No sé decir adiós (Lino Escalera)

Arrancamos con la tercera crónica del Festival de Málaga con el pleno convencimiento de haber asistido, por un lado, a una de las mejores películas proyectadas este año, y por otro, a la que más polémica va a suscitar, tal y como se prevé. Intensas y dispares sensaciones las vividas hoy en la Sección Oficial. Además, una jornada marcada por el reencuentro, veinticinco años después, del elenco de la mítica Belle Époque (Fernando Trueba, 1992) con motivo de la presentación del libro homenaje a la cinta ganadora del Oscar en la ceremonia de 1993.

No sé decir adiós (Lino Escalera) irrumpe en la programación como una de esas muestras que aumentan cualitativamente un festival como el de Málaga. La obra protagonizada por los extraordinarios Nathalie Poza, Lola Dueñas y Juan Diego nos habla sobre el proceso de pérdida de un padre tras serle diagnosticado un cáncer que lleva a acaparar la atención y cuidado por parte de sus dos hijas. Un enfrentamiento inevitable con la muerte y una incapacidad para afrontar la despedida, que conduce a la negación como forma de canalizar sus sufrimientos.

Sin caer en tremendismos dramáticos y desde la más absoluta contención, Lino Escalera compone un relato sobrio capaz de reflejar con total autenticidad el duelo por el que han de pasar sus personajes, con diálogos portadores de varias capas de subtexto que consiguen hacernos comprender las latentes emociones. Así, con absoluta precisión dramática, se confecciona una película de huida, que desarma y desgarra, hasta llegar a un desenlace tratado con una maestría y una inteligencia como no se recuerda en mucho tiempo.

La ovación prolongada (rondando los cinco minutos y en presencia de unos conmovidos actores) y unánime del público -que la pudo ver en el estreno del Teatro Cervantes-, denota la calidad de esta obra maestra.

Me estás matando Susana (Roberto Sneider)

Cambiamos completamente de registro y de sensaciones, en este caso, para hablar de la mejicana Me estás matando Susana (Roberto Sneider), una comedia romántica formulada sin muchas pretensiones que nos cuenta las andanzas y desventuras de un carismático Gael García Bernal recorriéndose México y Estados Unidos para ir a buscar a su mujer (Verónica Echegui), la cual lo ha abandonado sin dar explicaciones, decidida a emprender una nueva vida en un país distinto. El viaje iniciático le lleva a todo tipo de problemas con la seguridad americana tras cometer pequeñas infracciones dadas por las circunstancias adversas con las que se encuentra por el camino.

En un primer momento, el relato se postula en la comedia fácil y naif de un humor que se erige como una oda al fracaso del protagonista. Con acierto se resuelven las secuencias, hasta que, en cierto punto de la narración -y bajo el desconcierto generalizado- somos testigos de unas actitudes machistas reprobables dadas por los comportamientos paternalistas y posesivos del personaje masculino. Tanto es así que existe una escena que representa una violencia física hacia el personaje femenino, presentada con un tono que aparenta docilidad e insignificancia pero que denota dudosas intenciones al tratar de alegorizar de forma gratuita un tema tan delicado que en ningún caso debe ser aplicado con ligereza.

En la rueda de prensa pertinente se le preguntó al director por la postura machista que deja entrever la película, a lo que él respondió que “en ningún caso se hace apología del machismo”. Quizá con esa declaración, sin duda desde el convencimiento, entendemos cómo ciertos pensamientos son permitidos y secundados, lamentablemente, por una sociedad que aún le queda mucho por aprender.

Un detalle, si nos fijamos en el cartel de la película podremos comprobar la ausencia de un personaje con gran relevancia en el film y cuyo título hace referencia, además de tratarse de una de las actrices españolas con más tirón comercial. Completamente incomprensible.