Cinema Novo

Una idea en sus mentes, una cámara en sus manos, y la ambición de cambiar el mundo.

Cinema Novo (Eryk Rocha, 2016)

A lo largo de la historia del cine han surgido diversas corrientes vanguardistas que supusieron una ruptura con los estándares establecidos, creando una estética y narrativa transgresora que replantea, en algunos casos, los cimientos de la concepción cinematográfica. En ocasiones este cisma viene precedido por un clima político y social turbulento en el que el cine actúa como elemento reivindicativo con el fin de establecer un manifiesto ideológico-cultural revolucionario a favor de las clases más desfavorecidas de la sociedad.

Cinema Novo -ganador del premio al mejor documental L’Oeil d’Or 2016 en el pasado festival de Cannes- es un ensayo crítico que nos muestra extractos de más de 130 trabajos de los más relevantes cineastas brasileños de los años cincuenta y sesenta, recogiendo, además, sus propias reflexiones, ilustrando y describiendo así el período creativo que dio lugar a uno de los movimientos culturales más fértiles de América Latina. Bajo el lema “Una cámara en la mano y una idea en la cabeza”, realizadores como Nelson Pereira Dos Santos, Joaquim Pedro de Andrade, Ruy Guerra o Glauber Rocha (padre del autor del documental) conformaron una generación que se lanzó a las calles postulándose en la idea de reflejar la realidad de un país sumido en la miseria, la represión y las desigualdades sociales, dándole voz a los oprimidos en films que muestran con honestidad y crudeza, por ejemplo, las vivencias de los campesinos en el paisaje suburbano, siendo ellos mismos los que aparecen en pantalla, sin necesidad de interpretar un papel más allá del suyo propio, en favelas que hacen las veces de plató de rodaje. De esta manera el cine se fraguó como arma con la que combatir al sistema dictatorial que se instauró tras el golpe de estado militar de 1964.

Cinema Novo (2)

Si analizamos las películas del Cinema Novo, podemos comprobar como la estética viene determinada por el concepto primigenio de filmar lo real, con lo que todo lo que vemos está definido por la naturalidad, la cámara no es más que el ojo con el que se mira y el montaje una forma de discurso con la cual expresar lo contemplado, asentándose así una unidad estilística común en cada uno de los autores. Una fórmula que apuesta por la narración de unos hechos históricos que en su representación se entregan al poder de la imagen para expresar mensajes influyentes que a través de emociones consiguen conmover y alterar las conciencias de cada individuo. Es evidente las influencias hacia otras corrientes similares como el Neorrealismo italiano o la Nouvelle Vague, -compartiendo características en las exigencias dogmáticas al servicio del naturalismo y en el mensaje retórico y testimonial de voluntad subversiva- sin embargo estos parecen que muestran una mayor preocupación formal en su planteamiento, con afán de buscar un lenguaje con el cual romper con las reglas cinematográficas clásicas con el fin de descubrir nuevas narrativas y formas fílmicas, desde personalidades de gran envergadura mundial como Rossellini o Godard que ya por sí solos marcan una impronta en sus obras que los hace identificables. Quizá por ello sus films carecen de mayor empaque en lo que a ser fiel a la realidad se refiere. En lo que no existe duda es que el Cinema Novo se constituye como la muestra perfecta de arte y revolución, de un valor periodístico incalculable, reflejo de la pulsión agitada de una generación que realizaba películas por y para el pueblo, aunque este le diese la espalda, bien por estar habituado a un cine estándar o bien por querer mirar hacia otro lado.

Sin apenas infraestructuras y medios de exhibición, películas como Vidas secas (Nelson Pereira dos Santos, 1963), Deus e o diabo na terra do sol (Glauber Rocha, 1964) u Os fuzis (Ruy Guerra, 1963) consiguieron cruzar el océano hasta llegar a tener acogida y reconocimiento en los festivales de Cannes y Berlín. El Cinema Novo desapareció dando lugar a otra expresiones artísticas pero el mundo tuvo la posibilidad de comprobar que otras propuestas eran posibles, dejando a su paso obras de calidad incuestionables, en una época que reclamaba la necesidad de ser filmada y que quizá sin el cine hubiese quedado olvidada. Con este documental, Eryk Rocha recoge el testigo en la actualidad para reivindicar imágenes iconográficas de gran fuerza expresiva como aquella de Fernanda Montenegro bajo la lluvia en la extraordinaria A falecida (Leon Hirszman, 1965). Un retrato certero del clima emocional que imperaba en Brasil en la década de los sesenta.

Por Juan Salinas Quevedo