No creo que en Westworld escogieran el viejo Oeste como tema central de su parque de atracciones para adultos por casualidad, no existe un género cinematográfico que destile mayor misoginia que el Western. Desde hace un tiempo, cada vez que me siento a ver una película o una serie, no puedo evitar analizar el papel que juega la mujer y, aunque pueda parecerlo, no es una cuestión de ideología. Me gusta lo audiovisual y me gusta que me sorprendan. Consumo muchísimas horas de cine y televisión y ver constantemente a la mujer como madre, hija, víctima, amante o femme fatale cansa, y cansa mucho. Convivo con decenas de mujeres de éxito, casi es una excepción la que dedica su vida entera a la maternidad, así que no es tanto pedir que nuestro género interprete papeles adecuados a sus circunstancias actuales. Un buen amigo que se dedica a esto de escribir guiones me ha dicho que si no se tiene mentalidad feminista ya no se puede hacer buena ficción, y tiene razón. Pues bien, en Westworld se tiene conciencia feminista. Como primer detalle, si os fijáis en la imagen promocional que recuerda a El Hombre de Vitruvio, el cuerpo no parece tener genitales y diría que las mamas están desarrolladas.

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Westworld

Voy a intentar no soltar demasiados spoilers, pero para el análisis que quiero hacer necesito relatar algunas escenas o detalles de los primeros capítulos. Pido perdón por adelantado. Si prefieres llegar virgen a la serie deja de leer in this moment.

Esta producción de HBO se sitúa en un futuro que no parece lejano. Robert Ford (Anthony Hopkins) es un científico que ha desarrollado unas máquinas robóticas a nuestra imagen y semejanza que además pueden sentir emociones elaboradas más allá del amor y el odio. A primera vista no hay ninguna diferencia entre ellos y nosotros. Estos nuevos seres viven dentro de Westworld, un parque temático en el que los humanos se divierten dejando libres sus instintos más bajos. Pueden matar, violar, torturar, beber, participar en orgías o convertirse en los héroes de las tramas que los guionistas del parque han preparado.

Ya en el primer capítulo llamó mi atención algo que hace unos cinco años me hubiera pasado totalmente desapercibido: este parque está diseñado solo para hombres. Toda la diversión está planificada sobre los gustos clásicos del género masculino. Los vaqueros, las pistolas, las prostitutas, las damas en apuros… Lo curioso es que hay un par de escenas en el andén del tren que traslada a los huéspedes al interior de Westworld en el que sí vemos a mujeres. Está claro que se dirigen al parque, ese tren no lleva a ningún otro sitio, aunque luego no se las vuelve a ver el pelo. No estoy haciendo una crítica negativa, al contrario, creo que los guionistas han hilado muy fino, me identifico profundamente con estas mujeres que aparecen apenas unos segundos en las nueve horas que dura la serie y que se dirigen hacia una diversión que no está en absoluto planeada para ellas. Desde el día en que tomé conciencia feminista todo mi mundo cultural, mis escritores malditos, mis directores intocables, toda mi educación sentimental se ha ido derrumbando. Nada de lo que tantas veces había recomendado y que había forjado mis creencias y mi personalidad estaba hecho para mi. Es más, mucho de aquello estaba contra mi. Cronenberg, Philip Roth, Houellebecq o el Marqués de Sade, todos ellos unos misóginos de mucho cuidado, unos perfectos hijos de la gran puta que de haber coincidido en el tiempo no me hubieran querido para otra cosa que no fuera taparme los agujeros o remendarles los calcetines. Poco a poco me di cuenta de que había transformado estas realidades que consumía en forma de libro o película y las había adaptado a mi, las había hecho mías y no me había parado a pensar en la visión de mi género que se construye sobre ellas. Había recomendado libros en los que se aseguraba que las mujeres solo servíamos como objetos de deseo y como tal debíamos de comportarnos, en los que se nos llamaba putas y nos castigaban por mostrar nuestro deseo sexual, en los que encarnábamos el mal y éramos Pandoras que traían la desdicha de quien nos rodeaba. Durante mucho tiempo me tragué aquel cuento de que el castellano utilizaba el masculino como neutro, hasta que me di cuenta de que quien creaba esa norma tenía una visión muy diferente de la mía. Ese argumento solo es una forma de esconder que el mundo, tal y como está diseñado, es para ellos. Prestad atención cuando leáis y lo veréis claro, hay palabras que los delatan. Si escribes utilizando el neutro pero de repente sueltas un “no lo paguéis con vuestras mujeres”, ahí queda retratado que estás escribiendo solo para ellos. Este ejemplo concreto es de Instrumental de James Rhodes, plagado de deslices por el estilo. No es que estuviera leyendo a Flaubert o a cualquier otro del siglo XIX, Rhodes publicó su libro el año pasado, pero las cosas en este sentido no han cambiado demasiado. Desgraciadamente.

James Marsden y Evan Rachel Wood en Westworld

James Marsden y Evan Rachel Wood en Westworld

Así se articula la vida en el interior de Westworld. Las tramas están protagonizadas por hombres proscritos, por el alcalde, jugadores de cartas, rancheros, un joven enamorado que lo da todo por su amada o salvajes que protegen sus tierras. Mientras tanto los humanos van a divertirse y entre bala y bala, les entra – así lo dice literal uno de los participantes – otro tipo de apetito y es entonces cuando, por fin, las mujeres son las protagonistas. En Westworld hay una princesa y muchas rameras que bajan braguetas y sacan dinero para gastar en un par de tragos.

Sin embargo, como ocurre en nuestro mundo, en el laboratorio donde se crea la ficción y el entretenimiento, sí hay féminas en puestos de responsabilidad. Theresa Cullen (Sidse Babett Knudsen) y Charlotte Hale (Tessa Thompson), la directora ejecutiva, son quienes deciden las estrategias que determinarán el futuro del parque. En una escena, Charlotte está follándose a un robot en su habitación de hotel cuando Theresa llama a su puerta. Charlotte abre, aun sudando, y la invita a pasar. Se sientan y charlan. El robot está atado a la cama amenizando la reunión con la visión de su torso desnudo. Este momento es completamente inverso a la ficción en la que trabajan. Mientras que sus compañeros de trabajo sí pueden bajar a Westworld a pasar unos días de vacaciones, ellas tienen que conformarse con llevar la diversión a su cuarto, a escondidas, allí donde nadie más sabe lo que sucede. Así no serán juzgadas y podrán desarrollar su trabajo sin que nadie las condene por su vida personal o haga chistes al respecto. El ocio, el ocio que implica orgasmos, alcohol y ser un cretino o un gañán por tiempo limitado, por lo que se ve, solo le pertenece a la mitad de la población mundial. Como dijo Madonna en su discurso al recibir el premio a la Mujer del año 2016 en los Billboard Women In Music “David Bowie me hizo pensar que no había reglas, pero estaba equivocada. No había reglas si eras un chico. Si eres una chica tienes que aceptar el juego. No compartas tus fantasías sexuales con el mundo.”

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Sidse Babett Knudsen y Tessa Thompson en Westworld

Los humanos pueden acabar con la vida de los robots anfitriones durante el juego, después los recoge un equipo que les lleva a una sala donde reconstruyen la carne y las piezas dañadas, comprueban que su sistema está en orden y les devuelven al falso Oeste. Algunos acumulan miles de vidas pasadas en las que incluso interpretaban otros personajes. Un fallo en las actualizaciones de los robots les permite tener recuerdos que, como imaginaréis, no son nada agradables. Si llegan a identificar al agresor responden con resentimiento. Empiezan a tener conciencia de si mismos y de su pasado. Cuando Maeve Millay (Thandie Newton), una prostituta negra y dueña del burdel, empieza a recordar distintos episodios de su existencia ya no puede conformarse con vivir en el día de la marmota, con participar de esa mentira creada para satisfacer a los demás. Su objetivo se centra en reclutar a otras máquinas, en abrirles los ojos y lograr escapar. No puede ser casualidad que todas las máquinas que se hacen planteamientos similares al de Maeve sean mujeres, y es que, nadie quiere jugar a nada en que su personaje sea siempre el peor parado.

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Thandie Newton en Westworld

Westworld actúa como un Caballo de Troya. Debajo de todos esos sombreros de cowboys y de la carne artificial se esconde la historia de la humanidad desde el punto de vista femenino, ese que siempre se olvidan de enseñar en los libros de texto. Aparenta ser una distopía pero no veréis en televisión nada que sea tan actual. Hay que felicitar a los creadores porque muchos cuñaos con la boca llena de “ni machismo ni feminismo” la aplaudirán. La revolución, queridas amigas, será feminista o no será.