<em><strong>Malgré la nuit</strong></em> (Philippe Grandrieux, 2016)

Malgré la nuit (Philippe Grandrieux, 2016)

Estimado Ramón,

Nuestro cruce de tuits por fin ha encontrado su contraplano desvirtualizado en este Festival de Sevilla. Un paso fugaz antes de retornar al teclado y los gifs, hábitat natural de nuestra relación. Puede que aquí encontremos salida a lo mucho que tenemos que decir y a lo poco que dijimos cuando compartimos espacio físico. Lo primero que me viene a la mente es exclamar lo excelente que ha resultado esta última edición del certamen hispalense. Quizás se deba a mi inexperiencia en estos ambientes, pues es el primer festival que cubro fuera de Madrid, y quizás tengas que venir a rebajar mi entusiasmo. Pero del burro del que no me bajarán es de aquel que porta la idea de que en esta semana larga se ha visto un cine de altos quilates.

No mentían cuando prometían una edición muy francesa. No mentían, ni se equivocaban al tomar esa decisión. Centrar un festival en un aspecto tan concreto suele ser un asunto peliagudo. Ya se pudo comprobar en el último Atlántida Film Fest que eso de reducir el catálogo al cine que hablaba sobre Europa fue un lastre que sumergió a la plataforma online en mínimos que alcanzaron, por momentos, el telefilm fangoso. No ha sido este el caso, al menos en el espectro de películas que escogí dentro de la amplia e inabarcable oferta. Creo que analizar mi top 10 de películas del festival habla por sí solo: de las diez escogidas, las ocho primeras son francesas, y en esta selección sólo hay una que no pertenezca a esta cinematografía –Mimosas de Oliver Laxe–. De mi mente no se irán cintas como la fascinación ante lo insólito que me generó Staying Vertical de Alain Guiraudie, el cuento bressoniano que no se avergüenza de ser amable de nombre Le fils de Joseph o la que para mi gusto ha sido con diferencia la cumbre del festival: Malgré la nuit de Philippe Grandrieux, un viaje de no retorno a los sótanos de un amor romántico, en clave de cine cuasiexperimental, en el que la puesta en escena se empapa de fondo a la vez que desarrolla un discurso formal único, despampanante y alucinógeno.

Otro aspecto que debo señalar, dada mi inexperiencia, es la burbuja festivalera en la que uno se introduce al ir de lleno a cubrir un evento de este tipo. Ver mucho cine, dormir poco, comer mal e inventar huecos para terminar las crónicas son claves que definen la experiencia, que es ardua en el minuto a minuto, pero que se registra en el subconsciente con la palabra “apasionante” tatuada al lomo. Se trata, al fin y al cabo, de la experiencia que todo cinéfilo desea vivir. Y a ello se suma las facilidades de las instalaciones. Que unos multicines alberguen las proyecciones le resta encanto al asunto, pero qué duda cabe que caminar diez metros para pasar de una sala a la de la siguiente proyección es un valor a tener en cuenta. Las salas cuentan con unos equipos de proyección de alto nivel y la capacidad de las diferentes salas permite que no haya problemas de aforo ni en los buques insignia del cartel ni en las pequeñas propuestas que pasan desapercibidas para el gran público.

Habiendo una programación tan destacable y unas instalaciones tan accesibles y capaces de albergar a tal cantidad de gente, lo que no me cabe en la cabeza es la poca atención que se le presta a este festival. Entrar a uno de los pases de prensa así lo demostraba. En una sala de más de 400 butacas, lo normal era que no hubiera más de 50 periodistas. Algo falla cuando hay tantos motivos para acudir a esta cita cinéfila y tan poca prensa especializada lo hace. Por mi parte, haré lo que esté en mi mano por repetir, pues el Festival de Sevilla me ha demostrado rigor, buen gusto a la hora de programar y fuerza para conseguir que vengan cineastas de la talla de los que han pasado por esta ciudad. Salvo cierta confusión en la formación de las colas para acceder a las salas, y el sistema de retirada de entradas –de muy dudosa efectividad–, sólo tengo excelentes palabras para este certamen.

Sin muchas más palabras positivas que volcar sobre este festival, y con la esperanza de que el tiempo haya curado tu inexplicable rechazo a la fabulosa Personal Shopper, termino este primer acercamiento a nuestra correspondencia sevillana.

  1. Malgré la nuit (Philippe Grandrieux)
  2. Staying vertical (Alain Guiraudie)
  3. Le fils de Joseph (Eugène Green)
  4. Ma Loute (Bruno Dumont)
  5. Nocturama (Bertrand Bonello)
  6. Personal Shopper (Olivier Assayas)
  7. Une vie (Stéphane Brizé)
  8. Le cancre (Paul Vecchiali)
  9. Mimosas (Oliver Laxe)
  10. Daydreams (Caroline Deruas)

Desde la cinefilia con amor,
Yago Paris

<em><strong>Scarred Hearts</strong></em> (Radu Jude, 2016)

Scarred Hearts (Radu Jude, 2016)

Estimado Yago:

¿Rechazo a Personal Shopper? ¡Si fue una de mis favoritas del pasado Festival de Cannes! Obviamente habrás escuchado y leído más de un chascarrillo por mi parte y algún intercambio de réplicas en tono jocoso, pero todo surgido de una gran admiración por la audacia de Assayas y su propuesta. Debiste haberme preguntado en los breves momentos que pudimos compartir en Sevilla, que como apuntas tenía a priori una programación muy consistente. Pero habría que pensar también cómo de difícil es fracasar en ello —sobre todo en su Sección Oficial— siendo su intención la de recopilar lo mejor del cine europeo del año, que ya se ha podido ver en su mayor parte en otros festivales.

Tal como afirmas, la cinematografía francesa da para mucho y en mi caso debo reconocer también una querencia natural hacia sus autores, formas, historias e intérpretes. Incluso habiendo visto una buena parte de las proyecciones en Cannes o Berlin y dedicándome mayoritariamente a las secciones paralelas fuera de la oficial  —Nuevas Olas y Resistencias principalmente— seguí encontrándome con algunos títulos de muy diversa naturaleza provenientes del país vecino que resultaron de lo más estimulantes como Daydreams, Miss Impossible o The Apple of My Eye. Sin embargo, ya no es que no comparta tu entusiasmo con Malgré la nuit, es que me parece que va de lo irregular a lo autoparódico en esa deriva excesiva que plantea durante todo su metraje, además de recordarme constantemente a otros directores como David Lynch, Gaspar Noé y hasta Vincent Gallo, a los que evocan buena parte de esos recursos visuales y narrativos que tú calificas como experimentales y yo veo como puro préstamo y reciclaje.

Respecto a las instalaciones coincido en que no se les puede achacar nada relacionado con las condiciones técnicas, la calidad de proyección o la comodidad de acceso. Sí creo que se debe criticar la puntualidad y la falta de mantenimiento de algunas de las salas, con butacas que parecían a punto de deshacerse al sentarse en ellas. La afluencia de público y prensa a las proyecciones da para un debate eterno. Se destacaba por las redes los llenos. En mi experiencia y asistiendo principalmente a pases con público e incluso de entrada libre, han sido contadas las ocasiones en que las salas estaban completas. Aunque supongo que algunos dirán que es lo normal siendo secciones paralelas, algunos de esos llenos se dieron precisamente en esas secciones. Lo que para mi deja claro que es el tipo de películas que se incluyen en ellas lo que afecta al interés del público y no otra cosa.

Sin más te dejo con mi lista de lo que para mi fue lo mejor de la pasada edición del Festival de Sevilla:

  1. Scarred Hearts (Radu Jude)
  2. Daydreams (Caroline Deruas)
  3. Miss Impossible (Émilie Deleuze)
  4. Safari (Ulrich Seidl)
  5. Heartstone (Guðmundur Arnar Guðmundsson)
  6. Ikarie XB-1 (Jindřich Polák)
  7. The Apple of My Eye (Axelle Ropert)
  8. Pasaia bitartean (Irati Gorostidi)
  9. El último verano (Leire Apellaniz)
  10. Los mutantes (Gabriel Azorín)

Un abrazo y hasta la próxima,

Ramón Rey.