Selfie (Víctor García León)

En la primera jornada del Festival de Málaga se pudo ver dentro de la Sección Oficial a concurso el largometraje Selfie (Victor García León), concebido en la idea de fotografiar con irreverencia y naturalidad el clima social, moral e ideológico de un sector de la juventud española actual. Un falso documental que nos hace observar la vida desde el punto de vista de Bosco, un joven hijo de ministro al que imputan por corrupción y malversación de bienes públicos lo que desemboca en el desahucio de la lujosa vivienda familiar de la Moraleja. Sin nada a lo que ampararse, el personaje principal -interpretado por un extraordinario Santiago Alverú-, debe tomar las riendas de su vida sufriendo unas carencias económicas hasta el momento nunca padecidas teniendo que adaptarse a vivir en un piso compartido en Lavapiés, manteniendo una relación sentimental con una chica invidente o yendo a pedir trabajo a la sede de Podemos. Un cambio radical que nos muestra la triste y pesimista situación en la que se encuentra un país dominado por las desigualdades e injusticias. Un argumento ligado a la actualidad y que sirve de intrahistoria del que podría ser perfectamente el caso real de Bárcenas, Urdangarín o cualquier otro que abra los telediarios cada día con escandalosos acontecimientos.

Sin embargo, Víctor García León opta por alejarse de cualquier tipo de discurso derrotista o reivindicativo y carga el relato de sátira corrosiva con la que provocar emociones encontradas que convergen en una mezcla de carcajada, lástima y  vergüenza ajena. Así, el drástico “descenso a los infiernos” no reformula la trama del film con deseos adoctrinadores sino que hace que seamos testigos de la delirante actitud y vivencias de un personaje en un entorno y un modo de vida en las antípodas del suyo. Con descarada insolencia y con la sana capacidad de reírse de las desgracias propias, el director encarrila el film por la senda del gag bien construido -con cameo memorable de Esperanza Aguirre en un mitin del PP- encargado de llevar el peso y el ritmo de la narración. No obstante, es llegados a ese punto, donde aparece la nota discordante, la chispa inicial se va apagando lo que denota una incapacidad para mantener el nivel de comedia a lo largo de todo el metraje, un tour de force no del todo superado.

La improvisada puesta en escena y las constantes miradas a cámara refuerzan el sentido testimonial de la película y nos hace partícipes directos de la situación de un país del que todos somos responsables. Bosco representa a la figura del antihéroe en la narrativa clásica, quizá debamos plantearnos qué papel es el que desempeñamos nosotros y qué normas son las que nos rigen. Una propuesta valiente, inteligente y sin pelos en la lengua.

Nieve negra (Martín Hodara)

Por otro lado, y siguiendo con la programación de la Sección Oficial, nos encontramos con Nieve Negra (Martín Hodara), un oscuro thriller que nos lleva al gélido paraje nevado de la Patagonia para contarnos la historia de dos hermanos (Ricardo Darín y Leonardo Sbaraglia) cuyo reencuentro tras varias décadas sin verse estará condicionado por los acontecimientos ocurridos en el tormentoso pasado. Una sangrienta historia plagada de secretos y mentiras que se van revelando a lo largo de una narración cuya estructura recurre al flashback para ir desenmarañando los conflictos de la trama.

El director argentino -en declaraciones efectuadas en la posterior rueda de prensa- revela sus influencias cinematográficas más evidentes (Kubrick, Welles y Polanski) lo que quizá explique la artesanía con la que construye un film atrayente con la fuerza dramática necesaria para generar interés en la resolución final del conflicto pero que, aun así, las buenas intenciones terminan por ceder a la ambición por elevar la propuesta hasta niveles más elevados, lo que desemboca en infructuosos giros argumentales que sólo engorronan el sentido de la película. Ni el buen hacer del dúo protagonista y la compañía de la genial Laia Costa, que pone el contrapunto cálido dentro de la predominante frialdad comunicativa, consiguen hacer que trascienda una vez que se abandona la sala.

Esta coproducción hispanoargentina, realizada con grandes medios de producción como manifiesta su ostentosa puesta en escena, suponemos que gozará del tirón comercial necesario como para cosechar buenas cifras en su estreno aunque quizá no se le atribuyan grandes méritos por parte de un sector del público más exigente.