<em><strong>Muse</strong></em> (Jaume Balagueró, 2017)

Muse (Jaume Balagueró, 2017)

Muse, la nueva película de Jaume Balagueró, cumple al pie de la letra ese leitmotiv escrito y popularizado en Twitter por David Martínez de la Haza: parecía que muy bien y luego regular. De hecho, tanto la secuencia de arranque (a pesar de algún subrayado un tanto grueso) como los títulos de crédito invitan a creer en algo prometedor. A partir de aquí, sin embargo, el film se desliza, dentro de los parámetros del thriller sobrenatural, hacia los desmanes de una obra menor (si es que tiene alguna mayor) de Dan Brown.

Convencionalismo formal, giros de guión forzados, casualidades imposibles, golpes de sonido y música omnipresente se conjugan para crear una orquesta cuya partitura podría ser resultona, pero cuya interpretación desafina por completo. Incluso la factura del film resulta fallida al mostrar Balagueró un formato ausente de audacia, más propio de los films de la Fantastic Factory de principios de milenio.

Sacar petróleo de la escasez. Ese podría ser el lema de Robin Aubert, director de Les affamés. que con pocos recursos y un uso muy acertado de la fragmentación y la elipsis nos propone una vuelta a las raíces del mundo zombi que se aleja de la tendencia del género a ofrecer acción, sangre, velocidad y poco mensaje.

Estamos más bien ante la vuelta al territorio del primer Romero, donde más allá de sangre y casquería –que también la hay para disfrute del fan– encontramos una preocupación por la intimidad del ser humano, su soledad, su aislamiento emocional y su progresivo asalvajamiento frente a unos zombis que, como contrapunto inteligente, viven una suerte de proceso inverso de socialización. Todo ello trufado con grandes dosis de humor negro y cierto nihilismo desesperanzado que hacen del film quebequés una propuesta más que estimable.

<em><strong>The Killing of a Sacred Deer</strong></em> (Yorgos Lanthimos, 2017)

The Killing of a Sacred Deer (Yorgos Lanthimos, 2017)

Entrar en una película de Yorgos Lanthimos es sin lugar a duda asomarse a un abismo. Un precipicio donde la cotidianidad está a un solo paso de estrellarse contra la locura, el sadismo, la violencia. Una asepsia maligna que sumerge y da por normal los horrores que se esconder tras el espejo de la cotidianidad rutinaria.

The Killing of a Sacred Deer recoge estas ideas y las transforma en metraje que es puro terrorismo, en un asalto visceral a los códigos de lo políticamente correcto, proyectando en el espectador una virulencia equiparable a ser golpeado sin cesar y con precisión quirúrgica en el estómago por un puño de hierro envuelto en la asepsia de un guante de cirujano.

La solemnidad catedralicia y sus planos cenitales nos hablan de una posición de dios omnipotente. Los actos narrados nos descubren su crueldad sin límites. Lanthimos ya no se limita a diseccionar y criticar ácidamente a las convenciones burguesas, no. Lanthimos se pone en modo Antiguo Testamento y crea su propia Biblia, su propio código moral a seguir. Los crímenes y los castigos, el sexo adúltero, pervertido e incestuoso, la venganza que se confunde con la justicia del ojo por ojo. La sangre y el semen. El odio y el falso amor. Todo bajo el manto de seres inertes, fríos e insensibles que reciben su justa retribución.

Sí, Yorgos Lanthimos firma una de las obras más devastadoras y negras sobre la condición humana que se hayan concebido y que confirman al director griego como una de las miradas cinematográficas más poderosas y, sobre todo, valientes en su coherencia de la actualidad.