno solo.

V.O.S.- Los códigos tribales, asociados a lo primitivo, acaban subvirtiendo el comportamiento social de la clase media europea, de modo que lo que se planteaba como rutinario acaba rebosando vitalismo y felicidad. ¿Ves John From como una crítica a cierta visión occidental del mundo, cerrada a la entrada de otras culturas?

J.N.- En primer lugar, tengo que decir que para mí el aburrimiento no existe más que para aquel que no sabe ver o disfrutar las cosas. Por eso mismo quise filmar momentos de pausa, silencio o luz del sol, que para mí no están relacionados con el aburrimiento. La transformación que se da en la película es la consecuencia de aplicar las herramientas del cine a aquello que nos provoca la pasión amorosa: cómo se inicia, cómo transforma nuestra lógica vital. Escogí la adolescencia porque me parecía un periodo más intenso y condensado, que me permitía observar mejor este proceso. Creo que el enamoramiento nos crea un estado de apertura que permite aceptar mejor al otro, sea éste un nuevo vecino un poco más viejo o sea una población melanesia que viene a instalarse en tu barrio.

Pero no he hecho, o al menos no conscientemente, una crítica al modo de vida occidental. Es más, durante la preparación intenté desembarazarme de todo lo que fuera accesorio: por eso no hay apenas calificación social de los padres, o por eso la ubiqué en las vacaciones de verano, porque no quería que hubiera clases escolares que distrajeran a la niña de lo que le pasa. Me planteé como un desafío hacer esta película con los mínimos elementos posibles, para poder centrarme en lo que quería contar.

Nicolau 2

(Fotografía: Novos Cinemas)

V.O.S.- En tu película hay una larga serie de referencias, algunas explícitas y otras mucho más veladas. Partiendo de las que aparecen directamente, caso de las pinturas de Gauguin o el cine de Kaurismäki, ¿puedes hablar de qué otros autores han influenciado tu trabajo y de qué modo están presentes en John From?

J.N.- Al hacer un retrato de la cultura melanesia, mi película convoca diversos elementos. Por ejemplo, la historia que da título a la película, que la chica explica a su madre en la cocina de un modo muy simple, es de un culto real más complejo que existe en Vanuatu y descubrí durante mis investigaciones. También he incluido muchas músicas que son del Pacífico, pero no exactamente de Melanesia, que es una zona muy delimitada. Gauguin estuvo en la Polinesia, en Tahití, pero no he intentado una aproximación científica. De él me interesaban más sus relatos de viaje que su pintura, aunque un cuadro suyo aparezca en la película, porque la adolescente no es una estudiosa y asocia cualquier objeto del Pacífico a su amado.

En cuanto a Kaurismäki, teníamos que escoger una película para que apareciera en la pantalla. Yo quería filmar lo que pasa en los móviles, en los ordenadores, porque en ellos siempre suceden cosas. Hay muchos colegas míos que huyen de filmar eso, que dicen que no tiene la dignidad suficiente para formar parte de la película. Yo quería mostrarlo, y por eso también quise mostrar lo que sucede en la televisión mientras la protagonista está de resaca con su amiga. En el guión aparecía que la madre estuviera viendo una película, y yo quería que fuera una que por sus características no la distrajera, que la impidiera reaccionar a que su hija entrara sola a casa por la noche. Dos semanas antes, mis asistentes me preguntaron cuál quería, pensé un poco y nos planteamos tener una película de mi propia casa de producción, pero no creía que otro film portugués encajara mucho ahí. En ese momento me acordé de Sombras en el paraíso (1986), una película que me gusta mucho, y de esa imagen tan emblemática del tipo bebiendo solo, porque encontré en ella una equivalencia con el momento en que la hija se está emborrachando, una imagen que hablaba por ella. Felizmente, contactamos a Aki y nos cedió los derechos amablemente.

Cuando trabajo con los actores y actrices, no soy el tipo de director que les muestra películas de otros autores. Tengo muchas referencias, porque todos nosotros somos lo que vivimos, lo que vemos, leemos y escuchamos. Yo no he estudiado cine, no me considero un cinéfilo. Aunque el cine que más me guste sea el considerado “de autor”, para mí no es una urgencia, voy descubriendo todos los aspectos en mi propio trabajo. Al trabajar con chicas que aún no son adultas, quería evitar las referencias cinematográficas. Para mí es más importante la música. Escribiendo con Mariana Ricardo, mi coguionista, quise trasladar cierta cualidad íntima de la música del Pacífico hacia mi película, sobre todo en la parte final. John From termina con menos luz, menos volumen sonoro y una alteración de la relación entre la gente. Los padres de Rita, que son condescendientes, abiertos y poco problemáticos, se vuelven casi una caricatura tribal: el padre se convierte en el jefe, la madre la peina… pero precisamente ahí, cuando sus papeles se vuelven más distintos, es cuando llegan a tocarse. Las referencias musicales me ayudaron a llevar la película por el camino de la intimidad.

John From 1

John From (João Nicolau, 2015)

V.O.S.- Otro aspecto muy llamativo es el trabajo que haces de la imagen analógica, la expresividad de la que dota a aspectos clave como el tratamiento del color, a la vez que aplicas cierta sensación de atemporalidad al relato adolescente. ¿Hay un componente nostálgico en la elección del formato?

J.N.- Yo no creo en el final del celuloide, porque sigo filmando en película. Hicimos John From en 16mm: al principio queríamos hacerla en 35mm y el presupuesto no nos llegaba, pero después me convencí de que este era el formato más adecuado. Me interesa explorar un movimiento natural que no existe en el digital por motivos técnicos. Plásticamente, es la materia que me gusta trabajar. Hoy se hacen cada vez menos películas así, por eso siempre que pasa nos remiten a un tiempo pasado, aunque lo que se trate sea bastante reciente. También quería que no estuviera fechada, sino que pareciera relativamente atemporal. Aunque aparezca por ejemplo una pantalla de Google, pantallas digitales filmadas con celuloide, o el uso de los mensajes sea bastante moderno, también está el juego de las niñas que se comunican mediante billetes en el ascensor, o cierta arquitectura de los años 70 y 80. Intento que todo participe para que no exista una ubicación temporal que pueda estar cerrada en la actualidad, pero tampoco en otra época concreta.

V.O.S.- Me llamó particularmente la atención que muchas de las referencias musicales puedan ubicarse a mediados de la década pasada, justo en ese cambio entre dos etapas para la imagen: el gran iPod con el que las protagonistas juegan durante toda la película, el uso de ciertos programas de descargas, la aparición de grupos ahora más olvidados como Cansei de Ser Sexy… ¿Había alguna conexión especial con este periodo? ¿Cómo trabajaste la disparidad de sonidos?

J.N.- Son referencias que están ahí, pero creo que la banda sonora de la película debe más a la generosidad de João Lobo, el compositor que ha hecho los temas originales. Ha compuesto cosas que aparentan ser del Pacífico, con aspecto etnográfico, pero en realidad son suyas propias; y otras muy distintas, electrónicas, que parecen compradas pero ha hecho él expresamente. Mezclamos su trabajo con Lily Allen, Moondog o la Lambada, que son de épocas muy distintas, desde los 80 hasta la actualidad; o con cosas que hemos escrito, como la referencia a SoulSeek. Es verdad que quizá haya una mayor presencia de elementos de los 2000, pero no es tan intencionada como esa mezcla de diferentes estilos de música, cuya organicidad ha sido posible gracias a los temas del compositor.

John From (João Nicolau, 2015)

John From (João Nicolau, 2015)

V.O.S.- Saliéndonos de John From, hace poco has montado junto con Alessandro Comodin su última película (I tempi felici verranno presto, presentada en el último Cannes), contribuyendo en la misma labor de la que él se ocupa en tu trabajo. ¿Cómo es esta colaboración mutua en el montaje de vuestras respectivas obras?

J.N.- Conocí a Alessandro en 2009, cuando estaba presentando su primer corto, y nos gustaron mutuamente nuestros trabajos, aunque sean de naturaleza muy distinta. Después, un día me invitó a montar su primer largo, L’estate di Giacomo (2011). Fue una experiencia maravillosa, nuestra relación continuó, y yo decidí invitarle a participar en John From y seguir con esta colaboración. No hay nada programado, simplemente es algo que nos da mucho placer a ambos porque congeniamos muy bien como personas, compartimos miradas aunque nuestros modos de fabricación sean muy distintos. En este caso concreto, ha sido muy positivo para mí tener al lado a alguien que viene de un país ajeno, sin la mirada sobre ese barrio de Lisboa que mucha gente tiene, y que además no conoció nada del rodaje. Me ha aportado muchas cosas. Yo he trabajado mucho como montador, no sólo para él, aunque en mis últimos años como director no he podido hacerlo demasiado. Para mí es vital trabajar en los proyectos de otras personas, fue así como empecé en el cine y además es un lugar privilegiado para aprender.

V.O.S.- ¿Qué trabajos tienes pensados ahora mismo? ¿Te atrae seguir indagando en esa brecha entre lo mundano y lo exótico?

J.N.- Ahora mismo tengo dos proyectos muy distintos entre sí. Para mí es un poco difícil hablar antes de que las cosas estén hechas, porque forma parte de su propia naturaleza que cambien y se transformen durante el proceso, y que yo descubra algo haciéndolas. El primero de los proyectos será mi próximo largo de ficción, un musical sobre un hombre de 65 años a punto de jubilarse, en el que habrá diez u once números musicales clásicos. Me interesa mucho explorar hasta qué punto se puede hacer hoy una película de factura clásica siendo fiel al género musical. El otro proyecto, que está en las antípodas, será un documental etnográfico sobre ese ritual de Vanuatu que da origen al título de John From. Yo estudié antropología, pero nunca hice una película etnográfica y tengo ganas. Creo que la naturaleza de ese ritual lejano, que se encuadra en una categoría mucho más amplia, condensa mucho de lo que ha sido la historia de la humanidad en este último medio siglo.

 

(Entrevista realizada el 2 de julio en Pontevedra)