Moonlight

Está acaparando buena parte de la atención de la cada vez más perezosa temporada de premios y, a diferencia de muchas de sus compañeras de nominaciones y flashes, en su carcasa no hay estrellas rutilantes ni un envoltorio llamativo. La potencia de Moonlight se cimenta en su uso del lenguaje cinematográfico, en una estructura marcadamente elíptica y orientada a elaborar un retrato a la altura de una identidad compleja, la de un chico de Miami cuyo confuso viaje hacia la edad adulta se ve catapultado por el entorno de pobreza y violencia en el que se desenvuelve. Una pregunta parece obligada, ¿qué es lo que queda en el fondo de este tríptico de Barry Jenkins, que como un invitado extraño se ha colado en un escenario habitualmente reservado a obras con arcos dramáticos muy distintos?

  1. Little

En la secuencia que abre Moonlight, el movimiento circular de la cámara durante una discusión callejera atestigua la presencia de un espacio mísero, marcado a fuego por las tensiones urbanas y la ausencia de cobijo. De ese escenario surge Little, un niño perseguido por unos matones, en cuyos aún inocentes ojos se puede palpar el miedo. Su destino queda unido para siempre al de Juan, la figura con la que se abría pocos minutos antes la película, que asumirá su tutelaje ante la ausencia materna. Este comienzo, brevemente descrito, termina resultando crucial para el devenir posterior del segundo largometraje de Barry Jenkins –cuya previa Medicine for Melancholy (2008) tuvo una acogida mucho más tímida–. Little atraviesa un momento clave para la conformación de lo que será su identidad, acosada por la crudeza de un entorno que compromete seriamente el desarrollo de una sensibilidad propia. Juan cuenta al pequeño que llegará un momento en su vida en el que le tocará construir una identidad personal, decisión que no compromete a nadie más y todavía lejana a ese justo instante, en el que la bofetada de los primeros sinsabores se apacigua con el hallazgo de vínculos indelebles. Tras este primer tercio, con la cámara asumiendo una posición inestable sin renunciar a interludios musicales que denotan una fuerte voluntad de lirismo, descubrimos que Moonlight va a versar sobre la confección de la identidad de ese chico vapuleado, acotada en tres segmentos esenciales para conocer algo parecido a su verdad. O, en otras palabras, el papel que asumirá ante un mundo que no parece albergar un lugar seguro para su naturaleza última.

Moonlight (2)

  1. Chiron

Tras un abrupto corte a negro, Little aparece ahora en la clase del instituto. Ya no es aquel niño y todo el mundo se refiere a él como Chiron, su nombre verdadero. En la primera elipsis se revela que Moonlight construye su discurso en torno al vacío de información existente entre las diferentes etapas vitales, segmentando una identidad mutante en momentos independientes entre sí: tres nombres, tres intérpretes, tres máscaras. Jenkins cita como referente al Hou Hsiao-Hsien de Tiempos de amor, juventud y libertad (Three Times, 2005), muy presente en la estética de las escenas de interiores. Pero aquí el corte abrupto no se presta a ser el misterioso agujero negro que supone en el cine del taiwanés, sino que sirve a la narración de un coming-of-age de corte más clásico, con lo que la cita termina siendo esencialmente superficial. En un año en el que la mayoría de películas oscarizables se definen por el celofán que envuelve sus difusos contenidos, resulta inevitable cuestionarse si el éxito entre los académicos y el establishment de la película de Jenkins viene dado por los escollos que enfrenta en este segundo tramo, tan eficiente y auténtico en su descripción del primer encuentro sexual –a la postre secuencia medular del film– y las dinámicas de iniciación en la masculinidad como algo más grueso al retratar la violencia escolar, con algunas gratuidades en la escritura del conflicto. Se puede y debe elogiar a Jenkins, criado en esas lides, por rehuir el temible cliché asociado a la representación de la marginación –en una triple vertiente: Little/Chiron/Black es negro, homosexual y pobre–, pero su mérito principal no es ese, ya atribuible a otros autores lejanos a Hollywood empezando por Charles Burnett, sino el de saber mostrarla sin necesidad de regodearse en la obviedad de la miseria: en Moonlight, que abunda en planos sobre el rostro de los protagonistas, el opresor es invisible y no tiene otro que el del conflicto existencial.

Moonlight (3)

  1. Black

Cuando el Chiron adulto despierta bruscamente de un sueño, se llama Black y ha logrado sobrevivir en la jungla gracias al tráfico de drogas. Esa existencia imprevisible y desoladora ha cristalizado en el completo abandono de su vida anterior: diez años sin ver a su amigo del alma Kevin le golpean tras una llamada telefónica. Jenkins termina por desbocarse estilísticamente, con unos encadenados musicales que evocan al que se presume su otro gran referente visual, el excesivo y sensual Wong Kar-Wai de Happy Together (1997), pero en esta ocasión lo hace por primera vez en un tono que se siente plenamente acorde a su retrato de la renuncia vital y el deseo oprimido, más que a intentar epatar y encajar un catálogo de referencias chocantes en una narración más bien directa y seca. Un reencuentro tenso refrenda los porqués de la estructura elíptica como acertado motor de la película de Jenkins, que revela un gusto por el detalle descriptivo francamente apreciable –las fundas dentales, la polución nocturna– y una plena coherencia de su discurso con la forma de narrar, esencialmente construida sobre las pérdidas que comporta avanzar etapas vitales. Este brillante último acto no sepulta algunas de las nimias carencias direccionales de Moonlight, que adolece de cierta indecisión tonal entre las distintas partes de un relato tendente al adorno, pero sí la eleva una categoría más allá de la modesta obra de fondo noble que se intuía en sus primeros compases. No hay pocos matices en esa confesión afectiva final de Black, ya perdido en el laberinto de un existir a la fuerza camaleónico e indefinido: como revela la última imagen infantil, detrás del estereotipo gangsteril yacía originalmente algo auténtico que se ha ido difuminando, oculto en las fallas que propicia el paso del tiempo. Ahora, después de tantos años y experiencias amargas, ¿cuál de los tres fragmentos que hemos visto tiene más del verdadero Chiron? ¿Quién es él?