<em><strong>Mrs. Hyde</em></strong> (Serge Bozon, 2017)

Mrs. Hyde (Serge Bozon, 2017)

La señora Géquil es una veterana profesora con décadas de experiencia a sus espaldas. Una experiencia que le pesa sobre su apocada y reprimida personalidad tanto en su faceta profesional –infravalorada por sus colegas y su jefe, despreciada por sus alumnos– como en la relación con su marido como perfecta amante esposa. Presentada dentro de la sección Las nuevas olas de esta edición de 2017 del Festival de Sevilla, Serge Bozon usa el personaje interpretado por Isabelle Huppert en Mrs. Hyde (2017) como eje de un relato que supone una reinterpretación de la novela gótica de Robert Louis Stevenson para elaborar un pretendida reflexión crítica sobre el estado del sistema educativo en Francia y la aproximación a la enseñanza actual. Desde un humor oscuro y grotesco, basado en lo exagerado de personajes y situaciones forzadas, el elemento sobrenatural que introduce para transformar a su protagonista se reduce a un llamativo truco de feria que apenas encaja como recurso discursivo. Así quedan un puñado de escenas inconexas dedicadas al desarrollo dramático, contadas ocasiones para referenciar de pasada el contenido temático del film o explotar visualmente lo fantástico y recurrir constantemente a la comedia más despreocupada como el único interés de su director y, como consecuencia, del espectador. Esta falta de consistencia entre los distintos aspectos de la película se ve compensada por su falta de ambición narrativa y la búsqueda de lo situacional, los diálogos y los personajes como motores de sus pretensiones puramente caricaturescas.

<em><strong>Mrs. Hyde</em></strong> (Serge Bozon, 2017)

Mrs. Hyde (Serge Bozon, 2017)

La idea principal que conecta Mrs. Hyde con El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde es la descarga eléctrica que atraviesa a la profesora Géquil en su laboratorio personal. Algo que provoca que Isabelle Huppert cambie tan sutilmente su inercia interpretativa que apenas es perceptible en su postura ligeramente más erguida o su forma de expresarse e interactuar con los demás. Salvo cuando, de repente, su voz transmite firmeza y los rebeldes alumnos acatan sus instrucciones o el cretino del director del instituto donde ejerce su trabajo respeta sus iniciativas al observar que funcionan y le sirven para quedar bien ante el ministerio. Como comentario político, Bozon es consciente de las limitaciones de su obra. Tanto, que las explicita sin pudor para justificar el contexto y la ambientación alrededor de sus actores. Pero la cinta se encuentra constantemente a la deriva en conflicto entre sus diferentes frentes abiertos, a medio camino de la farsa y la comedia –donde se desenvuelve con habilidad dentro de su estilo–, entre la autenticidad del personaje principal y lo satírico del retrato del que encarna Romain Duris, entre las aspiraciones didácticas del realismo social y la representación visual de una secreta transformación nocturna que no acaba de elaborar, integrar o justificar coherentemente como expresión de las motivaciones psicológicas, catarsis de los traumas o catalizador de las decisiones de su madame Hyde.