<em><strong>Annabelle: Creation</strong></em> (David Sandberg, 2017)

Annabelle: Creation (David Sandberg, 2017)

La moda de los universos extendidos avanza imparable y llega hasta el mundo de Expediente Warren: The Conjuring (James Wan, 2013). En realidad Annabelle: Creation (David Sandberg) se articula como precuela de spin-off, pero supone un paso más hacia la configuración de una serie de películas que interconecten personajes reconocibles. Y esta es la que parece única función de el film, a tenor de lo mostrado en su propuesta.

Sí, Annabelle: Creation es superior a su antecesora en cuanto a su preocupación por el diseño de sus personajes y situaciones. Sin embargo, en lo estrictamente cinematográfico no deja de ser un ejercicio rutinario plagado de tópicos de género, de golpes de sonido –jump scare– y tendencia a la sobreexplicación narrativa. En definitiva, el resultado final es de déjà vû, de película ya vista y cuya aportación al género se limita a ejercer de mero eslabón de una saga que mucho nos tememos justo acaba de empezar y cuyo fin está lejos de estar cerca.

Wind River (Taylor Sheridan) nos traslada a otro mundo cinematográfico, al de la pieza única, al trabajo artesano tenso, compacto. Un thriller que nos lleva hacia lo inhóspito y salvaje, hacia un film que pone en una naturaleza hostil el marco para trasponerlo a la condición humana. No estamos ante un film enteramente policiaco –un whodunnit, para entendernos– sino más bien ante un análisis del comportamiento humano ante el dolor, la violencia y la pérdida que no se para ante asuntos de índole moral, sino que –de una manera distante y fría– expone los actos sin celebración o pesar, dejando espacio al espectador para que lo valore por si mismo.

<em><strong>78/52</strong></em> (Alexandre O. Philippe, 2017)

78/52 (Alexandre O. Philippe, 2017)

Todo lo contrario lo hayamos en 78/52 (Alexandre O. Philippe), un documental que celebra sin tapujos la icónica escena de la ducha en Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960). Quizá su mayor problema es precisamente su elogio desmesurado, dejando algo de lado un análisis más técnico de dicha escena. A pesar de ello –y mediante una estructura clásica de opinión/exposición– ofrece suficientes datos, anécdotas (con algún que otro chascarrillo innecesario) y opiniones como para configurarse como un producto tan disfrutable como didáctico, especialmente para fans irredentos de Hitch o para aquellos que se quieran sumergir en las entrañas del cine del director inglés.

Justin Benson y Aaron Moorhead reivindican con The Endless una forma de hacer cine desde las entrañas, de forma artesana. Lo que ahora –y ellos mismos también así lo hacen– se denomina cine independiente. Ya no se trata sólo de la escasez de medios- Se trata fundamentalmente de superarlos en pos de un discurso personal e intransferible. No cabe duda que en esta especie de Atrapado en el tiempo meets Chtulu que es The Endless encontramos todo ello. Un film que quizá peca de un desarrollo en exceso dilatado frente a lo abrupto de su desenlace, pero que se las ingenia por mantener un interés alto en todo momento y que, sobre todo, articula una visión donde prima la coherencia con la idea primigenia y que, aún de forma irregular, es trasladada a la pantalla hasta sus últimas consecuencias.

Hablar de Mom and Dad es hablar, para lo bueno y para lo malo, de Nic Cage. En el fondo sabemos que estamos ante un producto para que Nic despliegue todo su arsenal histriónico. Y a buena fe que resulta así. En este sentido podemos decir que el film de Brian Taylor cumple sobrada ante las expectativas. Pero no hay que llevarse a engaño, una cosa es asistir al hilarante show del Sr. Cage y otra muy distinta es constatar que detrás no hay más que un film con pretensiones de subtexto crítico entregado a un montaje y argumento espídicos que, lejos de dotar de vibración y ritmo, convierten el metraje en una sensación de elementos caóticos, deslavazados y sin gracia alguna. Es decir, que lo que podía haber sido una gamberrada transgresora se convierte en su opuesto.