Pays (Boundaries)

Pays (Boundaries) (Chloé Robichaud, 2016)

Uno de los más destacados alicientes en el Festival de Gijón, del que ya hemos comentado anteriormente otros aciertos y aspectos mejorables, hay que buscarlo en la amplitud de elecciones que ofrecen siempre sus secciones paralelas. A la revitalizada categoría Gran Angular, que aporta a la programación una notable serie de películas con gran éxito en otros certámenes internacionales –sobre todo Cannes–, ya con proyecciones previas en el circuito español, hay que sumar los habituales contenedores específicos dedicados a la animación y el cine de género –principalmente cosecha de Sitges–. Pocos de los cinéfilos informados se extrañarían al comprobar que este año han destacado en los corrillos de tierras asturianas títulos como Aquarius, The Neon Demon o La tortuga roja, todos ellos con distribuidora asignada para su estreno en España, cuya selección se presentó tan enormemente agradecida como poco sorprendente.

Visto así, Llendes y Rellumes ofrecían un panorama radicalmente opuesto, abierto a directores tanto consagrados como emergentes de todas las procedencias, ignorando el etiquetado de su labor. Ambas selecciones se caracterizan por estar confeccionadas a partir de obras inéditas en nuestro país, que podrían tener cabida y sobre todo más notoriedad en Sección Oficial, pero que se ven relegadas por necesidad a estos espacios no competitivos. Escoger una película de estas secciones suponía aventurarse en una apuesta a cara o cruz, y siendo así se encajaba con muchísimo más entusiasmo obtener una recompensa en forma de autor revelado. Hubo espacio para obras tan estimables como Una novia de Shanghai –de Mauro Andrizzi, habitual del festival en el pasado y ya comentada–, la también destacada La luz incidente o la triunfadora en Rotterdam Radio Dreams, desenfadado relato del exilio afgano a través de un grupo musical de Kabul y sus aspiraciones de reunirse con Metallica en un programa radiofónico. En este ámbito tan saludable de descubrimiento nos sobrevino en el último pase del festival, como colofón a ocho días de cine, otro título de esencia reivindicable, al que dedicar por méritos propios los siguientes párrafos.

Pays (Boundaries)

Pays (Boundaries) (Chloé Robichaud, 2016)

Ahora que Denis Villeneuve, Xavier Dolan y Jean-Marc Vallée están en boca de todos, quizá sea hora de echar una mirada decidida a otro cine quebequés, preocupado por transmitir la identidad de la región y que no cuenta con el mismo altavoz. La joven Chloé Robichaud, que golpeó en Cannes hace tres años con su debut Sarah prèfere la course, podría postularse como una firme candidata no ya a seguir los pasos de los autores citados, sino a construir una carrera de marcada identidad propia. Pays (Boundaries), su segundo largometraje, nos acerca a la crisis diplomática que sufre el pequeño país ficticio de Besco, en cuyas interminables reuniones coinciden la presidenta de su gobierno, una diputada canadiense y una mediadora enviada por los Estados Unidos. El convulso y localista escenario se revela pronto casi como una excusa para desarrollar el aspecto más interesante del film, que no es otro que mostrar a tres mujeres, cada una de ellas con su parcela de poder, desenvolviéndose en un medio por lo general condescendiente con ellas y sus dudas personales.

Robichaud flirtea con el tono de un drama sutilmente feminista, no desprovisto de sátira política. Así logra despiezar un asunto tan recurrente en la actualidad y sin embargo ignorado en el cine, como la conciliación laboral y familiar, sin alzar la voz argumentalmente ni querer erigirse en un tratado. Mientras en su debut se aproximaba a los miedos de una joven atleta acosada por el cambio personal que suponía un salto en su carrera deportiva, aquí desliza su inquieta cámara hacia las implicaciones del compromiso profesional en las relaciones sentimentales y familiares –o la ausencia voluntaria de ellas–. Sin ser una obra redonda, la sugerente dirección y ante todo la precisión en las líneas temáticas de Pays hacen vaticinar que Robichaud podría firmar una aún más sólida en el futuro. Si la creciente tendencia de tantos espacios es brindar atención a películas nimias por el calado de los asuntos que abordan, la canadiense se revela como una autora emergente que la reclama de verdad, a la vez que pone sobre la mesa a personajes femeninos asolados por problemáticas desgraciadamente infrecuentes en la pantalla.