<em><strong>La llamada</strong></em> (Javier Calvo & Javier Ambrossi, 2017)

La llamada (Javier Calvo & Javier Ambrossi, 2017)

Tras una gala de inauguración en la que los galardones revelaban el interés de este festival por jóvenes cineastas con la entrega del premio a Mejor Película Joven a Fernando Franco por Morir y a la actriz Macarena García que lo recogía por su Trayectoria Joven, llegaba la primera jornada con uno de los platos fuertes de esta edición con la presentación de La llamada dentro de las Sesiones Especiales, que a pesar de haberse estrenado en cartelera llegaba a Albacete acompañada de sus directores Javier Ambrossi y Javier Calvo para poder así acercarse y mantener un breve coloquio ante un público completamente entregado. Según declararon a V.O.S. los también directores de Paquita Salas (2016), el motivo por el cual decidieron llevar un éxito como este al festival manchego –llegando en la actualidad a los dos millones de euros en recaudación– fue porque “Jordi Costa (Crítico de cine de El País) nos contactó y nos recomendó Abycine por ser un festival muy interesante en el cual encajaría muy bien. Además ya a Macarena la habían premiado por su papel en ella”. Podría ser desmesurado hablar de revolución y fenómeno fan con apenas tres semanas desde su estreno, aunque su tremenda acogida lo demuestre, si no fuese porque llega a los cines avalada por un musical que se ha representado durante cinco temporadas en el madrileño Teatro Lara.

¿Las claves del éxito? Fundamentalmente, tanto la obra como su adaptación a la gran pantalla, gozan de los ingredientes necesarios para conseguir aunar lo conservador con lo transgresor, conjugando elementos narrativos tan dispares como la religión y la homosexualidad a ritmo de Whitney Houston y reguetón. Y a través de ellos revelarnos los sentimientos más profundos y sinceros de unos personajes en constante evolución y cambio que rompen con sus ataduras morales, sus falsas apariencias y sus doctrinas impuestas. Con lo cual se nos muestra un conflicto ideológico y religioso entre sus antagónicos personajes que provocan situaciones y diálogos de comedia costumbrista genialmente elaborada, que nace en su mayoría de los radicales contrastes e incompatibilidades de unos pensamientos que terminan por transformarse en contradictorios y mediante su revelación liberadora se extrae una emoción que acompañada de los precisos números musicales traslada a todo tipo de espectadores a un estado de exaltación de distintas emociones que se entremezclan, capaces de lograr un grado de identificación común otorgándole al film un carácter intergeneracional, sin discursos moralistas más allá del citado lema “lo hacemos y ya vemos” como manera de invitarnos a deshacernos de prejuicios que puedan impedirnos encontrar nuestra propia identidad.

De aparente fachada juvenil, la puesta en escena encierra desde una cierta estética camp –en las distintas apariciones musicales de un Dios vestido con un traje de lentejuelas– a un simple naturalismo que transpira verdad, apoyada por unas interpretaciones magníficas de unas actrices que rebosan credibilidad, carisma y encanto. Una mezcla de géneros que otorgan a la película una armonía mágica que a través de su discurso funciona como un canto conmovedor a la amistad, a la libertad y al amor sin caer en ningún momento en la crítica corrosiva a la institución eclesiástica ni a las creencias. Más bien se trata de una mirada candorosa de las monjas a las que no hay que juzgar por elegir su camino, donde prima la tolerancia por encima de todo.

<em><strong>Most Beautiful Island</strong></em> (Ana Asensio, 2017

Most Beautiful Island (Ana Asensio, 2017

Esta primera jornada se completaba con la proyección de Most Beautiful Island (Ana Asensio, 2017), dentro de la sección Abycine Indie, después de pasar por el Festival de Sitges y tras conseguir el galardón a mejor película en Austin en el SXSW 2017. Se trata del primer trabajo como directora de la actriz madrileña Ana Asensio, que relata con elementos de ficción sus experiencias en Nueva York tras decidir emprender un viaje a Estados Unidos para formarse en una escuela de teatro. La cinta comienza como un documental rodado cámara en mano de un Nueva York alejado del romanticismo utópico mostrado habitualmente en cineastas como Woody Allen y se adentra en la precaria vida marginal de una inmigrante española que intenta sobrevivir con gran desasosiego en la Gran Manzana, representando así a un sector de la población que habita en los barrios humildes de la ciudad neoyorquina teniendo que subsistir con trabajos temporales. Una problemática que se ve agravada con la nueva ley migratoria del actual presidente Donald Trump.

Sin embargo, lo que en un principio se trata de un verídico drama social con un firme discurso denunciador, a mitad de metraje se torna en un estimulante film de género con elementos de thriller y terror cuando la protagonista decide aceptar un trabajo que le proporcionará una gran cifra de dinero pero del cual desconoce la labor. A partir de ahí la atmósfera se transforma en más asfixiante y turbia aún si cabe, y la tensión dramática va en aumento, dejándonos arrastrar por la incertidumbre, en una trama que no da respiro a un espectador deseoso de conocer su resolución. Un estimulante trabajo que mezcla dos propuestas de estilo distintas siendo la segunda la confirmación tangible del horror que puede resultar vivir en una ciudad habitualmente idealizada por el cine y que se postula –sin querer desvelar nada– como una alegórica denuncia de las altas esferas y de la falta de oportunidades del país.