<em><strong>Que Dios nos perdone</strong></em> (Rodrigo Sorogoyen, 2016)

Que Dios nos perdone (Rodrigo Sorogoyen, 2016)

Que este es el año del thriller en España nadie lo duda. El hombre de las mil caras (Alberto Rodríguez, 2016), la genial Tarde para la ira (Raúl Arévalo, 2016) y, como si un hat-trick de género se tratara, Que Dios nos perdone, conforman una tendencia cinematográfica que parece haber llegado para quedarse. En en el caso que nos ocupa estamos ante un policiaco claramente deudor de ese cine que combinaba la buddy movie con la caza del asesino en serie de turno, cuyo máximo exponente encontramos en Seven (David Fincher, 1995).

Algo de ello hay en el film de Rodrigo Sorogoyen: dos policías de caracteres opuestos y, sin embargo, a su manera oscuros, traumatizados ambos, deben perseguir a un misterioso e inalcanzable asesino en serie. Sorogoyen huye de las atmósferas sombrías y opta por exponer el caso a la luz del sol, convirtiendo el Madrid de 2011 en un infierno de sudor y conflictividad social. Un subtexto este que, a pesar de sobrevolar el metraje, no acaba de encontrar su sitio, pasando a un discreto segundo plano. En cierto modo estamos ante un film apabullante en cuanto a despliegue, interpretaciones y sentido global de la narrativa, pero que por desgracia se pierde a veces en ciertas subtramas harto prescindibles. Posiblemente por ello la sensación final es que Que Dios nos perdone no es tan sólida como podría haber sido, dejando una sensación de potencia visual, pero también de ser un producto demasiadas veces visto en sus múltiples variaciones.

<em><strong>Three</strong></em> (Johnnie To, 2016)

Three (Johnnie To, 2016)

A Dark Song (Liam Gavin, 2016) en cambio se fundamenta en dar una vuelta de tuerca al género de casas encantadas. Aquí no se trata de lo sobrenatural asustando a una familia incauta, sino precisamente la convocatoria del más allá para paliar la ausencia y mitigar el dolor de la pérdida de dicha familia. Un film que se construye precisamente a partir del proceso de la invocación, del sacrificio y de la exploración de los dramas internos de su protagonista. Sin embargo, este punto de partida sufre de enrocamiento. El proceso en sí ocupa demasiado metraje sin que se produzca el necesario encabronamiento de la situación (hasta el punto que, involuntariamente, hay bromas internas en el guión al destacar repetidamente que no pasa nada). Algo que podría ser hasta positivo si se jugara la carta de la ambigüedad, de jugar a la posibilidad que dicha invocación sea una estafa. Cosa que no ocurre al dejar claro que estamos ante un proceso “real”. Todo ello desemboca en un final abrupto, cuyo clímax queda muy por debajo de lo esperado y cuya resolución se antoja forzada y algo gratuita.

Ir a ver, en cambio, una película de Johnnie To es jugar a apuesta segura. Sota, caballo, rey. Pocas novedades se pueden esperar y en cierto modo es lo que uno quiere. Three no es la excepción a ello. Travellings elaborados, planos secuencia con tiroteos espectaculares y una cocción a fuego lento de la trama son los elementos básicos que encontraremos en ella. Sin embargo, todo ello viene a ser el armazón de la película y no se puede negar que está coreografiada y ejecutado con el mimo y precisión del que hace gala el Sr. To. El problema aparece en su contenido. Por un lado su argumento algo trillado no acaba nunca de empatizar y despertar la atención del público. por otro su giro hacia la comedia convierte a algunos de sus personajes en meros bufones, cargantes y sin peso real en la trama. El resto se podría calificar de arquetipo, por lo que, aunque disfrutable, no deja de ser uno de los trabajos menos arriesgados y por tanto menos atrayentes de la filmografía del director. Una simpática nadería garrafista.