Le redoutable (Michel Hazanavicius, 2017)

Para Pedro Vallín.

Es imposible contar la historia de Le redoutable sin remontarse a lo que pasó en este festival tres años atrás. En aquella edición de 2014, un emocionado Michel Hazanavicius presentaba en la Sección Oficial a concurso una película llamada The Search, un trabajo precedido de una gran expectación dado el enorme éxito del anterior film del director, The Artist.

Pese a dicha expectación, o quizás gracias a ella, The Search recibió una auténtica paliza en los medios de comunicación acreditados en el festival, un tratamiento habitual en los mentideros del Gran Teatro Lumière: abucheo, burlas, segregación y, finalmente, reducción de las posibilidades de su estreno en una sala comercial. Del cielo al infierno, si ustedes me siguen. Más allá de si la reacción de la prensa canallesca era o no afortunada, podemos entender el drama personal de un artista cuya obra se ve sometida a tal linchamiento. Evidentemente una palabra se nos viene a la cabeza: autoreivindicación.

Reivindicarse a uno mismo es una carretera de varios carriles, puedes elegir cuál seguir. Hazanavicius en este caso sigue el más directo, el más sencillo, el de defenderse intentando ridiculizar a los demás. Y si una de las acusaciones contra su cine ha sido la de simplismo, ¿qué mejor que situar en el objetivo al autor que mejor representa lo opuesto?

Sin duda se puede ser crítico con Jean-Luc Godard, pero burlarse de su cine utilizando la falta de conexión con el público, su estupidez por intentar dotarlo de un cariz revolucionario, su sometimiento a unos intereses artificiosos etc. es, además de falso, simplista. Supongo que sin querer, Hazanavicius confirma todas las acusaciones recibidas previamente. No se trata de idolatría godardiana por nuestra parte, sino de exigir un poco de clase a la hora de hacer parodia, sobre todo a la hora de hacer parodia.

Decir que, finalmente, no se trata sólo de abochornar al autor de Vivre sa vie, sino a todo un momento de la historia, a toda una forma de entender la cultura: de mayo del 68 al comunismo, del Grupo Dziga Vertov al propio Festival de Cannes (el de 1968), de las asambleas estudiantiles a los intentos de transformar el lenguaje cinematográfico. Todo le parece altamente risible y ridiculizable a Mr. Hazanavicius desde la atalaya moral erigida por 50 años de historia. Todo un valiente nuestro admirado Michel.

The Meyerowitz Stories (Noah Baumbach, 2017)

The Meyerowitz Stories es un caso paradigmático de cierto cine de género, ése que podríamos denominar como “comedia neoyorquina” y que nos lleva de Woody Allen a Larry David, pasando por el propio Baumbach en sus anteriores trabajos: Greenberg, Frances Ha, etc. Un subgénero que no se define solamente por tener como paisaje de fondo las calles de Manhattan o Brooklyn, sino por las propias características (físicas y morales) de sus protagonistas, el tono de sus chistes o una cierta mirada agridulce sobre las relaciones familiares.

The Meyerowitz Stories cumple escrupulosamente con el cánon referido. Un grupo familiar escindido y disfuncional que, pese a todo se quiere, referencias al voto demócrata en los chistes (¿habrá algún neoyorquino que vote Republicano?), un retrato social de la burguesía culta de la Gran Manzana, en fin, todo lo que ustedes se pueden esperar, nada sorprendente. Es curioso que, pese a esta incapacidad para la sorpresa, algo que todos podríamos considerar como un handicap, Baumbach consigue conectar con nosotros en su propuesta, será que al final la costumbre es un traje cómodo o que amamos Nueva York sobre todas las cosas, elijan ustedes la respuesta.