(Fotografía: Javier de Favorecido)

Con Un jeune poète (2014) reveló su sensibilidad y talento para la puesta en escena a través del torpe personaje de Rémi, artista fuera de lugar en un tórrido verano costero. Le parc, rodada dos años después, ha supuesto la primera prueba de confirmación de una mirada paciente y decidida, la de este antiguo bailarín que se lanzó a retratar mediante planos fijos cómo la inocente cita de dos adolescentes puede derivar en una metamorfosis personal y estética hacia zonas insospechadas. En el reciente Novos Cinemas, un festival consagrado a revelar jóvenes talentos que ya apostó por su primera obra, Damien Manivel (1981) se alzó con un máximo galardón significativo, llamado a confirmar la tendencia ascendente de su corta trayectoria. Precisamente allí mismo, en la quietud de Pontevedra, pudimos charlar con él acerca de esta incipiente carrera y de su futuro inmediato, que traerá una nueva película en pocos meses.

(Le parc puede verse en el Atlántida Film Fest de Filmin hasta el 27 de julio)

 

V.O.S.- Fuiste bailarín y en tus películas podemos notar ese peso de los cuerpos en la puesta en escena, por ejemplo, con la torpeza del protagonista de Un jeune poète (2014). ¿Cómo fue este salto al cine desde la danza y en qué crees que te ha influido?

Damien Manivel.- Cuando aún era bailarín empecé a interesarme por el cine, fue cuando comencé a grabar a mis compañeros o amigos que bailaban. Todavía en esa época hice mis primeros proyectos en la pantalla. Pero en un momento dado me cansé, no de bailar, pero sí de la profesión, y decidí continuar dirigiendo películas. Así que me metí a Le Fresnoy, una escuela de cine y arte, y allí completé la transición.

V.O.S.- Parece que te atraen los escenarios como punto de partida. En Le parc (2016), ese parque que comienza siendo testigo de la primera cita de dos adolescentes cobra después una entidad propia. ¿Cómo surgió esta idea?

D.M.- Al empezar un proyecto, siempre parto de un espacio, tengo que encontrar una localización que me sirva de punto de partida. Hasta que no lo encuentro, la película todavía no existe en mi cabeza. Como además soy mi propio productor, también tengo siempre en mente la parte económica del asunto, así que me interesa mucho encontrar una localización única que me atraiga realmente y sacarle todo el partido posible de cara al rodaje.

Cuando yo era adolescente, pasaba mucho tiempo en parques, haciendo acrobacias con mis amigos. Mientras estás allí, te das cuenta de todas las cosas que pasan en un parque, todas las historias que pueden estar sucediendo a tu alrededor, y no sólo de amor. De ahí surgió la inspiración que me dio ganas de hacer Le parc.

(Fotografía: Javier de Favorecido)

V.O.S.- En tus dos largos se aprecia un interés por retratar jóvenes desorientados o buscando su camino. Las formas para abordar esta confusión en los personajes de ambas películas resultan muy reconocibles, pero también opuestas en cierto punto.

D.M.- Según lo veo yo, en Un jeune poète, Rémi está siempre intentando descifrar el mundo e interpretar sus signos, en busca de encontrar inspiración para sus poemas. En Le parc, la protagonista forma parte de un todo conjunto con el mundo, hay una mayor armonía por parte de ella hacia lo que la rodea. Así, mi primera película tiene una atmósfera más burlesca y la segunda es mucho más melancólica.

V.O.S.- Sin embargo, las dos se basan en cierta mutación de la realidad a partir del punto de vista de los protagonistas. En Un jeune poète, Rémi intenta desarrollarse en un mundo que no tiene que ver con sus aspiraciones artísticas. En Le parc, el escenario naturalista cambia por completo a partir del trauma amoroso. ¿De dónde procede esto?

D.M.- Cuando estoy haciendo una película, intento concentrarme en lo que estoy haciendo. No suelo pasarme todo el rato pensando en los referentes, pero sí es cierto que he tenido bastantes. En Le parc quería hacer una película con dos partes diferenciadas, y en eso podría citar a Apichatpong Weerasethakul, Miguel Gomes, Hong Sang-soo o Pina Bausch. Pero lo que me interesaba sobre todo era trabajar su estructura.

V.O.S.- Ahora que citas a Apichatpong, cada vez más nuevos directores –ayer vimos aquí I tempi felici verranno presto, de Alessandro Comodin– parecéis apostar por explorar cierta cualidad imprevisible o sobrenatural a partir de lo más terrenal y cotidiano.

D.M.- Si existe una escuela, y creo que sí, porque hoy en día hay muchos jóvenes realizadores que admiran la obra de Apichatpong, no creo que se pueda decir que yo forme parte de ella. Por ejemplo, en mi película también me interesaba mucho que la historia sucediera en 24 horas, en capturar los ritmos del día que desembocan en la noche, de ahí el tinte fantasmagórico que comentas. Dentro de esta evolución que yo planteo en Le parc, acabó sucediendo ese proceso natural de transformación, que va con ella misma. Quizá por eso, y también porque tiene una intersección, mi película se puede acercar mucho al planteamiento que comentas. Pero no creo que mis anteriores trabajos tengan que ver con él, no es el tipo de cine que a mí más me interesa desarrollar.

Un jeune poète (Damien Manivel, 2014)

V.O.S.- La decisión de rodar Le parc en 4:3, con la cámara estática, le da una fisicidad muy concreta a las imágenes. El encuadre cobra una relevancia total, pictórica. ¿Podrías explicar el motivo de esta elección?

D.M.- Hacía mucho tiempo que quería rodar en 4:3. Cuando encontré a Naomie Vogt-Roby, la protagonista de Le parc, empecé a hacer pruebas filmando su rostro y al final me di cuenta de que era perfecto para rodar por fin en ese formato. Así que fue una decisión muy fácil.

En cuanto al plano fijo, hace ya varios trabajos que lo uso. En primer lugar, por razones de producción, porque es muy sencillo. También me interesa estéticamente, porque puedo explorar ese marco cerrado en el que al mismo tiempo se filtra algo natural. Es lo que más me importa, que dentro de esa estructura formal rígida haya vida. Pero también tengo que decir que en la película que hice después, aún no estrenada, añadí algunos movimientos de cámara. Rodar planos estáticos es algo que me gusta mucho, pero no quiero que sea una regla en mi cine.

V.O.S.- Otro rasgo llamativo de tus películas es esa puesta en escena de algunos diálogos sin interlocutor, que vemos mediante textos en pantalla: la conversación con el espíritu de Paul Valéry en Un jeune poète, los mensajes de WhatsApp de Le parc.

D.M.- Hasta ahora no me había parado a pensarlo así, pero es cierto que ese tipo de escenas suelen ser en las que más me vuelco, diría que son muy personales. Son aquellas en las que más me expongo, y por tanto quizá el mero hecho de plantearlas tenga que ver con cierto monólogo interior mío como director.

V.O.S.- La figura de Soberé Sessouma –el guardián de Le parc– y la manera en que filmas su rostro recuerda mucho a la presencia de Ventura, el protagonista de varias obras de Pedro Costa, que sobre todo también registran esa especie de limbo mental, de espacio no definido, retratado en tu película.

D.M.- Me gustan mucho esas películas de Pedro Costa, así que me lo tomo como un cumplido. Es cierto que en Le parc existe este espacio mental fronterizo, un poco diferente de lo común. Mi película puede recordar a ellas porque en ambas se trata de personajes negros, que siempre suelen ser representados de la misma manera en el cine. Quizá por el hecho de que tanto Costa como yo los hayamos incluido dentro de una ficción que no es realista, desligados de las características con las que suelen estar definidos, se pueda establecer fácilmente esta conexión. Yo no hice nada a propósito en este sentido, no pensé en ello, pero sí me parece muy interesante.

Le parc (Damien Manivel, 2016)

V.O.S.- Has estrenado tus dos largometrajes hasta la fecha en Novos Cinemas, un festival de creación reciente y centrado en descubrir nuevos directores. ¿Identificas o hermanas tu estilo con algún otro joven autor emergente, colaboras con alguno?

D.M.- Por supuesto, hay muchos jóvenes directores con los que me comunico. Ayer vi aquí la película de Alessandro Comodin (I tempi felici verranno presto), que me gustó mucho. En Francia, muchos amigos míos hacen un cine que me interesa. Y, como primeras películas que me han marcado últimamente, podría citar las de Nele Wohlatz (El futuro perfecto) y Teddy Williams (El auge del humano).

Sin embargo, como director, yo no soy alguien que necesite ver muchas películas de otros, al menos no las que se hacen ahora. No es porque no me interesen, sí que me gusta mucho el cine como espectador, pero a la hora de ponerme a trabajar prefiero antes acudir a otros campos, me encuentro más cómodo investigando en la literatura o la pintura. Cuando miro dentro del cine, suelo ir a obras más antiguas. En todo esto suelo buscar más el material para hacer mis propias películas.

V.O.S.- Le parc, la película que estás presentando ahora, ya lleva más de un año en el circuito de festivales. Antes has mencionado un proyecto que ya habías rodado con posterioridad, ¿nos puedes hablar de él para terminar?

D.M.- Sí, ahora vamos a empezar la posproducción de mi nueva película, La nuit où j’ai nagé, rodada en Japón, sobre la vida de un niño de seis años. Tengo muchas ganas de enseñarla ya, pero todavía estoy ultimando los preparativos, estará lista muy pronto. Y el verano que viene vamos a rodar otra más, pero aún no sé demasiado de ella.

 

(Entrevista realizada el 1 de julio en Pontevedra)
(Interpretación: Cristina R. Lesmes)