El jugador de ajedrez (Luis Oliveros)

El festival de Málaga toca a su fin llegando a la última jornada. Un día cargado de emociones, despedidas y premios. Como el que ha recogido Antonio Banderas en homenaje a su fructuosa y exitosa carrera, situándose en las más altas esferas del cine mundial, llevando a su Málaga natal allá por dónde va y recibiendo un cálido recibimiento cada vez que la visita. Una de las figuras más importantes y reconocidas de nuestra cinematografía que se encuentra con más ganas que nunca tras el infarto que sufrió hace unos meses, declarando que “lo mejor está aún por venir”.

En cuanto a la Sección Oficial, pudimos ver El jugador de ajedrez (Luis Oliveros), un film que se sitúa en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial para contarnos la historia de Diego Padilla (Marc Clotet), campeón del mundo de ajedrez que tras casarse con una joven periodista francesa deciden marcharse a vivir a Francia, donde poco tiempo después Diego será acusado de espía por los nazis y encerrado en una prisión de las SS. Su única posibilidad de salir de allí con vida será causar admiración a uno de los altos oficiales demostrando sus habilidades de ajedrecista laureado.

Lo que en principio puede parecer un drama de época bien reconstruido, enseguida se vuelve anodino e insustancial, carente de emoción alguna. La trama se desenvuelve sin asumir riesgos, cayendo una y otra vez en el cliché tantas veces utilizado. Los personajes parecen dibujados desde el estereotipo, planos y sin personalidad que los defina, guiando sus comportamientos las predecibles intenciones narrativas. La previsibilidad y el acartonamiento definen a la película, más cercana al telefilm de sobremesa que a una producción cinematográfica de alto presupuesto. Luis Oliveros adapta la novela homónima de Julio Castedo con la más absoluta fidelidad, por lo que cada fotograma parece no tener un objetivo claro ni la intención de trasladar ningún tipo de mensaje, sólo el hecho de concatenar los elementos narrativos pero sin nada que decir ni aportar.

Blue Rai (Pedro B. Abreu)

Dentro de la Sección Zonazine -que se define por propuestas vanguardistas e independientes-, rescatamos uno de los films que más interés han generado en esta sección durante estos días, Blue Rai (Pedro B. Abreu), una película que como definió su director “es una comedia con tintes convencionales pero con rasgos subversivos” que se desarrolla en un videoclub de barrio en el que se suceden una serie de acontecimientos relacionados con un atraco y los rehenes que allí quedan retenidos. El atracador es el dueño del establecimiento. El motivo está vinculado con la reconquista de una chica.

La narración está apoyada en una estética que incide visualmente en las nuevas tecnologías y redes sociales, haciendo uso de sobreimpresos de extractos sacados de las aplicaciones para móviles, diseñando así una planificación repleta de singularidad formal que implica directamente a la trama ya que incide en el devenir de la historia a medida que se publican según qué tipo de mensajes, imágenes o vídeos en las redes. Un tratamiento original que sin embargo no termina de alejarse de la comedia romántica reconocible y habitual, pisando lugares comunes que expresan impersonalidad. Por tanto, nos queda la sensación de que acaba reflejada más la intención de querer posicionarse en contra de lo tradicional que de realmente haberlo conseguido.