Bella y perdida - 1

Por Yago Paris:

El narrador de Bella y perdida es Sarchiapone, un búfalo que habla. Esta idea, premisa de una comedia disparatada, poco tiene de cómico, y sí mucho de poético. El búfalo habla, pero nadie lo entiende, nadie puede siquiera oírlo. Sólo un personaje tan alejado de lo terrenal como Pulcinella -originario de la commedia dell’arte y perteneciente, al igual que el propio Sarchiapone, al imaginario popular italiano- es capaz de entender lo que tiene que decir. Al cobijo de estos dos personajes se inicia un viaje por la Italia rural, temática recurrente en el cine de su director, Pietro Marcello.

El cine de este autor siempre ha transitado los parajes del documental, pero sus cintas se empapan de una poética visual con la que, junto con sus juegos de puesta en escena, diluye la barrera entre la realidad y la ficción. Bella y perdida es su propuesta más alejada del documental. El film se aprovecha de su onírica fotografía para construir geografías de lo poético, que se desarrollan en los terrenos de la realidad más cruda, la del campo y el campesinado. Marcello siempre se ha interesado por el proletariado rural, y en esta ocasión desarrolla una escueta trama en torno a un búfalo macho -condenado a la muerte por resultar inservible- y los intentos de su mitológico compañero por que este sobreviva. Un punto de partida a través del que el autor versa sobre ese sur de Italia que le apasiona, en el que lirismo y crueldad comparten espacio en parajes donde tan importantes son los cultivos como las creencias sobrenaturales.

Bella y perdida - 2

Por Paco Casado:

Vivimos una época excepcional donde, casi sin darnos cuenta, el cine está tomando, más bien recuperando, unos caminos de fusión entre realidad y ficción realmente notables. En este sentido, el realizador italiano Pietro Marcello ha dado buena muestra de ser uno de los nombres a tener en cuenta, a tenor de lo visto en Filmadrid donde se ofreció una retrospectiva de su trabajo. Además, este mismo fin de semana se estrena la que es ya su gran obra, Bella y perdida, película que obtuvo dos menciones en el pasado Festival de Locarno, además de numerosos reconocimientos internacionales.

Bella y perdida nos narra la peripecia de Pulcinella, que es enviado a la Italia rural para que cuide al búfalo del pastor Tommaso. Pero lo que irá descubriendo es que este animal es solo apreciado por unos pocos, ya que está apareciendo una nueva Italia donde animales como los búfalos (machos) ya no tienen razón de ser. La película de Marcello es en primer lugar un canto a la esperanza por un lugar mejor; un grito poético en el que la fábula y el documental conviven a la hora de ofrecer una mirada nostálgica sobre una Italia que nunca volverá. Pero la mirada del director no se encuentra anclada en una posición reaccionaria de que “cualquier tiempo pasado fue mejor“. Bella y perdida solo pretende, que no es poco, ser testimonio de lo que se fue y ya no volverá.

Entre ensoñaciones y momentos de abrupta y áspera realidad, Pulcinella y el búfalo Sarchiapone van descubriendo paisajes y personajes que dan un marcado carácter sociológico, en el que descubrimos una Italia que, tal y como comentó el propio director en su presentación, es muy desconocida para sus propios habitantes. El trabajo de Marcello se enmarca ya como una de esas grandes películas pequeñas, que hablan en voz baja, casi susurrando, de mil y una realidades, trascendiendo gracias a su halo poético a la anécdota local y situando a Bella y perdida como una de las mejores películas que veremos este año.

Bella y perdida - 3