Arturo Ruiz Serrano

Por sus trabajos como guionista, director y productor ha sido galardonado con más de 180 premios en festivales nacionales e internacionales, sobre todo en cortometrajes, llegando a recibir dos nominaciones a los Premios Goya. Arturo Ruiz Serrano (1974) estrena El destierro, su ópera prima como director. En la entrevista que nos concede nos habla de temas como el control creativo del guionista, las vicisitudes de un rodaje complicado o la evolución del cine de la Guerra Civil.

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Juan Salinas Quevedo: ¿Con este proyecto desde un inicio ya viste que la historia se debía ajustar más al formato de largo, o fue más una cuestión personal de querer dar el paso al largometraje como director y eso te llevó a encontrar una historia de mayor recorrido argumental?

Arturo Ruiz Serrano: Pues en este caso se han dado las dos cosas. Por un lado ya había hecho varios cortometrajes y tenía ganas de afrontar una historia de mayor recorrido, y también era un reto para mí como director porque como guionista había escrito otros dos proyectos y tenía ganas de contar una historia que se ciñese lo más posible al guion, de alguna manera quería ser lo más fiel a mí mismo como guionista y de ahí que al final me aventurara a dirigirla y a producirla.

J.S.Q.: Entiendo que uno se siente más libre al dirigir lo que escribe al tener mayor control.

A.R.S.: Es cierto, yo había escrito La carga (Alan Jonsson, 2016) y El perfecto desconocido (Toni Bestard, 2011) con directores muy dispares, en el caso del segundo sí que tuve mayor trabajo con el director, pero evidentemente si tú eres el director de tu historia es la mejor forma para acercarte a lo que tienes en la cabeza mientras lo escribes, no puede haber mayor fidelidad cuando un director es también el guionista. Eso no significa que sean mejores películas las escritas por los directores, ni mucho menos, yo confío en el trabajo del guionista, unos hacen su trabajo y otros el suyo, pero está muy bien poder aunar las dos cosas.

J.S.Q.: El destierro es una película que nos habla, en parte, de la búsqueda de libertad de los personajes, sin embargo son sus propios valores y prejuicios los que en un principio coartan su capacidad de pensar y actuar libremente.

A.R.S.: Sí, desde luego. Yo desde un principio quería plantear unos personajes muy encerrados en sí mismos y a la vez muy complejos, de esta forma podría luego ir marcando el arco evolutivo de ellos. Evidentemente están llenos de prejuicios, sobre todo el protagonista, Teo, con una serie de valores cristianos muy malentendidos y a los que se aferra para tratar de entender por qué la vida le ha puesto en esa situación, por qué le maltrata la vida. Teo lo que siempre piensa es que él es un mártir y que de alguna manera Dios lo está poniendo a prueba.

El destierro (1)

J.S.Q.: En un período hostil como la Guerra Civil la propia ideología política marca la personalidad de la gente, y a veces se traicionan valores de amor, de bondad, de justicia que uno tiene y que al final son los que prevalecen. ¿Cómo trabajaste desde guion ese arco de transformación de los personajes para darles esa dualidad y profundidad?

A.R.S.: Indudablemente una película que transcurre únicamente en una sola localización es una película de personajes, por tanto, mi intención fue siempre crear unos personajes complejos, ambiguos, con luces y con sombras, que me permitiesen sostener el conflicto que necesitaba esta historia. El hecho de que haya una guerra como telón de fondo contribuye a poner al límite a los personajes. La película aparte de hablar de una supervivencia física habla de una supervivencia emocional, estos personajes para poder sobrevivir van a tener que entenderse y poco a poco van creciendo lazos afectivos que al final les llevan al sacrificio del uno hacia el otro. De ahí la importancia de la aparición de la chica, otro factor emocional a tener en cuenta. En definitiva planteé unos personajes que fuesen antagónicos, enfrentados por una mujer de mucho carácter e idealista que está en el bando contrario y que ha ido a luchar por algo en lo que cree mientras los otros se ven obligados a estar allí.

J.S.Q.: Vemos también de forma clarividente como dentro de ese refugio necesidades primarias como son el amor y el sexo impulsan a los personajes a luchar por sobrevivir.

A.R.S.: Sí, por eso hablo de una supervivencia física y emocional. Cuando vi la imagen de los vestigios de esos fortines que todavía existen en la Sierra de Guadarrama perdidos en unas montañas tan inhóspitas, lo que trataba de imaginar como germen de la historia es cómo podía ser la convivencia, el día a día allí. Luego supe, además, que esa parte del frente estaba muy estabilizada ya que no hubo mucho combate, y allí unos jóvenes que en vez de estar estudiando o trabajando estaban perdiendo el tiempo y además jugándose la vida de alguna manera, entonces entendí que ese lugar me podía servir como un espacio de crecimiento personal. Fíjate que muchas veces hablamos de que los momentos que marcan nuestra madurez se encuentran en los campamentos de verano porque de repente nos suceden un montón de cosas, nuestros primeros amores, las primeras borracheras, etc… de alguna manera yo quería trasladarlo al interior de ese fortín, como una especie de campamento. Esa convivencia que podía cambiarnos a raíz de nuestras primeras experiencias. Esa fue la idea inicial que luego fue germinando y que he intentado trasladar al interior de ese búnker.

J.S.Q.: El cine cuando retrata un conflicto bélico e ideológico en muchas ocasiones toma partido a modo de denuncia, que a mí personalmente me parece genial y necesario, sin embargo tú has sido capaz de dibujar unos personajes influenciados por una ideología y unas creencias pero sin entrar en la valoración ni en el juicio moral ni político. ¿Tenías en mente alejarte de cualquier tipo de discurso panfletario?

A.R.S.: Sí, aunque yo tengo muy claro el bando con el que me identifico, pero decidí contar la historia desde el punto de vista de una “tercera generación”. Esa guerra la sufrieron nuestros abuelos, pero los hijos de nuestros abuelos, los que eran cineastas, llevaron al cine la Guerra Civil desde la óptica republicana porque hasta la muerte de Franco no se pudo contar los hechos de otra manera que no fuese comulgando con la ideología franquista, y de ahí salieron grandes películas de los ochenta y noventa. Yo si embargo intenté abordarlo desde una cierta lejanía, profundizando más en las personas que en las ideologías, aunque como digo la mía la tenga muy clara. La gente en este país tiene un montón de prejuicios, oyen hablar de cine español con temática de la Guerra Civil y se echan a temblar. Se dice que se hacen muchas películas sobre la Guerra Civil y no es verdad, la realidad es que se hacen pocas. Yo he intentado desprejuiciar y salirme un poco de lo habitual, para ello me he tirado por la vertiente más humana, más de personajes, y no entrar a juzgar qué ideología tienen, podría haberlo hecho pero he preferido no hacerlo. Es una opción. No creo que haya mostrado a ningún personaje que no tuviera razones para ser así. Por ejemplo los militares que al final le juzgan, ellos tienen un compromiso para cumplir con ese trámite. El mulero, otro ejemplo de personaje condenable, pues quise empatizar con él metiéndome en su cabeza, estudiando su educación, su labor… y al final se terminan comprendiendo muchas cosas.  Todo esto no es nuevo para mí ya que el germen de esta película está en un cortometraje que hice que se llamaba Paseo (2007).

El destierro

J.S.Q.: Tengo entendido que el rodaje se llevó a cabo en tan sólo veinte días, con lo cual los actores a la hora de rodar debían ir con sus personajes muy interiorizados, ¿trabajaste mucho en ensayos con ellos?

A.R.S.: Sí que es cierto que el rodaje duró veinte días pero se rodó a lo largo de todo un año. Empezamos en enero en Ávila con los exteriores con nieve, volvimos en abril a rodar durante cuatro o cinco días, luego en el mes de julio hicimos en un plató en Madrid todos los interiores del búnker, y terminamos en noviembre, en Mallorca, con la escena final del campamento. Por tanto es una película que ha ido creciendo por el camino, también financiándose. Sí que trabajamos mucho los personajes en los ensayos pero también el tiempo transcurrido a lo largo de ese año nos dio mucha perspectiva con respecto al trabajo interpretativo. Lo más complicado era mantener el raccord ya que todas las entradas y salidas del búnker en la parte de invierno, que hay muchas, tienen ocho meses de diferencia entre que el actor está fuera y entra dentro, eso requiere una atención especial con respecto al raccord, no sólo el físico sino el emocional, saber en qué momento se encuentra el personaje y dónde lo dejaste hace ocho meses. Es una cosa que trabajamos mucho, tuvimos especial cuidado para mantener y conservar el equilibrio de los personajes y la coherencia de estos.

J.S.Q.: Me imagino también las dificultades técnicas que un lugar así impone, en la montaña con las temperaturas tan bajas.

A.R.S.: Las dificultades técnicas fueron bastante grandes, sobre todo en invierno donde teníamos un temporal brutal, date cuenta que todo es digital lo que significa que todo es real. Yo decía que parecíamos un equipo de National Geographic rodando en Finlandia, a los miembros del equipo les llegaba la nieve hasta las rodillas, luego los actores pasaron un frío terrible, Joan Carles Suau contaba que se les congelaba la cara, les costaba mucho vocalizar. La parte de invierno fue muy dura. La de primavera también porque a pesar de que había Sol el viento era muy bestia y muy frío y los actores iban vestidos con prendas de primavera, ellos comentan que lo pasaron aún peor que en invierno. Yo iba igual de abrigado tanto en invierno como en verano. La parte del plató fue terrible porque era pleno julio en Madrid, los focos… la temperatura debía de ser de cuarenta y tantos grados, y los actores vestidos con ropa de invierno y encima tenían que fingir frío cuando lo único que hacían era sudar, incluso en una ocasión Joan Carles se mareó. Luego la parte de otoño sí que la rodamos en mejores condiciones aunque nos llovió mucho y tuvimos que camuflar el sonido de la lluvia como pudimos. Ha sido una película complicada, la ventaja es que estas dosis de dificultad se han ido dosificando a lo largo de un año.

El destierro

J.S.Q.: El hecho de plantear un proyecto que consta de muy pocas localizaciones y tres personajes hace de esta una película minimalista, de un cierto aspecto teatral por así decirlo, ¿esto es más una decisión artística o simplemente por disminuir los costes para que tuviese mayor viabilidad a nivel de producción?

A.R.S.: Yo escribí un guion que fuera factible de poder rodarse ajustándome a los medios con los que pensaba que podíamos contar, eso es verdad, para ello utilicé pocas localizaciones, centrándome más en los personajes… y luego disminuir los costes con pequeños detalles, por ejemplo el burro que aparece en la película lo tenía mi hermana con lo cual sabía que podía contar con él. Esto hace que de alguna manera el planteamiento sea teatral pero no considero que sea un teatro filmado porque hay una cosa que sí que creo que es fundamental que es la atmósfera, el frío que traspasa la pantalla, que lo sientes. La importancia de la naturaleza se asemeja a la de los personajes que sobreviven en ella y a la vez se produce una conjunción entre ambas por los sentimientos que a ellos les evoca cada estación y sus distintos climas, yo creo que eso sólo te lo da el cine y no el teatro. Pero sí, de alguna manera la producción estuvo marcada por una cuestión de presupuesto, desde el principio lo acotamos para que fuera lo más viable posible.

J.S.Q.: Uno de los productores de la película es Esteban Crespo, ganador del Goya y nominado al Oscar por su cortometraje Aquel no era yo en el año 2013. ¿Por qué le planteas el proyecto? ¿Cómo fue el contacto con él?

A.R.S.: A Esteban ya lo conocía por los cortometrajes y un día me llamó para tomar café y me dijo: “Oye Arturo, que me he enterado que vas a producir una película”. “Te vas a lanzar al vacío”. Yo le comenté que estaba completamente decidido y él me respondió: “Pues yo quiero estar ahí”. Yo, sorprendido, le dije: “Bueno, primero déjame que te pase el guion y ya me cuentas después”. Se lo pasé, lo leyó y le interesó. Me pareció muy bonito porque la película ha sido producida por compañeros que son principalmente directores, no sólo Esteban, también Toni Bestard o Marcos Cabotá, así que hemos producido una película entre cuatro directores, este hecho hace que le dé otro carácter, sobre todo a nivel creativo, ellos me han aportado muchas ideas, me han asesorado artísticamente. Y al final estoy muy contento porque ha quedado como yo quería.

J.S.Q.: Y para terminar, ¿volverás a hacer cortometrajes?, ¿tienes en mente o estás involucrado ya en otro proyecto?

A.R.S.: Pues sí que me gustaría hacer de nuevo un corto, aunque estoy trabajando ahora en un proyecto de largometraje que al ser más laborioso igual se retrasa demasiado, con lo cual no descarto que antes me meta con otro cortometraje para matar el gusanillo.

Por Juan Salinas Quevedo