<em><strong>Bones of Contention</strong></em> (Andrea Weiss, 2017)

Bones of Contention (Andrea Weiss, 2017)

El cine existe como una poderosa herramienta que permite crear imágenes a partir del recuerdo y al mismo tiempo construir una memoria —personal o colectiva— a partir de sus fotogramas. Esta idea era la que inspiraba otra de las películas que se pudieron ver en esta última edición de la Berlinale como Estiu 1993 (Carla Simón, 2017). En la décima jornada del festival y dentro de la sección Panorama el documental Bones of Contention (Andrea Weiss, 2017) utiliza esta capacidad del séptimo arte para extraer del olvido el sufrimiento de la represión que padeció la comunidad LGBT+ durante la época del franquismo en España. Utilizando como hilo conductor el asesinato del poeta Federico García Lorca y la búsqueda de sus restos, Andrea Weiss recompone uno de los múltiples aspectos de la reciente historia de nuestro país que han quedado sepultados por la transición democrática y los que la llevaron adelante. Igual que todas esas víctimas del golpe de Estado militar, la subsiguiente Guerra Civil y una dictadura de cuarenta años que quedan todavía sin identificar en las fosas comunes repartidas por toda la geografía del territorio del estado español.

Con declaraciones de testigos directos de la persecución institucionalizada por el gobierno franquista de quienes se desviaran de los principios morales regidos por el nacionalcatolicismo, imágenes de archivo y entrevistas a expertos en la recuperación de la memoria histórica y la lucha por la igualdad y la visibilidad de los miembros de la comunidad LGBT+, Bones of Contention intenta crear una modesta panorámica retrospectiva de lo que supuso para una parte significativa de la población no encajar en el modelo de sexualidad y familia impuesto desde intolerantes criterios religiosos. Este análisis especifico abarca también la dimensión global del concepto de la memoria histórica y el olvido impuesto desde nuestra clase política que afecta no sólo a esta comunidad, sino a todas las víctimas de un régimen cuyo legado sigue presente en nuestra vida cotidiana. Un legado que es imposible superar mientras no se reconozcan y haga justicia sobre las víctimas, los crímenes y sus perpetradores.

Narrado por la voz de Miguel Ángel Muñoz, que recita poemas de Lorca integrados en su metraje y sirve de guía durante el resto del film, se propone una reflexión sobre la figura de Lorca como icono LGBT+ que no debe ocultar a esos otros miles de casos de individuos que acabaron como él, fusilados y perseguidos por sus ideas. Una reivindicación universal que aquí se concreta a través de la imposibilidad de vivir en libertad la propia sexualidad e identidad, llegando a ser encarcelados y tratados como parias sociales incapaces de encontrar puestos de trabajo y forzados a ejercer la prostitución para poder sobrevivir por el simple hecho de no entrar en la norma. Memoria, justicia y paz en oposición al olvido, el dolor y el resentimiento todavía vigentes por la imposibilidad de reconciliar la realidad tal como se se sigue recordando con la historia. Porque Lorca eran todos.

<em><strong>Self-criticism of a Bourgeois Dog</strong></em> (Julian Radlmaier, 2017)

Self-criticism of a Bourgeois Dog (Julian Radlmaier, 2017)

Y dentro de ese contenedor de nuevos talentos del cine alemán que es Perspektive Deutsches Kino, que debe servir para echar un vistazo al futuro de su cinematografía, este año se hacía especial hincapié en la generación millennial tanto a nivel de temática como en la inclusión de un buen número de cineastas que entran dentro de esa etiqueta por su edad. Self-criticism of a Bourgeois Dog (Julian Radlmaier, 2017) es un buen ejemplo de ello desde una propuesta visual extraordinaria que desarrolla un discurso crítico a través de una sátira finamente elaborada en los diálogos y elevada por una puesta en escena que potencia los gags visuales desde un preciso sentido del espacio en una muy medida fotografía de relación de aspecto 1,37:1 que explota la profundidad de campo como recurso narrativo omnipresente. En ella Julian es un joven director de cine frustrado que se ve obligado a trabajar como recolector de fruta en una plantación de manzanos y utiliza su situación para intentar ligar con una chica canadiense con la que hace pasar su labor por investigación para una nueva película en la que ella podrá ser la protagonista.

Todo esto contado por un galgo que explica a la audiencia las peripecias que le han llevado a convertirse en un perro y que da una dimensión del característico humor que rezuma cada secuencia del film. Utilizando la plantación y sus trabajadores como una metáfora del sistema económico actual, la explotación de los mismos y la lucha por mejores condiciones laborales, la alienación del proletariado y la conciencia de clase son tratados desde una perspectiva caricaturesca que alcanza a su propio protagonista y director. Si el dibujo irónico de la revolución comunista que pretenden buscar los personajes recuerda de manera paródica a obras como La Chinoise (Jean-Luc Godard, 1967) o de forma más inmediata a Week-End (Jean-Luc Godard, 1967), su protagonista parece moldeado a imagen del propio Godard, como ese individuo de origen y aspiraciones burguesas que apoya hipócritamente un movimiento que no deja de criticar y deslegitimar desde una posición de superioridad intelectual.

La reducción al absurdo de la aproximación crítica hacia los jóvenes y su reacción contra el sistema neoliberal provocada por la crisis financiera lleva a una idea aún más alocada: comunismo sin comunistas. Se pretende cambiar la estructura de poder, pero no vale con sustituirla por otra: es necesario eliminarla por completo. Y mucho menos hacer sacrificios por esa transformación política, todo tiene que ser inmediato sin tener en cuenta los procesos históricos necesarios para que algo así pueda ocurrir. De facto, todo el activismo político del relato resulta periférico al personaje interpretado por Julian Radlmaier. Alguien que únicamente observa siempre desde la distancia para aprovechar lo que pueda de la situación sin necesidad de comprometerse con la causa. A fin de cuentas lo que le mueve únicamente es su bienestar individual y sus intereses egoístas. Una falta de ideales y un sentido de la autoconservación que es presentado como el verdadero enemigo interior a derrocar para que cualquier tipo de cambio social pueda triunfar.