<em><strong>La piel fría</strong></em> (Xavier Gens, 2017)

La piel fría (Xavier Gens, 2017)

No se puede negar que la adaptación a la gran pantalla de La piel fría tiene una factura más que correcta. Tanto que acaba por ser equivalente al título de la película, fría, sin alma. Xavier Gens decide optar por convertir su film en poco más que un tower defense cinematográfico donde lo que importa es mostrar oleadas cada vez más grandes de enemigos y cómo resistir a ellos. En el proceso se deja de lado aspectos que podrían haber llevado al film hacia derroteros más profundos: la psicología de los personajes, su dolor íntimo, la soledad, el aislamiento, la relación con el diferente son temas que están presentes pero abordados de forma superficial. Tanto que acaban por convertir la narración en algo plano e inane.

A Day (Cho Sun-ho) es ejemplificante en cuanto a visionar los caminos que está tomando la versión más comercial del cine coreano. Su método de producción –su realización– sigue siendo tan espectacular como impecable, pero la sensación global es que en el camino se está entrando en una deriva hacia la banalización del producto, de estar ante un claro proceso de blockbusterización sea cual sea el tema tratado. En este caso asistimos a una especie de Atrapado en el tiempo (Harold Ramis, 1993) versión XXL sin más preocupación que añadir más personajes, más situaciones rocambolescas, más giros argumentales imposibles, más finales alargados, más pianitos de subrayado emocional y más dramitas sensibleros. Puede que todo ello responda a una cuestión cultural, a buscar la aprobación del público del país, pero a ojos externos acaba agotando por la sensación de producto hinchado artificialmente, de enrevesamiento innecesario.

<em><strong>Black Hollow Cage</strong></em> (Sadrac González-Perellón, 2017)

Black Hollow Cage (Sadrac González-Perellón, 2017)

Black Hollow Cage es uno de esos productos que invita a la reflexión. No tanto por lo que cuenta (o pretende contar) sino porque invita a cuestionar las propias bases de la creación cinematográfica. La idea. La idea es clave para la creación, pero ¿basta sólo con ello? Sadrac González-Perellón –pergeñador del artefacto– simboliza perfectamente la respuesta negativa a la incógnita al fiarlo todo a un concepto mental incorrectamente trasladado. Estamos ante un caso de manual de autoritis, de empacho referencial de digestión pesada, de batiburrillo de referencias y ejercicios formales buscando gustarse mucho a cualquier precio. ¿El resultado final? Un metódico despropósito de presuntos ecos lynchianos mal estructurado, peor narrado y nefastamente interpretado. Un ejercicio presuntuoso capaz de ser a la vez máquina de risas desesperadas y artefacto implacable de agotar paciencias. Desastre sin paliativos.

Después de la fallida Louder Than Bombs (2015), Joachim Trier regresa con Thelma para ofrecernos un film reconocible en su minimalismo y delicadeza formal. Un envoltorio estilístico para desarrollar una temática con diversas capas de lectura o interpretación temática. Podríamos hablar de low-fi, como si de una génesis de superhéroe se tratara, de drama religioso o incluso de coming of age mágico. Todo ello está presente en Thelma como unidades separadas en un mismo hilo conductivo que no es otro que el de los terrores cotidianos. Terror a la incomprensión, a ser diferente, al desamor, al rechazo. Terrores fundamentados en la infancia, encapsulados en el subconsciente y que estallan en el rito de tránsito. El cómo en el film es metafórico. Lo que importa es la reivindicación de hacer frente al miedo y Thelma consigue, a través de caminos inusuales, hacer llegar el mensaje. Un film, pues, que nos devuelve al mejor Trier posible de la manera más inesperada.