<em><strong>Estiu 1993</strong></em> (Carla Simón, 2017)

Estiu 1993 (Carla Simón, 2017)

En el cuarto día desde la Berlinale llegó en la sección Generation la proyección de Estiu 1993 (Carla Simón, 2017), una ópera prima de producción española y habla catalana que cuenta cómo la pequeña Frida —una niña de seis años—, comienza a vivir una nueva vida con sus tíos en un pueblo tras perder a su madre. Abandonar el apartamento en la ciudad supone también cortar los lazos con toda la gente que conoce y su adaptación a una nueva familia, costumbres, entornos y personas no es nada fácil. Carla Simón recompone su propio relato personal a través de un planteamiento naturalista, observando con su mirada pequeños momentos dispersos en el tiempo de un verano que marca a su protagonista para siempre. Es en esa sencillez al capturar la autenticidad de la existencia de sus personajes donde reside su principal valor, como unas interpretaciones infantiles de unas niñas (Laia Artigas y Paula Robles) que parecen extraídas directamente de un video doméstico casero de la época.

Al mismo tiempo que en sus imágenes parece negar la necesidad de un sentido prestablecido en su narración —tal como la vida misma—, se van enseñando instantes que aclaran poco a poco lo ocurrido y perfilan la evolución entre los fundamentos de las complicadas relaciones con su nueva hermana pequeña y sus nuevos padres. Además de utilizar lugares, personas y símbolos recurrentes que le otorgan una estructura que emerge de ese aparente caos en el que está sumergida. Los juegos, las tareas domésticas, la socialización con otros niños, la música,… El film erige un universo infantil propio completo y de múltiples capas que evoca a cintas como Cría cuervos (Carlos Saura, 1976) o El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973), con el proceso de Frida de aceptación de la muerte como eje principal sobre el que se elaboran con sutilezas, miradas y silencios su estado emocional y su psicología, siempre enfrentada a lo que la rodea.

<em><strong>Estiu 1993</strong></em> (Carla Simón, 2017)

Estiu 1993 (Carla Simón, 2017)

La incapacidad para asumir todavía la muerte de su madre se explora con una extraña delicadeza y ternura, pero evitando la condescendencia. Algo coherente con un punto de vista que siempre sigue a Frida y cuya perspectiva mantiene hasta el final. Esta situación excepcional que le obliga a crecer y tener contacto con un mundo de adultos se exhibe desprovisto de artificios formales y buscando una imagen directa, un realismo total que a la vez desprende cierta atmósfera de ensoñación. Porque esta historia que podría ocurrir en cualquier lugar y año posee unas coordenadas espaciotemporales muy concretas: los recuerdos de su directora. Unos recuerdos utilizados como materia para la creación del cine. Un cine que sirve aquí de ejemplo concreto como herramienta para la construcción de la memoria —expandida, enmarañada, interiorizada, idealizada o no, puesta al alcance de todos visualmente— sobre una base temática universal explicada desde lo más específico y único.