La extranjera 1

Crisis mundial en el capitalismo
Se disuelve la Unión Europea
Alemania se parte en cuatro
Inglaterra y Francia entran en guerra
En el Este estalla una revolución
CRISIS ‐ CRISIS
Crisis mundial en el capitalismo
Se hundió el sistema económico
Crack de la bolsa en Japón
Noventa millones de nipones al paro
Adiós Mister Sanyo ‐ Adiós Mister Casio

(Fragmento del poema Crisis, de Xavier Sabater)

 

Escoger un tema de fondo para analizarlo. Tomar unas herramientas con las que desarrollar el discurso a la vez que ejemplificar aquello que se quiere poner de manifiesto. Combinar forma y fondo de manera genuina para construir un misil ideológico. Esta bomba conceptual es La extranjera (2015), obra de Miguel Ángel Blanca que ya pudo verse en el pasado festival Márgenes Online, siendo en su día lo más destacado de aquella sección oficial, y que ahora viene encuadrada dentro de la sección Generación del festival online Atlántida Film Fest, que se desarrolla en la plataforma de VOD Filmin hasta el 27 de julio. El integrante del grupo musical Manos de Topo combina realidad con ficción para hablar acerca de la problemática gentrificación que está sufriendo la ciudad de Barcelona como consecuencia de una política económica basada en el cortoplacismo y la prostitución de sus virtudes.

Analizar una situación 20 años después de que esta haya tenido lugar es loable; grandísimas películas se han llevado a cabo en tales condiciones. Sin embargo, para entonces ha habido dos décadas para sopesar el asunto, analizarlo por múltiples voces, delimitarlo, condensarlo a lo esencial, a lo relevante. A fin de cuentas, es más sencillo cuando han corrido ríos de tinta y buena parte del camino más duro ha sido elaborado por terceros. En cambio, hablar del ahora es un salto al vacío sin red de seguridad, en el que es muy sencillo caer en lo grueso, en lo evidente. David Fincher es un maestro de estos asuntos. Tanto en La red social (2010) como en Perdida (2014), el director se lanzó con proyectos que diseccionaban la sociedad del momento, esa misma que acudía a la sala a ver la cinta y que, si se detenía a analizar lo mostrado, observaba patrones, conductas y actitudes familiares, si no propias. Esto mismo es lo que ha hecho Miguel Ángel Blanca para hablar de la ciudad de Barcelona y el estado actual en lo referente al turismo masivo.

La extranjera (Miguel Ángel Blanca, 2015)

La extranjera (Miguel Ángel Blanca, 2015)

Para alcanzar este objetivo, el autor investiga en las nuevas formas del lenguaje audiovisual y localiza su discurso propio, con el que hablar del ahora mediante el uso de las herramientas del ahora. Vídeos amateur grabados con el móvil en posición vertical, selfies, grabaciones callejeras sobre la marcha, imágenes de Google Maps, inmortalización de cada rincón de la ciudad… La extranjera es una apología de la imagen digital de baja calidad, del pixelado extremo, del balance de blancos desajustado. Errores todos ellos, si se parte de los cánones de la realización, pero que, si se abre el campo de visión, funcionan como una extraordinaria herramienta con la que sublimar las ideas de un mundo apocalíptico, decadente, lleno de zombis que colapsan las calles, teléfono móvil en mano –el monumento del siglo XXI–, que viven su realidad, la nueva realidad, la que se experimenta a través de una pantalla.

Mientras, mediante un acertado recurso formal, que consiste en grabar una pantalla con la cámara –ver una pantalla a través de otra pantalla: deshumanizar, deformar la realidad–, los políticos son retratados como seres alienados que debaten sobre el tema desde la lejanía y prometen cambios que saben a lavado de manos. Los dirigentes le dan la espalda al asunto mientras aprovechan las virtudes de la llegada masiva de extranjeros a la ciudad. Una actitud bien diferente cuando se trata de otro tipo de extranjeros, aquellos que también llegan en oleadas pero sin dinero en sus bolsillos. Esta vez la espalda la reciben los visitantes, los inmigrantes ilegales. De esta manera, La extranjera teje una red que se salga de las fronteras de la ciudad catalana para mostrar la actitud del Viejo Continente frente a la nueva ola de refugiados, lo que se representa en un nada casual plano de un personaje dándole la espalda y no prestándole la menor atención a un informativo en el que se narra una nueva llegada de inmigrantes en patera.

La parte de ficción se reduce a una pequeña trama en la que un hombre de actitud alienada –el mismo que le daba la espalda al informativo– secuestra a una mujer muerta, probablemente asesinada por él mismo, y se la lleva consigo a su casa, para tenerla como compañía. Esta parte de la obra es la que resulta más críptica, pero sus imágenes rezuman frivolidad, explotación impune. Estos fragmentos de ficción son una probable metáfora de la situación de la ciudad, en la que la mercantilización de los recursos es lo único que importa, y en la que las personas son meros títeres manejados por poderes superiores. Esto se representa con pasmosa habilidad en los insertos de esta especie de casting de mujeres con caras difuminadas, que obedecen a lo que el organizador del mismo les manda, por absurda que la orden pueda parecer. Mujeres tan zombificadas como las hordas de turistas que aparecen en las imágenes de Google Maps: cuerpos sin identidad, de rostro difuminado, que avanzan, que caminan, que sólo caminan, despojados de toda individualidad, idea que a su vez enlaza con un irónico inserto de audio en catalán de lo que probablemente sea una compañía de teatro vanguardista.

La extranjera (Miguel Ángel Blanca, 2015)

La extranjera (Miguel Ángel Blanca, 2015)

Cuando camino
no se me nota el nombre,
ni los vicios ni el currículum.
Cuando camino
no se me nota el número de móvil,
ni la declaración de la renta (que no la he hecho).
Cuando camino
se me nota el acto exacto de caminar,
la mecánica del movimiento,
repetida mecánicamente.
Cuando camino
se me nota que camino,
y no lo puedo evitar.
¡Soy tan básica!
Básicamente básica.

Entre lo onírico y lo terrenal, entre lo solemne y lo irreverente, las capas de lectura de la obra de Miguel Ángel Blanca parecen infinitas y apuntan a un nuevo lenguaje, el de la multipantalla y la multiplataforma, cuyas señas de identidad son la saturación cromática, la baja calidad de imagen y el solapamiento de formatos. Una cinta genuina, virtuosa en su manera de penetrar en la materia y visionaria en su capacidad para enlazar fondo y forma. Con La extranjera, este director alcanza un lenguaje propio, definido, maduro, como si fuera un cineasta que llevara toda una vida investigando en las formas de la narración audiovisual y por fin hubiera alcanzado su cima, lo que hace de esta obra un hallazgo todavía más portentoso. En su cuarta película, segunda en solitario, a Miguel Ángel Blanca le han bastado 66 minutos de metraje para crear un film inagotable.