I tempi felici verranno presto (Alessandro Comodin, 2016)

Estimado Sergio,

Ya estoy de vuelta en Bruselas. Traigo del Festival Novos Cinemas un puñado de buenos títulos y unas cuantas reflexiones que me gustaría compartir contigo mediante esta carta. Aunque cruzamos miradas en Pontevedra, fue una pena que no tuviésemos tiempo de hablarnos cara a cara.

Creo que Novos Cinemas se está aproximando poco a poco a su tamaño ideal. Experimenté una sensación muy agradable de cercanía entre las películas, sus autores y el público que debiera ser tratada con mucho cariño si se desease reformular el formato del festival. Tengo mucha curiosidad acerca de cómo enfocarán los organizadores su evolución para las próximas ediciones, y su relación con el público. Todas las proyecciones de la sección oficial presentaban una buena entrada, pero es lógico que tengan como objetivo llegar a más espectadores. Me pregunto, Sergio, ¿cómo lidiar con esos dos o tres que a veces llegan tarde y hacen ruido, o los que consultan su teléfono en mitad de la película…? ¿Cómo encontrar el equilibrio entre una proyección exigente, de calidad y sin interrupciones, y al mismo tiempo respetar ese aspecto popular con el que el cine se creó, el que todavía sigue maravillándonos en un jardín, en una plaza, o incluso en una sala, cuando la sombra de una cabeza de un escurridizo espectador se cuela en la pantalla?

Creo que el verano y el sur europeo fueron dos ejes importantes sobre los que giró la sección oficial. Siete de los nueve títulos tenían lugar en alguno de esos países de deuda abultada o celebraban la bella estación de las vacaciones de juventud. Tenía muchas ganas de ver Estiu 1993. Y no me defraudó: creo que Carla Simón ha conseguido una película de una sencillez y una belleza formidables, que discurre ligera de la mano de sus personajes. Entiendo que ganase el premio del público, porque es una propuesta muy fresca y agradecida.

Pero también me impactaron gratamente Le parc y António um dois três. Si bien entiendo que la película del francés Damien Manivel ganase el principal galardón a mejor largometraje -una fuerte apuesta a nivel estético y formal, muy del espíritu del festival pontevedrés- me voy con cierta tristeza de que el filme portugués no se hubiese llevado distinción alguna, habiendo sido un caramelo cinematográfico que vino a darle la vuelta a la tarde del sábado. Una película sobre un personaje con tres caras, siendo este objeto del destino pero también personaje de acción. Una pequeña comedia romántica lisboeta escrita tres veces a lo largo del metraje que aligeró el pesado ambiente creado por la tan dura y complicada Bezbog (Ralitza Petrova), una película de invierno, un drama sobre el sempiterno derrumbe moral y social de las antiguas repúblicas soviéticas.

Como espectador he tenido la impresión de haber estado luchando. Y he notado que algunas propuestas forcejeaban por salir hacia adelante, por continuar existiendo en pantalla. Me sucedió con Los objetos amorosos, una telenovela europea dirigida por Adrián Silvestre. No creas que es despectivo, lo digo en el buen sentido, por el melodrama y el destino trágico de sus personajes. Tengo la sensación de que esta lucha la he llevado a cabo también con aquellos títulos que han confirmado una vez más la vuelta del bellísimo 4:3 al largometraje de ficción. Sergio, ¿tú crees que este retorno del clásico formato nace de una pura decisión estética o que es debido -entre otros factores- a las estrecheces que sufren este tipo de rodajes, que llevan a aprisionar al personaje, a aislarlo en su portrait?

Te voy a decir una última cosa: creo fundamental la prolongación del Lab en futuras ediciones. ¿Hay alguna sección más coherente con la línea del festival que aquella destinada al desarrollo de primeras películas? ¿Qué mejor lugar para compartir las vicisitudes, precariedades, dudas y esperanzas que se aparecen a aquellos que están trabajando en su primer largometraje?

Me gustaría que me contases algo sobre la retrospectiva a Matías Piñeiro y la sección Latexos. Mis compromisos me impidieron participar en esas secciones como espectador.

Que nos veamos pronto.

Bien à toi.

Hugo Amoedo.

Le parc (Damien Manivel, 2016)

Hola Hugo,

Me alegra recibir tu carta. Ya han pasado varios días desde que me escribiste y algunos más desde que volví de Pontevedra, así que todas las impresiones que te voy a contar estarán bien matizadas por ese tiempo. Cuando acaba de finalizar un festival, las imágenes y vivencias suelen agolparse en mi cabeza, así que siempre encuentro saludable esperar a que todo recobre su lugar para transmitirlas mejor.

En el caso de Novos Cinemas, sin embargo, esta sensación de embarullamiento no es tanta como en otros casos. Como indicas, para mí el festival ha encontrado en sólo dos ediciones su tamaño ideal, con un máximo de cuatro proyecciones diarias y unas actividades paralelas compatibles casi totalmente con la asistencia a todas ellas. Además de esto, de nuevo pude apreciar un sentido de comunidad alrededor del cine que, viniendo como vengo de una gran ciudad en la que esta circunstancia sólo se produce de manera excepcional, me pareció admirable. Son dos las veces que me he acercado a Pontevedra desde Madrid para asistir al festival y ya sólo espero que sean muchas más. Para mí, ese aspecto popular del cine que comentas estuvo omnipresente. Por desgracia, son pocos los lugares donde se pueda estar a salvo de un espectador impaciente o maleducado, y en Novos Cinemas no me llamó la atención especialmente esto que me cuentas. Prefiero quedarme, por ejemplo, con todos esos coloquios repletos de inquietud y entusiasmo, tal vez proveniente de espectadores que durante el año no tienen acceso a este tipo de películas en las salas de su ciudad. El espíritu que encontré en el Teatro Principal fue jovial, de celebración del cine.

Pasando a las películas, creo que hay una línea de programación encomiable y que ha de salvaguardarse. Ya lo comprobé el año pasado, con las obras de Ted Fendt o João Nicolau, y lo volví a hacer este año con los premiados Damien Manivel o Alessandro Comodin. Pese a que ya había visto gran parte del programa, fue un placer volver a disfrutarlo de nuevo en circunstancias más tranquilas. Si nos paramos a pensar, no hay demasiados espacios para difundir la obra de autores noveles, y aquí hay que decir autores con todas las consecuencias, porque si algo comparten la mayoría de primeras y segundas películas escogidas en Novos Cinemas son unas señas de identidad muy particulares de cada uno de sus directores, que animan a pensar en un futuro aún mejor para ellos. De hecho, puedo contarte que gran parte de ellas todavía no se habían estrenado en mi ciudad, a pesar de llevar detrás un recorrido importante por otros certámenes.

Los títulos que destacas me convencieron, pero para mí la película de este Novos Cinemas fue la italiana I tempi felici verranno presto. Además de sus innegables virtudes formales, en ella hay un sentido de búsqueda que me hace pensar que Comodin puede llegar a ser un grandísimo director. Ya lo pensé cuando vi L’estate di Giacomo (2011), su ópera prima, pero creo que ahora ha encontrado un equilibrio más inusual. Algo parecido me pasa con Damien Manivel. Le parc es rigurosa formalmente, pero también halla una vía para que la emoción se filtre en esa rigidez de la cámara, para que el resultado sea bello por encima de cualquier otro calificativo. Encuentro en ambos una capacidad singular para observar el mundo que les rodea. Con esto no quiero desmerecer a Carla Simón y su facultad para conjugar el entusiasmo crowdpleaser con una dolorosa mirada hacia su historia personal, en la bien celebrada Estiu 1993, o la agradecida y poliédrica ligereza de António um dois três. A ellas tendría que sumar Porto y Lumières d’été, también con esa facultad para resultar hondas y livianas a un tiempo, para completar mi top personal de una gran sección competitiva. Aspectos puntuales como el que me comentas, el regreso del 4:3 como opción estética, para mí son sólo casuales dada la pluralidad de miradas y ánimos que atraviesa esta selección.

Pero, como haces bien en preguntarme, creo que los logros del festival no acaban aquí. Tengo que decirte que la nueva sección Latexos fue una revelación, por su capacidad para atender a todo un cine de producción más frágil hacia el que muchos festivales se niegan a mirar, como si no existiera. La ganadora, Una vez fuimos salvajes (Carmen Bellas), podía atender a esto, pero creo que estaba más presente en Comienza y termina (Bruno Delgado), estreno mundial de Novos Cinemas, significativa apuesta al tratarse de un director español novel que parece tener claras sus inquietudes sobre el cine, y aún por encima sabe ponerlas en escena con mucha inventiva y mínimos recursos. En un festival con poco espacio y de nacimiento tan reciente, gestos así me parecen fundamentales, toda una declaración de intenciones hacia el futuro.

También la presencia de Matías Piñeiro, una persona con un amor hacia el cine y una capacidad para contarlo fuera de categoría, supuso para mí algo extraordinario. Asistir a su seminario, en el que apenas éramos un puñado los asistentes, resultó una experiencia gozosa a más no poder, que volvió a hacer ver una forma de programar en la que las retrospectivas no terminan en el clásico intercambio de pareceres después de la proyección. Las películas de Matías, como también se ha podido demostrar en el ciclo reciente que organizó Filmoteca Española en torno a ellas, echan sus raíces en una pasión por la obra de otros que siempre es bueno tener presente. Si el año pasado el padrino del festival fue José Luis Guerin, que comparte con él todos estos rasgos y una gran sapiencia, el de esta vez no ha podido ser más coherente con ese espíritu de entrega que ya te mencionaba al principio. Ojalá puedan ser muchos años más de actividades formativas, otro rasgo diferencial de Novos Cinemas, porque en este punto encuentro clave la participación activa en los contenidos de cineastas y espectadores de todas las edades, una interacción con las películas más allá del simple visionado. De eso trata para mí la cinefilia, como ojalá supiera transmitir algún día.

El último domingo del festival, ya cansados y, en mi caso, a punto de abandonar el encanto de la ciudad en la mañana siguiente, vimos Badlands (1973). En ese momento comprendí que en la raíz de las imágenes de la ópera prima de Terrence Malick está el mismo espíritu de refundación, siempre respetuosa por sus maestros, que pude ver durante los días previos en otras películas. Y me marché con ganas de que en 2018 haya más sesiones en el Teatro Principal de Pontevedra, más encuentros y más charlas en esas calles que ya echo de menos.

Te dejo aquí. Como veo que nuestra experiencia ha sido muy satisfactoria, cuento con que volvamos a encontrarnos el próximo verano.

Un abrazo,

Sergio de Benito

António um dois três (Leonardo Mouramateus, 2016)