Cada año, el Festival Punto de Vista combina en su programación el homenaje a grandes maestros alejados del canon con la relevante presencia de otros muchos directores incipientes que, ya sea de forma más directa o tangencial, tienden a nutrir sus obras con la herencia de artistas ignorados por las tendencias dominantes. En el variopinto concurso de su duodécima edición, junto a los nombres de Nathaniel Dorsky o Laila Pakalniņa, figuró el de Riccardo Palladino (Terni, Italia, 1982), autor de un documental de palpitante singularidad en forma y ambiciones. Su Il monte delle formiche, un primer largometraje con el que compitió en Locarno, propone una aproximación entomológica a un evento natural que aglutina cada septiembre a miles de hormigas en un pequeño pueblo de los montes Apeninos. Mientras observamos a la localidad entregarse a la tradición y a la colonia de insectos aparearse, la fuerte raíz literaria de la propuesta convierte el cálido retrato en un auténtico ensayo existencial, cuyo discurso fluye desde la dimensión social del ser humano y su integración en la naturaleza hasta la reflexión sobre el carácter ritual que comparten ambas especies. De todo ello pudimos conversar con el director en el marco del festival navarro.

 

V.O.S.- Il monte delle formiche es tu primer largometraje. Atendiendo a su duración (63 minutos), el salto es casi anecdótico, pero la ambición visual y argumental sí se aprecia mucho mayor que en tus otros trabajos.

Riccardo Palladino.- Encontré este tema por casualidad. Había rodado mi anterior documental (Brasimone, 2014) a quince kilómetros del monte de las hormigas, y un día durante la filmación alguien me comentó que venía de ver el acontecimiento. Me pareció muy curioso, le pregunté en qué consistía y entonces me habló de estas grandes nubes con miles de hormigas llegando al monte y apareándose puntualmente, cada 8 de septiembre, desde hace tres siglos. Estuve recreando en mi mente este evento hasta que al año siguiente fui por fin allí para verificar si era real o solamente una leyenda. Lo pintaban como algo enorme, casi de tintes bíblicos, con un gran conjunto de hormigas alzándose, y comprobé que en efecto era así.

Siempre me he sentido atraído por ese tipo de eventos tradicionales, todos tienen una base social, conjugada además con lo religioso. En el sur de Italia son muy frecuentes, pero yo vivo en el norte, y para nosotros no es tan habitual vivirlos de cerca. En principio quise hacer un cortometraje centrado en la ceremonia, pero enseguida me di cuenta de que a través de las hormigas podría contar una historia mucho más profunda, de hecho, en la película los insectos vendrían a representar un espejo del ser humano y así me permito relacionar esto con algunas de mis ideas existenciales, acompañadas de citas de escritores importantes para mí.

V.O.S.- Estas fuentes literarias son esenciales en la película. Se reproducen textos de Goethe, Braibanti, Emery o Maeterlinck, cada uno en su idioma original, como columna que vertebra las imágenes.

R.P.- En cuanto me vino la idea de la película a la mente, comencé a leer libros relacionados con las hormigas, sobre todo con su aspecto de organización social. Nunca antes me había interesado por este tema, así que tuve que leer mucho para aprender. Me llamaron la atención sobre todo los escritos de Maeterlinck y Braibanti. El primero fue más conocido como poeta, ganó el Nobel de Literatura, pero le encantaban los insectos en general, además de sobre las hormigas escribió de las termitas y las abejas. Por su parte, Braibanti fue filósofo y dramaturgo, pero también un destacado mirmecólogo (experto en hormigas). Tenía en su casa un hormiguero para estudiar los insectos. Conocer la obra de estos autores reforzó que mi enfoque no fuera científico, sino también filosófico, y a partir de ello trabajé esa relación entre humanos y hormigas que intento reflejar.

Cada uno de los escritores está recitado por la narradora de la película en su lengua original: francés en el caso de Maeterlinck, Braibanti y Emery en italiano y Goethe en alemán. Si los dejé así fue para que el espectador tuviera claro cuál de ellos se estaba expresando en cada momento. Por otro lado, también pretendía darles algo de vida propia a través del idioma original de sus textos.

V.O.S.- Además de conservar esta pluralidad lingüística, toda tu apuesta formal para retratar a los humanos frente a las hormigas está basada en la dualidad. Juntas imágenes en super 8 y 16mm, en blanco y negro y en color, la infancia y la vida adulta…

R.P.- Es así. Recuerdo las palabras de cierto filósofo que decía que cuando encuentras en el mundo una dualidad, cada una de sus partes guarda en sí otra dualidad, y esto se puede contemplar así hasta el infinito. Estoy muy en sintonía con esa creencia, y añadí todo lo que comentas en la estética porque quería mostrar así una mayor riqueza de puntos de vista, no solo incidiendo en las comparaciones entre hormigas y humanos, sino también por ejemplo entre adultos y niños.

V.O.S.- Por otro lado, lo contemplas todo con una visión de entomólogo, mostrando al mismo nivel la organización de ambas pequeñas comunidades. ¿Dirías que tu mirada como director iguala ambas formas de vida, la humana y la de los insectos?

R.P.- Mi película quiere confirmar esta idea que tuvieron los autores de los textos mostrados, todos ellos en siglos pasados. Está claro que nosotros como seres humanos tenemos una parte instintiva fuerte, y a su vez las hormigas son muy inteligentes, así lo demuestra la organización compleja que vemos en la película. Es más, Maeterlinck (en su obra La inteligencia de las flores) llegó incluso a proponer que el mundo inorgánico posee un intelecto.

V.O.S.- Al observar con ese nivel de detalle los ritmos de vida de una pequeña localidad, podemos verla como un mundo cerrado en sí mismo. ¿Dónde está ubicada esa comunidad y cuál era tu relación previa con ella?

R.P.- El pequeño lugar que muestro es Tazzola, que está en el municipio de Pianoro, cerca de Bolonia. Cuando fui al monte por primera vez no conocía nada ni a nadie. Dije que iba a hacer un documental y entonces el personaje principal de la película, la señora Franca, se mostró muy acogedora y me invitó a su casa. Ahí estuvo el origen de todo lo que después fue Il monte delle formiche.

Tras el rodaje, somos como una familia. En estos tres años desde que empezó todo, he tenido varios momentos para ir de vacaciones, sin cámaras. Por eso ahora, con la película estrenada, hemos decidido que haremos dos proyecciones allí durante el verano. Queremos enseñarla en el santuario del monte de las hormigas, y también en el muro frente a casa de Franca, para que pueda invitar a toda la gente de Tazzola a verla con ella.

V.O.S.- Además de ser director, llevas años escribiendo ensayos y enseñando cine en Italia. ¿Nos puedes hablar un poco de tus proyectos en mente?

R.P.- Sí, en este momento además de enseñar estoy filmando, pero todavía no sé si va a ser parte de un nuevo proyecto. Cuando desarrollo interés o simple curiosidad por algo, primero lo observo tratando de relacionarlo con mi vida interior de cada momento, porque necesito extraer ese vínculo entre las historias y yo mismo antes de preparar cada película y mostrarlo. Así que ahora mismo no sé hacia dónde voy, sólo sé que quiero seguir con la enseñanza de cine, porque me gusta ese trabajo.

 

(Entrevista realizada el 10 de marzo en Pamplona)
(Traducción: Lourdes Pérez Munilla y Sergio de Benito)