<em><strong>The Captain</strong></em> (Robert Schwentke, 2017)

The Captain (Robert Schwentke, 2017)

La octava y última jornada en competición de la Sección Oficial del Festival de San Sebastián 2017 trajo la proyección de The Captain, el nuevo largometraje del alemán Robert Schwentke ambientado en los últimos momentos de la Segunda Guerra Mundial en Europa. En unos instantes críticos para las fuerzas del ejército del Reich, con la desmoralización y los horrores presenciados por sus soldados, muchos optan por desertar de sus puestos. Un joven de entre ellos sirve de protagonista del relato en el que se encuentra por casualidad –y en condiciones impecables– el uniforme de un capitán con el que asume una nueva identidad para no sólo sobrevivir sino también prosperar mientras todo a su alrededor parece que se desmoronará de manera inminente. Desde una narración que bordea los límites de una sátira finísima junto con comedia negra y elementos integrados típicos de un drama bélico convencional, Schwentke explora el mito de la autoridad y su naturaleza mientras se ríe sutilmente de unos clichés que de tan sobrerrepresentados en el medio cinematográfico resultan paradójicamente hiperrealistas. Tanto que la sátira se percibe exageradamente auténtica. Únicamente cuando lo hiperbólico asume conscientemente un envoltorio humorístico es para el espectador evidente el preciso discurso crítico que transpiran todas sus imágenes.

Imágenes, por cierto, rodadas con gran precisión en blanco y negro y cuyos encuadres y composición abordan la historia siempre desde una perspectiva moral a pesar de las distintas capas de interpretación ya mencionadas. Sin embargo, siendo esto su mayor virtud –la habilidad de combinar el tratamiento serio de su tesis con una comedia que pasa de lo disimulado a lo obvio de la mano de una ironía subterránea siempre presente– se transforma en ocasiones en una mezcla difícil de equilibrar por los contrastes tan drásticos que suceden de una secuencia a la siguiente o incluso dentro del metraje de una misma escena. Esta fricción del propio planteamiento narrativo se ve superada con creces por la resonancia temática que alcanza en su conjunto y la hábil incorporación de una iconografía ya muy conocida previamente (una que casi ha perdido ya su significado para convertirse en parte de una semántica fílmica universal) dentro de un estudio conciso de la banalidad del mal. Un concepto que subvierte al no considerarlo únicamente como consecuencia de una estructura militar y burocrática definida en pos de aniquilar a un enemigo interno y externo a toda costa, sino también como jerarquía ética y modelo de referencia aspiracionales del individuo y de la sociedad. Todo el juego de simulacro de poder del personaje protagonista y su persona se basa en la distorsionada mirada de su funcionamiento, en un ejercicio hipertrófico de la violencia en la que se ha visto inmerso y que le ha traumatizado.

<em><strong>Ex Libris: The New York Public Library</strong></em> (Frederick Wiseman, 2017)

Ex Libris: The New York Public Library (Frederick Wiseman, 2017)

Más de 3000 empleados, 88 delegaciones de préstamo y 4 de investigación –repartidos entre Manhattan, el Bronx y Staten Island–, 53 millones de artículos en su colección y un presupuesto de 250 millones de dólares son las cifras que describen la Biblioteca Pública de Nueva York. Se trata de la segunda más grande de Estados Unidos (sólo detrás de la Biblioteca del Congreso) y la cuarta del mundo. Una institución centenaria que se gestiona a través de una corporación sin ánimo de lucro cuya financiación se resuelve entre fondos públicos y privados, cuya actividad tiene un alcance que va mucho más allá de lo que el imaginario colectivo asume por defecto al escuchar la palabra “biblioteca”. Este es el objeto de estudio del nuevo documental del veterano cineasta Frederick Wiseman: Ex Libris: The New York Public Library, film proyectado dentro de la sección Zabaltegi-Tabakalera. Unas 150 horas obtenidas de metraje condensadas en 197 minutos sirven para conocer con la mirada de su director su funcionamiento interno, las actividades programadas, la gestión administrativa y las decisiones políticas sobre su función y objetivos o su interacción con la ciudad en lo social, cultural y artístico.

Todo ello capturando las visitas de figuras relevantes, las actuaciones, exhibiciones e incluso las cenas con su benefactores o las estrategias para recaudar fondos a nivel local, estatal y federal. Pero ¿qué pasa con sus usuarios, con esos mismos miembros de la comunidad a cuyas vidas pretenden afectar a través de su servicio de acceso al conocimiento y de punto de encuentro con el legado histórico y la visión crítica del presente? Ex Libris: The New York Public Library se configura como una obra inasumible tanto por extensión como por la densidad y multitud de elementos discursivos incorporados a través de la pura observación. Todo es discurso y el problema radica en su empeño por representar exclusivamente desde dónde se presenta el mismo y hacia qué dirección. La Biblioteca Publica de Nueva York es una institución burguesa y la decisión consciente de Wiseman de mostrar únicamente lo que ocurre dentro de sus sedes restringe enormemente el alcance de su largometraje, que no cuestiona nada de lo que es testigo a través de la cámara ni se plantea en ningún momento dar voz a quienes entran y hacen uso de su espacio. O a quiénes dejan fuera. Sólo un pequeño desliz en sus más de tres horas permite advertir que hay mucho más que contar sobre esta biblioteca y su papel de punto de encuentro comunitario. Unos planos de personas sin techo alrededor del edificio principal de la Quinta Avenida –y la posterior conversación de empleados de la misma sobre los códigos de conducta de quienes acceden– dejan entrever un conflicto soterrado, uno que no interesa al distante y oficialista punto de vista escogido por su director, ajeno a cualquier contextualización verdadera en el entorno urbano (y humano) en el que se comprende su labor.