<em><strong>Scary Mother</strong></em> (Ana Urushadze, 2017)

Scary Mother (Ana Urushadze, 2017)

Utilizar el arte y específicamente la literatura como forma de catarsis de los traumas o las frustraciones internas es un tema recurrente en el cine. Tanto, que traspasa la barrera del cliché en demasiadas ocasiones. Además, los elementos intertextuales suelen emerger de manera natural de las narrativas que crean esos films aprovechando la relación del relato dentro del relato y como influye en el protagonista de turno. La diferencia fundamental en estos casos está entre proyectar al lenguaje cinematográfico lo contenido en la escritura, enfrentándolo a lo interno del personaje que se sigue en la película o dejarlo en lo anecdótico. Un ejemplo de esto último podría ser El autor (Manuel Martín Cuenca, 2017) y de lo primero la proyección de Scary Mother (Ana Urushadze, 2017) en Sección Oficial de la 55ª edición del Festival de Gijón. Por contraste incluso resulta mucho más llamativo el cambio de género del punto de vista tanto detrás como delante de las cámaras –un fracasado aspirante a escritor en la de Martín Cuenca y una esposa-madre-ama de casa en la de Urushadze– y como eso cambia por completo la contextualización emocional y, sobre todo, la vigencia de su discurso.

Porque la saturación de la frustración masculina del hombre blanco heterosexual forma parte central de la tradición cultural y fílmica, mientras la posición de la mujer en la misma es algo que queda invariablemente relegado a un segundo plano o como relato cuya voz se han apropiado los mismos hombres. Efectivamente, Scary Mother utiliza una ambientación de barrio residencial y una familia tradicional como paisaje aterrador y escenario de la claustrofóbica y opresiva situación de su protagonista: una mujer con traumas pasados de cuyos efectos jamás se liberó al no poder expresarlos. Su difícil relación con su padre y la incomprensión de su marido e hijos respecto a sus anhelos de escribir una novela la obligan a afrontar su necesidad literaria y provoca un conflicto que aumenta progresivamente en intensidad con la firmeza con la que va reapropiándose del relato de su propia vida, intentando alcanzar una libertad inédita para ella y experimentar por el camino un proceso que le permita asumir su pasado y controlar el presente.

El reencuadre entre puertas y paredes del hogar y la composición fría y precisa en los planos de Urushadze en exteriores no deja espacio a la solidaridad de los otros o la empatía. A través de la puesta en escena de sus secuencias fuera de casa, Manana se esconde arrinconada o reduce su tamaño encogida sistemáticamente como expresión física de la represión que sufre. Sus gestos y la expresión emocional parecen fuera de contexto y sincronización. Una risa histérica es el arma para combatir lo despiadado del trato de los demás Todo ello acompañado de una banda sonora inquietante y perturbadora, cuya estridencia acaba por configurar una cinta que asume elementos de terror psicológico, sublimados en esa habitación propia iluminada por luz roja en la que se refugia de los espacios de un mundo que la amordazan y no le permiten ser ella misma.

<em><strong>The Practice of Love</strong></em> (Valie Export, 1985)

The Practice of Love (Valie Export, 1985)

Dentro del Foco que el FICX dedica a la artista austriaca multidisciplinar Valie Export se han incluido proyecciones tanto de sus cortometrajes narrativos como performativos y sus dos largometrajes. Material que da de sobra pistas de la inmensa inquietud de la mirada de la que se puede considerar también cineasta –aunque no en términos especialmente ortodoxos– por su comprensión del medio como forma de integrar su experiencia en otros como la fotografía o la experimentación con las posibilidades del video. Su primera película, Invisible Adversaries (1977), ya planteaba en su metraje un conflicto permanente con el lenguaje cinematográfico y adolecía de cierta cohesión global por la inabarcable ambición en su dimensión social, política y artística que integra en su estructura a partir de una hipertrofia transmedia formal y discursiva. En The Practice of Love (1985), Valie Export consigue con éxito recorrer el camino inverso: hacer suyo el lenguaje y la narración del medio, utilizándolos para transmitir ideas depuradas de otras disciplinas, que introduce como recursos innovadores y sorprendentes según el caso.

Con una firme estructura de thriller, la protagonista de The Practice of Love es una periodista de investigación atrapada en un triángulo amoroso y una misteriosa trama que se va desvelando a partir de la muerte de un hombre en el metro. Piezas estas de un rompecabezas cuya resolución poco le importa a la directora más que como excusa para introducir un despiadado estudio sobre la situación y la dualidad social de la mujer en las relaciones con los hombres. Las distintas perspectivas sobre la fidelidad, la pareja y el ejercicio libre de la sexualidad dan pie a la crítica de las hipócritas convenciones construidas culturalmente para exigir una cosa y la opuesta a las mujeres según la situación. Criterios que discrepan totalmente con el género masculino, cuya (falta de) lealtad parece querer justificarse por imperativo biológico y sus acciones son las de quienes no admiten ninguna responsabilidad ni juicio por creerse con el derecho a imponer históricamente sus normas.

Seguir la estructura de película convencional lleva irónicamente a la directora a elaborar un relato de enorme libertad formal, temática y narrativa. Su aproximación militante y radical deja espacio a transiciones extremadamente bellas pasando de blanco y negro a color con un simple movimiento de cámara que parece retorcer el tiempo y, con el mismo, el sustrato con el que está formada la realidad. Valie Export introduce un doble flashback durante una conversación a partir de un simple paneo y subsiguientes reencuadres. Un recurso preciso que da cierta idea de las capacidades plásticas del espacio cinematográfico para la autora. Espacio y tiempo son también manipulados entre distintos grados de ficción y fantasía con la inclusión de secuencias en las que la protagonista se fuga de la realidad a un universo interior que moldea la percepción de su personaje y del espectador en su puesta en escena, expresando sus miedos, inseguridades y el desafío al statu quo. Algo que la propia película consigue contra lo establecido como arte audiovisual, entendiendo lo filmado y lo real como conceptos subjetivos y susceptibles de ser transformados sin restricciones o límites.