<em><strong>The Villainess</strong></em> (Byung-gil Jung, 2017)

The Villainess (Byung-gil Jung, 2017)

No cabe ninguna duda que The Villainess (Byung-gil Jung) es un espectáculo –por lo que se refiere a nivel técnico– de alto calibre. Sus piruetas formales al servicio de una acción desbocada y vibrante son, como poco, una exhibición de virtuosismo de cámara. Sin embargo, un film no puede sobrevivir exclusivamente de ello si no tiene detrás una estructura sólida que la mantenga o, lo que es lo mismo, que la acción sea resultado de y no excusa para.

El film adolece de un discurso sostenido más allá de rodar espectacularmente sus escenas de acción, alargando innecesariamente una trama enrevesada a través de flashbacks confusos que desmontan la posibilidad de una narración fluida, dejando la sensación de estar presenciando meros entreactos preparatorios para lo que su director presupone que le interesa realmente a la audiencia.

Todo lo contrario es lo que nos ofrece S. Craig Zahler en Brawl in Cell Block 99. Siguiendo la tónica de su anterior trabajo, Bone Tomahawk (2015), Zahler se toma su tiempo para desarrollar personajes y situaciones. El objetivo: sentar las bases para, en un crescendo paulatino, sacar toda la artillería en un tercer acto desbocado. La violencia está presente durante todo el metraje –cierto–, pero cuando se hace explícita no escatima brutalidad ni, paradójicamente, ternura (encarnada en un Vince Vaughn polifacético y carismático) en las motivaciones. Así pues Brawl in Cell Block 99 ofrece justo lo que su título indica, pero siempre desde la preocupación por dignificar el género desde una planificación ejemplar.

<em><strong>Dhogs</strong></em> (Andrés Goteira, 2017)

Dhogs (Andrés Goteira, 2017)

Que David Lynch ha marcado y sigue marcando tendencia es algo que no sorprende a nadie. Como tampoco sorprende las a menudo pésimas interpretaciones que se hacen sobre su forma de concebir lo audiovisual. Uno de estos ejemplos es Dhogs, film del debutante Andrés Goteira que, aunque demuestra conocer el oficio en cuanto a puesta en escena y planificación, obvia que el discurso no puede estar supeditado exclusivamente a buenas ideas si no hay una coherencia en su plasmación visual.

No basta, pues, el pensar en Lynch y trufar el film de simbología y situaciones que nos recuerdan a él. Se necesita articular un fondo, una intencionalidad manifiesta que en Dhogs brilla por su ausencia. Por ello el resultado final resulta deslavazado, incomprensible, moviéndose al ritmo de los bandazos argumentales y ocurrencias simbólicas que se le ocurren al director. Por ello Dhogs, pese a contar con una factura estimable acaba siendo pesadillesca, pero más por indigestión formal que por sensaciones cinematográficas creadas.

A Prayer Before Dawn, es un caso de potencial telefilm basado en hechos reales que consigue sobresalir de dicha categoría esencialmente por la preocupación en adaptar las circunstancias argumentales a un estilo visual adecuado. Así pues, esta historia de supervivencia y artes marciales en una prisión tailandesa no se limita a ser una explotación de la dureza de la cárcel ni de magnificar de forma estilizada los combates que nos muestran. Por el contrario, Jean-Stéphane Sauvaire –director del film– se esfuerza en poner la cámara muy cercana a su protagonista, a marcar fisicidad a través de los cuerpos y no tanto de las acciones. Un film, pues, que resulta un tour de force agotador pero satisfactorio. Y más teniendo en cuenta (y es de agradecer) que nunca cae en glorificaciones, victimismos sentimentaloides ni mensajes moralizantes con los que manipular al espectador.