<em><strong>Proyecto Lázaro</strong></em> (Mateo Gil, 2016)

Proyecto Lázaro (Mateo Gil, 2016)

Empezamos el certamen Sitges 2016 con la última película de Mateo Gil. Después de Blackthorn (2011) se esperaba con cierta expectación que clase de visión aportaría al género sci-fi con Proyecto Lázaro. Si bien es cierto que hay un interés en aportar una visión más personal, más espiritual si se quiere, al tema tratado, el producto final acaba lastrado paradójicamente por su falta de personalidad propia y por un abuso de los recursos estilísticos empleados. En Proyecto Lázaro se citan Terrence Malick en el apartado visual y I Origins (Mike Cahill, 2014) en su temática New Age y, asomando la patita con cierto descaro, un discurso, en una machacona voz en off, digno del mismísimo Paulo Coelho. Un film que pretende reflexionar sobre el ser humano, la trascendencia de su vida y su muerte y los límites de la ética médica. Temas todos ellos a priori apetecibles pero que se ven lastrados por este cocktail indigesto de referencias que consiguen ahogar su temática bajo el peso, un tanto pretencioso, de su forma.

El que sí tiene claro su estilo y personalidad fílmica es Kim Jee-woon tanto para lo bueno como para lo malo. En The Age of Shadows aborda un hecho histórico, la ocupación japonesa de Korea, desde la perspectiva del thriller de espionaje, lo que no es óbice para pincelar la trama con apuntes dramáticos sobre lo que significó dicha ocupación. No obstante, el film trasciende lo localista para ofrecer un mensaje universal de manera que los sufrimientos de sus protagonistas son facilmente comprensibles desde la empatía. Sin embargo, el film adolece de concreción, de síntesis. Por momentos uno tiene la sensación de estar ante situaciones demasiado reiterativas en su concepto y con personajes sobreescritos en sus motivaciones. Todo ello queda, por otro lado, como pecata minuta ante la excelencia de sus set pieces, aunque por el contrario, hacen aumentar la sensación de arritmia y de inconstancia en el guión. Jee-woon, consigue que sus piruetas con la cámara no resten credibilidad al conjunto, sino que se integran de manera que The Age of Shadows resulte en conjunto un film discontinuo en su devenir, aunque finalmente sólido y disfrutable desde una perspectiva de sensación final.

<em><strong>The Age of Shadows</strong></em> (Kim Jee-woon, 2016)

The Age of Shadows (Kim Jee-woon, 2016)

Esta jornada inaugural del festival la cerrábamos con la última propuesta de Nacho Vigalondo, Colossal. Un film que, curiosamente, guarda muchas semejanzas con la filmografía y maneras de hacer de alguien tan aparentemente lejano como Jonás Trueba. Películas donde el marco teórico del director está claro, y donde la idea sobre la que construir es poco menos que brillante. El problema está en su traslación en imágenes, y ahí Vigalondo naufraga con estrépito. Esta deconstrucción de película de monstruos orbita sobre el conflicto de pareja. Está claro. Pero para ello se necesitan conflictos y, dejando de lado la pésima construcción de sus personajes (sin motivaciones claras, sin psicología de base), el que se nos ofrece como motor de todo lo ocurrido no deja de ser anecdótico, superfluo, incapaz de justificar por si solo todo el peso estructural del film. Añádase la fijación vigalondiana de soltar chascarrillos de dudosa gracia (y reiterarlos, no sea caso que no los hubiéramos pillado) y nos queda una película que es un catálogo de intenciones de primera categoría, cierto, pero también un film fallido en resultados.