<em><strong>Barbara</strong></em> (Mathieu Amalric, 2017)

Barbara (Mathieu Amalric, 2017)

Las películas biográficas dedicadas a iconos artísticos se han definido con el tiempo como un subgénero per se. Y más los relacionados con la música. El problema es que a través de sus narraciones se tiende a fagocitar el relato histórico real asociado a las figuras que abordan esos films en pos de una mitificación de ellas al retratarlas, que además sigue unas guías de estilo comunes de las que parece imposible salirse. Esta mitificación es la que desafía, evita y cuestiona –dentro de la Sección Oficial de la 14ª edición del Festival de Sevilla– Barbara (Mathieu Amalric, 2017), dando por sentado un dispositivo metacinematográfico que aparece por sorpresa transcurridos varios minutos de metraje observando a la supuesta protagonista y sujeto de estudio. De esta manera, Mathieu Amalric se dirige a sí mismo haciendo de un director de cine que dirige a Jeanne Balibar interpretando a una actriz que encarna a Barbara en la película que están rodando dentro de la cinta en consideración.

La propuesta mezcla entonces los diarios del rodaje –que funcionan a modo de marco de referencia narrativo– con metraje histórico real, material de archivo falso creado expresamente para la ocasión y las secuencias que se ruedan de la propia película. Distintos grados de ficción emergen así, configurando el discurso subversivo de la obra respecto a la relación cercana a la necrofilia tanto de cineastas como espectadores hacia sus ídolos reflejados y adorados en el cine. Sus imágenes perdurarán en el imaginario colectivo en ocasiones más allá del auténtico genio creativo que ensalzan. Esa construcción cuasidivina basada en relaciones específicas entre los distintos personajes hacia la cantante retratada determina su existencia delante de la cámara y no su verdadero ser. La mirada subjetiva personal del director quiere exponer al público su perspectiva y relación única con Barbara, la actriz quiere imitar sus ademanes, gestos e idiosincrasia sin conocerla, únicamente a partir de sus apariciones públicas conocidas.

<em><strong>Barbara</strong></em> (Mathieu Amalric, 2017)

Barbara (Mathieu Amalric, 2017)

La ambigüedad ya no es que sea algo ineludible, sino que Amalric juega con ella deliberadamente, confundiendo con gran sentido lúdico los distintos niveles de realidad que maneja su película. Transiciones imposibles entre el film dentro del film y el transcurso del trabajo cotidiano del equipo y equívocos buscados entre las distintas representaciones de la mujer que atrapa las miradas del espectador siendo ella misma y otra en la misma secuencia, confundiendo entornos, diálogos del guión del nivel más interno con el de la actriz que la interpreta y su obsesión por alcanzar su grandeza efímera aunque sea de manera falsa. Todo esto con las canciones sirviendo de único como verdadero y conocido a priori punto de referencia absoluto al que asirse, pero que al estar interpretadas por la actriz protagonista alcanzan de nuevo otro nivel en el juego de humo y espejos, en la perspectiva humilde en la que se posiciona su director para negar toda posibilidad de atrapar la esencia del arte o de la vida con la cámara.